La muerte de Artemio Cruz
José Guadalupe Posada. Jarabe en ultratumba
Carlos Fuentes
La NARRACIÓN, o la importancia de la
manera de contar la historia.
Los niveles narrativos
•COMPAREMOS los comienzos de los tres fragmentos de
La muerte de Artemio Cruz: pp. 115, 118, 124.
•p. 115: “YO despierto… Me despierta el contacto de
ese objeto frío…”
•p. 118: “TÚ, ayer, hiciste lo mismo de todos los días.
No sabes si vale la pena recordarlo. Sólo quisieras
recordar, recostado allí, en la penumbra de tu recámara,
lo que va a suceder: no quieres prever lo que ya sucedió.
En tu penumbra, los ojos ven hacia delante, no saben
adivinar el pasado. Sí: ayer volarás desde Hermosillo...”
•p. 124: “(1941: Julio 6)
ÉL pasó en el automóvil rumbo a la oficina. Lo conducía
el chofer y él iba leyendo el periódico…”
Niveles narrativos “YO”, “TÚ”, “ÉL”
“La vida de Artemio Cruz –pasado, tercera persona– se
completa en la agonía de una muerte acaecida en el presente
de la primera persona. Pero aún esta extensión es insuficiente.
Una segunda persona sitúa al personaje en un porvenir que le
otorga, a pesar de todo, una esperanza, una prolongación, una
resurrección”.
(“Liminar”, edición de La muerte... de 1994, Madrid: Anaya-Muchnik)
“… la otra cara de su espejo, la otra mitad de Artemio Cruz:
es el Tú que habla en futuro. Es el subconsciente que se aferra
a un porvenir que el Yo –el viejo moribundo– no alcanzará a
conocer. El viejo Yo en el presente, en tanto el Él rescata el
pasado de Artemio Cruz”.
(Declaraciones de Fuentes, 1962, citadas en J. E. Pacheco, “Dos opiniones sobre La muerte…”, Revista de la Universidad de México XVI: 19)
La NARRACIÓN, o la importancia de la
manera de contar la historia.
¿Cómo funciona el nivel narrativo “YO”?
• Eso es lo que trabajamos
justamente en la actividad 2…
Actividad 2
Veamos las diferencias formales de las dos versiones de La muerte
de Artemio Cruz y los efectos de sentido que provocan en el lector:
•115, 1-4 / 409, 1-4
•115, 3-8 / 409, 4-7
•115, 8-12 / 409-10, 7-2
•115, 12-17 / 410, 2-6
•115, 17-21 / 410, 6-10
•115, 21/25 / 410, 10-12
•115-6, 25-2 / 410, 12-17
•116, 3-5 / 410, 18-20
•116, 6-12 / 410, 21-28
•116, 13-17 / 410, 29-35
•116, 17-23 / 410, 35-38
•116, 23-27 / 410-11, 38-4
•116, 27-34 / 411, 4-10
LA MUERTE...,
VERSIÓN DEFINITIVA
LA MUERTE...,
VERSIÓN PRIMERIZA
115 (líneas 1-4)
“YO despierto… Me
despierta el contacto de
ese objeto frío con el
miembro. No sabía que a
veces se puede orinar
involuntariamente.
Permanezco con los ojos
cerrados. Las voces más
cercanas no se
escuchan”.
409 (líneas 1-4)
“Lo despertó el contacto
del objeto frío debajo
del miembro. No sabía
que a veces se podía
orinar involuntariamente.
Permaneció con los ojos
cerrados. Las voces más
cercanas no se
escuchaban”.
LA MUERTE...,
VERSIÓN DEFINITIVA
LA MUERTE...,
VERSIÓN PRIMERIZA
115 (líneas 3-8)
“Las voces más cercanas
no se escuchan. Si abro
los ojos, ¿podré
escucharlas?... Pero los
párpados me pesan: dos
plomos, cobres en la
lengua, martillos en el
oído, una... una como
plata oxidada en la
respiración. Metálico
todo esto. Mineral otra
vez”.
409 (líneas 4-7)
“Las voces más cercanas
no se escuchaban. Si
abriese los ojos, ¿las
oiría? Pero los párpados
le pesaban, eran dos
plomos, y sentía cobres
en la lengua, martillos
en el oído, plata oxidada
en la respiración. ¿Sería
metálica la muerte,
mineral la última
rigidez?”
LA MUERTE...,
VERSIÓN DEFINITIVA
LA MUERTE...,
VERSIÓN PRIMERIZA
115 (líneas 8-12)
“Orino sin saberlo.
Quizás –he estado
inconsciente, recuerdo
con un sobresalto–
durante esas horas comí
sin saberlo. Porque
apenas clareaba cuando
alargué la mano y arrojé
–también sin quererlo–
el teléfono al piso y
quedé boca abajo sobre
el lecho, con mis brazos
colgando:”
409-410 (líneas 7-2)
“Orinaba sin desearlo.
Quizá, durante las horas
de la inconsciencia,
había comido sin saberlo.
Porque apenas clareaba
cuando alargó la mano y
arrojó –también sin
quererlo– el teléfono al
piso y quedó boca abajo
sobre el lecho, con los
brazos colgando:”
LA MUERTE...,
VERSIÓN DEFINITIVA
115 (líneas 12-17)
LA MUERTE...,
VERSIÓN PRIMERIZA
410 (líneas 2-6)
“con mis brazos
colgando: un hormigueo
por las venas de la
muñeca. Ahora despierto,
pero no quiero abrir los
ojos. Aunque no quiera:
algo brilla con
insistencia cerca de mi
rostro. Algo que se
reproduce detrás de mis
párpados cerrados en
una fuga de luces negras
y círculos azules”.
“con los brazos
colgando: las hormigas
le corrieron por las
venas de la muñeca.
Ahora despertaba y se
negaba a abrir los ojos.
Pero algo brillaba con
insistencia cerca de su
rostro. Algo que se
reproducía detrás de los
párpados cerrados en
una fuga de luces negras
y círculos azules”.
LA MUERTE...,
VERSIÓN DEFINITIVA
LA MUERTE...,
VERSIÓN PRIMERIZA
115 (líneas 17-21)
“Contraigo los músculos
de la cara, abro el ojo
derecho y lo veo
reflejado en las
incrustaciones de vidrio
de una bolsa de mujer.
Soy esto. Soy esto. Soy
este viejo con las
facciones partidas por
los cuadros desiguales
del vidrio”.
410 (líneas 6-10)
“Contrajo los músculos
faciales. Abrió el ojo
derecho y se vio
reflejado en las
incrustaciones de vidrio
de una bolsa de mujer.
Era este viejo con las
facciones partidas por
los cuadros desiguales
del vidrio”.
LA MUERTE...,
VERSIÓN DEFINITIVA
LA MUERTE...,
VERSIÓN PRIMERIZA
115 (líneas 21-25)
“Soy este ojo. Este ojo.
Soy este ojo surcado por
las raíces de una cólera
acumulada, vieja,
olvidada, siempre actual.
Soy este ojo abultado y
verde entre los párpados.
Párpados. Párpados.
Párpados aceitosos. Soy
esta nariz. Esta nariz.
Esta nariz. Quebrada. De
anchas ventanas”.
410 (líneas 10-12)
“Era este ojo surcado
por las raíces de la
cólera, abultado y negro
entre los párpados
aceitosos. Soy esta nariz.
Esta nariz. Esta nariz,
quebrada, de anchas
aletas”.
F
F
F
LA MUERTE..., VERSIÓN
DEFINITIVA
115-116 (líneas 25-2)
“Soy estos pómulos.
Pómulos. Donde nace la
barba cana. Nace. Mueca.
Mueca. Mueca. Soy esta
mueca que nada tiene que
ver con la vejez o el dolor.
Mueca. Con los colmillos
ennegrecidos por el tabaco.
Tabaco. Tabaco. El
vahovaho de mi respiración
opaca los cristales y una
mano retira la bolsa de la
mesa de noche”.
LA MUERTE..., VERSIÓN
PRIMERIZA
410 (líneas 12-17)
“Eran estos pómulos
amarillos donde nacía la
barba entrecana. Nace.
Mueca. Mueca. Era esta
mueca, ajena a la vejez y
ajena al dolor. La mueca
permanente de su máscara
de vida, que mostraba los
largos colmillos
ennegrecidos por el tabaco.
El vaho de ls respiración
opacó los cristales y una
mano retiró la bolsa de la
mesa de noche”.
LA MUERTE...,
VERSIÓN DEFINITIVA
LA MUERTE...,
VERSIÓN PRIMERIZA
116 (líneas 3-5)
410 (líneas 18-20)
“–Mire, doctor: se está
haciendo...
–Señor Cruz...
–¡Hasta en la hora de la
muerte debía
engañarnos!”
“–Mire, doctor: se está
haciendo.
–Señor Cruz...
–¡Hasta en la hora de la
muerte debía
engañarnos!”
LA MUERTE..., VERSIÓN
DEFINITIVA
LA MUERTE..., VERSIÓN
PRIMERIZA
116 (líneas 6-12)
410 (líneas 21-28)
“No quiero hablar. Tengo la
boca llena de centavos viejos,
de ese sabor. Pero abro los ojos
un poco y entre las pestañas
distingo a las dos mujeres, al
médico que huele a cosas
asépticas: de sus manos
sudorosas, que ahora palpan
debajo de la camisa mi pecho,
asciende un pasmo de alcohol
ventilado. Trato de retirar esa
mano.
–Vamos, señor Cruz, vamos...”.
“El enfermo no quería hablar.
Tenía la boca llena de centavos
viejos. Pero abrió los ojos un
poco, y entre las pestañas
distinguió a Catalina, su esposa, a
Teresa, su hija, al médico que
olía a cosas asépticas, y de cuyas
manos sudorosas –que ahora
palpaban debajo de la camisa el
pecho de Cruz– ascendía un
pasmo de alcohol ventilado. El
enfermo trató de retirar la mano
del doctor.
–Vamos, señor Cruz, vamos...”.
LA MUERTE...,
VERSIÓN DEFINITIVA
116 (líneas 13-17)
“No, no voy a abrir los
labios: o esa línea
arrugada, sin labios, en el
reflejo del vidrio.
Mantendré los brazos
alargados sobre las
sábanas. Las cobijas me
llegan hasta el vientre. El
estómago... ah... Y las
piernas permanecen
abiertas, con ese artefacto
frío entre los muslos”.
LA MUERTE..., VERSIÓN
PRIMERIZA
410 (líneas 29-35)
“No; se negaba a abrir los
labios: más bien, esa línea
arrugada en que afloraba el
arroyo seco de la boca.
Comenzó a localizar su
cuerpo. Tendría los brazos
alargados sobre las sábanas.
Las cobijas le llegarían hasta
el vientre. Después, el
estómago huiría del costillar
para pegase a la espina. Y las
piernas permanecían abiertas,
con el artefacto frío entre los
muslos”.
LA MUERTE..., VERSIÓN
DEFINITIVA
116 (líneas 17-23)
“Y el pecho sigue dormido,
con el mismo hormigueo
sordo que siento... que... que
sentía cuando pasaba mucho
tiempo sentado en un cine.
Mala circulación, eso es.
Nada más. Nada más. Nada
grave. Nada más grave. Hay
que pensar en el cuerpo.
Agota pensar en el cuerpo.
El propio cuerpo. El cuerpo
unido. Cansa. Está. Pienso,
testigo. Soy, cuerpo”.
LA MUERTE..., VERSIÓN
PRIMERIZA
410 (líneas 35-38)
“Pero el pecho estaría
dormido, con el mismo
hormigueo sordo que sentía
cuando pasaba mucho
tiempo sentado en un cine.
Se agotaba pensando en el
cuerpo unido. El cuerpo
irrepetible y único”.
LA MUERTE...,
VERSIÓN DEFINITIVA
LA MUERTE..., VERSIÓN
PRIMERIZA
116 (líneas 23-27)
“Soy, cuerpo. Queda. Se
va... se va... se disuelve
en esta fuga de nervios y
escamas, de celdas y
glóbulos dispersos. Mi
cuerpo, en el que este
médico mete sus dedos.
Miedo. Siento el miedo
de pensar en mi propio
cuerpo”.
410-411 (líneas 38-4)
“Su cuerpo que volvía a
disolver en un
conglomerado fugitivo de
nervios y escamas, de
celdas y glóbulos dispersos.
Su cuerpo era un légamo
en el que metía los dedos
asépticos el doctor. Un
miedo enorme se apoderó
de Artemio Cruz: no poder
pensar en su propio
cuerpo”.
LA MUERTE..., VERSIÓN
DEFINITIVA
116 (líneas 27-34)
“¿Y el rostro? Teresa ha
retirado la bolsa que lo
reflejaba. Trato de recordarlo
en el reflejo; era un rostro
roto en vidrios sin simetría,
con el ojo muy cerca de la
oreja y muy lejos de su par,
con la mueca distribuida en
tres espejos circulantes. Me
corre el sudor por la frente.
Cierro otra vez los ojos y pido,
pido que mi rostro y mi
cuerpo me sean devueltos.
Pido, pero siento esa mano
que me acaricia y quisiera
desprenderme de su tacto,
pero carezco de fuerzas”.
LA MUERTE..., VERSIÓN
PRIMERIZA
411 (líneas 4-10)
“¿Y el rostro? Teresa había
retirado la bolsa que lo reflejaba.
Trataba de recordarlo en el reflejo:
era un rostro roto en vidrios
asimétricos, con el ojo muy cerca
de la oreja y muy lejos de su par,
con la mueca distribuida en tres
espejos circulares. El sudor le
corrió por la frente aplastada;
volvió a cerrar los ojos y pidió con
una fe colérica que su rostro y su
cuerpo le fuesen
devueltos.fuerzas”.
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La muerte de Artemio Cruz