El libro del tesoro
Hace muchos años, en un reino pequeño,
vivía una señora viuda con su hijo.
Cuando creyó que estaba cerca el final
de su vida, lo llamó y le dijo:
V.M. KELIUM ZEUS INDUSEUS
V.M. SAMAEL JOHAV BATHOR WEOR
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- “Hemos vivido en
dificultades porque
somos pobres, pero te
entrego esta riqueza:
este libro me lo
ofrendó un mago
poderoso y en sus
páginas están todas
las indicaciones
necesarias para
encontrar un gran
tesoro; yo no tuve
fuerzas ni tiempo para
leerlo, pero ahora te
lo doy. siga las
instrucciones y
llegarás a ser rico”.
El hijo, tiempo después de la
tristeza inmensa por la pérdida
de su madre, empezó a leer aquel
libro grueso, antiguo y precioso,
que comenzaba así:
“Para llegar al tesoro, debes
leer página por página. Si saltas
y lees el final, el libro
desaparecerá por arte de magia
y no podrás hallar el tesoro”.
Luego, describía las riquezas, pero en la
segunda página, el texto continuaba en lengua
árabe. El joven, que ya se imaginaba rico, pero
que no quiso correr el riesgo de que otro se
enterara, se puso a estudiar árabe, hasta que
pudo leer sin problemas. Más adelante,
advirtió con sorpresa, que el libro continuaba
en inglés y, después, en chino. Con paciencia,
estudió cada idioma.
Mientras tanto, aprovechó el conocimiento de
varias lenguas y empezó a ser conocido como
el mejor intérprete de su ciudad, con lo que su
situación económica ya no era tan difícil.
El libro seguía con instrucciones para
administrar el tesoro. El joven, con mucha
voluntad, estudió economía y comercio y se
capacitó también sobre bienes muebles e
inmuebles, para que no lo engañaran cuando
tuviera el tesoro. Por sus nuevos
conocimientos, su fama se extendió hasta la
Corte, donde lo nombraron Administrador
General.
Finalmente, el libro indicaba cómo usar instrumentos
para llegar al lugar del tesoro, la forma de
construir un puente, cómo aplanar una calle,
apartar la tierra y abrir las puertas de piedra.
Siempre con la idea de que nadie lo ayudara, para no
confiar su secreto, el joven, quien había llegado a
ser muy culto y respetado, estudió ingeniería y
urbanismo.
Al ver el rey su valor y preparación, lo
nombró Ministro y Arquitecto de la Corte y,
finalmente, Primer Ministro. No existía en el
reino alguien tan culto e inteligente como
quien había llegado al final de la lectura.
El día que se casaba con la hija del Rey,
llegó a la última frase y pudo leer:
“la riqueza más
grande, es la
sabiduria”.
Yo amo a los ke me aman, y me hallan
los ke madrugando me buskan
Las rikesas y la honra estan
conmigo.
La voz de la sabiduría proverbios 8-17
V.M. SAMAEL JOHAV BATHOR WEOR
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