PALABRAS
de
VIDA
Benedictinas Montserrat
“A Dios nadie lo ha visto nunca:
el Hijo único que está junto al Padre
nos lo ha dado a conocer” (Jn 1,18)
Y nos ha dicho que podemos llamarle: ABBA
Lucas 11,1-13
17 Tiempo ordinario
Un día estaba Jesús orando en cierto lugar. Cuando acabó,
uno de sus discípulos le dijo:
-Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos.
Jesús les dijo:
-Cuando oréis, decid:
El camino de Jesús fue un camino de oración.
También debe serlo el nuestro.
Lucas muestra a Jesús orando solo, en grupo,
en momentos de alegría y de crisis.
Jesús ofrece un estilo de oración-vida que implica
la confianza absoluta en Dios y el compromiso personal y comunitario.
Padre,
Jesús nos hace entrega de su Dios, de su propia relación con Abbá.
Nuestra oración es una relación de hijos e hijas con su Padre.
La invocación de Dios como Padre es el verdadero “atrevimiento”,
todo lo demás que digamos no será más que una consecuencia de ello.
santificado sea tu nombre;
“La santidad es el aroma de la cercanía de Dios” (Guardini).
Decir “santificado sea tu nombre” es prestar nuestra voz para que
resuene en el mundo la gloria de Dios, prestar nuestra vida para
que en ella se transparente el brillo de su presencia.
Mirando a Jesús aprenderemos a santificar el nombre del Padre,
porque nadie sabe hacerlo como lo hizo Él.
venga tu Reino;
“El Reino de Dios es un mundo nuevo en el que el sufrimiento ha sido abolido,un
mundo totalmente redimido de hombres y mujeres salvados que conviven bajo
el imperio de la paz y en ausencia de toda relación amo-esclavo”. (E.Schillebeeckx).
Pedir que venga el Reino es vivir para hacerlo realidad.
danos cada día el pan que necesitamos;
Jesús sabe de hambre, de sed, de cansancios y de cuánto necesitamos el pan.
Jesús parece querer corregir nuestra tendencia a escaparnos con nostalgia
hacia el pasado o ansiosamente hacia el futuro. Tira de [email protected] hacia el
presente, en el aquí y ahora, en las personas y acontecimientos de cada día,
está la vida y el don del Padre.
Que el corazón de [email protected] los que tenemos pan se vuelva fraterno y creativo
para que el pan compartido llegue a ser una realidad en el mundo.
perdónanos nuestros pecados,
porque también nosotros perdonamos
a todo el que nos ofende;
El perdón es otra forma de experimentar el amor.
El Espíritu de Jesús hace posible que acojamos el perdón
incondicional y gratuito de Dios y nos convierte
en [email protected] de [email protected] [email protected]
y no nos dejes caer en la tentación.
En la última petición Jesús nos remite al terreno de nuestra
fragilidad, nuestra limitación y debilidad tan necesitadas de la fuerza
de Alguien mayor que nos ayuda a no desfallecer en el camino de
entrega y confianza en el Padre.
Y añadió:
Imaginaos que uno de vosotros tiene un amigo y acude a él a media
noche, diciendo: «Amigo, préstame tres panes, porque ha venido a mi
casa un amigo que pasaba de camino y no tengo nada que ofrecerle».
Imaginaos también que el otro responde desde dentro: «No molestes;
la puerta está cerrada, y mis hijos y yo estamos ya acostados; no
puedo levantarme a dártelos». Os digo que si no se levanta a dárselos
por ser su amigo, al menos para que no siga molestando se levantará y
le dará cuanto necesite.
La constancia en la llamada, la confianza total en el Amigo,
la seguridad inquebrantable en que la petición será acogida,
consiguen lo que se necesita.
Pues yo os digo: Pedid, y recibiréis; buscad
y encontraréis; llamad, y os abrirán.
Porque todo el que pide recibe; el que busca
encuentra, y al que llama le abren. ¿Qué
padre, entre vosotros, si su hijo le pide un
pez, le va a dar en vez del pescado una
serpiente? ¿O si le pide un huevo, le va a
dar un escorpión? Pues si vosotros, aun
siendo imperfectos, sabéis dar a vuestros
hijos cosas buenas, ¿cuánto más el Padre
celestial dará el Espíritu Santo a los que se
lo pidan?
Jesús nos anima a pedir, a buscar, a llamar incansablemente [email protected]
por una confianza sin límites.
Lo que no haría un padre, una madre, un amigo, una amiga..., mucho
menos lo hará el Padre que está dispuesto a darnos el mayor bien:
el anticipo del Reino, el Espíritu de Jesús, el único que nos puede poner
en sintonía con la voluntad de Dios y ayudarnos a ser sus testigos.
Oración del Padre-Madre
Hijo mío, hija mía que estás
en el mundo.
Eres mi gloria y en ti está mi Reino.
Eres mi voluntad y mi querer.
Tu nombre es mi gozo cada día.
Te amo.
Te alzo y sostengo.
Te doy todo lo que es mío
-el pan, los hermanos y hermanas,
el EspírituQuiero que vivas feliz
y que ayudes a vivir.
Te perdono siempre
y te pido que perdones.
No temas.
Yo te libraré del mal
y de todas sus redes.
Día y noche pienso en ti,
hijo mío, hija mía. Amén
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23 Tiempo Ordinario -C-