Jesús les replicó:
- Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del
cielo, sino que es mi Padre quien os da el verdadero
pan del cielo.
Entonces le dijeron: -
Señor, danos siempre de ese pan.
Jesús les contestó: - Yo soy el pan de vida. El que viene
a mí no pasará hambre y el que cree en mí
no pasará nunca sed.
(Jn 6,30-35)
El hambre ha dejado de ser un problema particular
para convertirse en un drama de dimensiones
continentales y hasta globales.
Jesús en el evangelio interpela a las gentes porque le
siguen no por haber visto los signos que él realiza
sino porque se han saciado de pan.
Luego les dice que no fue Moisés quien sació
su hambre sino el Padre celestial que les da
el verdadero pan del cielo.
El evangelio concluye
con una afirmación
de Jesús:
“Yo soy el pan de vida.
El que viene a mí
no pasará hambre,
y el que cree en mí
no pasará sed”.
Él nos da el pan de su palabra y el pan
de la eucaristía. Él es el maná que nos alimenta
en el camino de la fe.
El hambre de alimentos
es un drama para una
gran parte de la humanidad.
Pero el hambre de amor no es menos trágica en una
sociedad que promueve el individualismo .
Jesús sacia nuestra hambre de cercanía y de ternura.
Señor Jesús,
enséñanos a compartir
nuestros bienes con los
demás,
a invertir nuestros recursos
en la creación
de estructuras
que favorezcan el desarrollo
con criterios solidarios.
Amén.
Texto:
José Román Flecha Andrés
PALABRA DEL SEÑOR –Salamanca
Presentación: Antonia Castro Panero
Descargar

Diapositiva 1 - :: Hermanos Capuchinos