Leprosos…
amados:
Por favor, no toques el ratón.
Estaba en el lugar que me asignaba la ley.
No era siquiera un pecador: era simplemente un leproso, un
excluido, un señalado, una amenaza, un peligro… un divorciado,
un emigrante.
Y allí me hubiese quedado,
hasta que viniese la muerte amiga
Y allí me hubiese quedado,
hasta que viniese la muerte amiga
Harapiento, despeinado,
con la barba rapada y gritando:
Y allí me hubiese quedado,
hasta que viniese la muerte amiga
“¡Impuro,
Impuro!”
Harapiento, despeinado,
con la barba rapada y gritando:
Para que los puros
no se contaminen
Pero Jesús
vino a mi encuentro
Y me abrazó su compasión
Pero Jesús
vino a mi encuentro
Aquel hombre decía palabras que
traspasaban de esperanza el corazón
Aquella mano extendida…
Me devolvió a la comunidad
y a la casa del Señor
Manos que poco después…
Se extenderían sobre un madero.
Dichosos los leprosos, a los
que se les ha contagiado la
pureza de DIOS
Texto: Mons. Santiago Agrelo
http://www.granosdemaiz.com
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