Fue San Juan Bosco quien más propagó su devoción
entre los salesianos, y a través de éstos, en todo el mundo.
San Juan Bosco
decía a sus alumnos:
“Propagad la devoción
a María Auxiliadora
y veréis lo que son milagros”
y recomendaba repetir muchas veces
esta pequeña oración:
“María Auxiliadora,
rogad por nosotros”.
El decía que los que dicen muchas
veces esta jaculatoria consiguen
grandes favores del cielo.
Su nombre es representado
como puerta del cielo, y todos
los que quieran entrar en él deben
encomendarse a María.
Recurramos nosotros a Ella,
especialmente para que nos ayude en
el momento de la muerte.
San Juan Bosco
decía a sus alumnos:
“Propagad la devoción
a María Auxiliadora
y veréis lo que son milagros”
y recomendaba repetir muchas
veces esta pequeña oración:
“María Auxiliadora,
rogad por nosotros”.
El decía que los que dicen muchas
veces esta jaculatoria consiguen
grandes favores del cielo.
Madre mía de mi vida, auxilio de los cristianos,
la pena que me atormenta, pongo en tus benditas manos.
Tú que sabes mis secretos, pues todos te los confío,
da la paz a los turbados y alivio al corazón mío.
Y aunque tu amor no merezco, nadie recurre a Ti en vano,
pues eres Madre de Dios y Auxilio de los cristianos.
Oh María Auxiliadora,
hoy quiero consagrarme
enteramente a Ti, ofreciéndote
cuanto tengo y cuanto soy,
hazme crecer bueno, puro
y fuerte; aumenta mi fe,
esperanza y caridad, y sé para
mí en todo momento Madre
buena y camino seguro
hacia el cielo. Amén.
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