«Yo soy la esclava del Señor.
Que Él haga conmigo como dices» (Lc 1, 38)[
También a nosotros, como a María,
Dios quiere desvelarnos lo que ha
pensado sobre cada uno de nosotros,
quiere darnos a conocer nuestra
verdadera identidad. Parece
decirnos: «¿Quieres que haga de ti y
de tu vida una obra de arte?
Sigue el camino que te indico
y serás quien siempre has sido en mi corazón,
pues he pensado en ti y te he amado desde toda la
eternidad, he pronunciado tu nombre. Al decirte mi
voluntad, revelo tu verdadero yo
Por consiguiente, su voluntad no es una imposición que
nos coarta, sino el modo de desvelar su amor por
nosotros, su proyecto sobre nosotros; y es sublime como
Dios mismo, fascinante y cautivador como su rostro:
es Él mismo quien se da. La voluntad de Dios es un hilo de
oro, una trama divina que teje toda nuestra vida terrena y la
del más allá; va de la eternidad a la eternidad: primero en la
mente de Dios, luego en esta tierra y por último en el Paraíso.
Pero para que el designio de Dios se cumpla plenamente, Dios pide mi
consentimiento y el tuyo, como se lo pidió a María. Sólo así se realiza la
Palabra que pronunció sobre mí y sobre ti. De modo que también
nosotros, como María, estamos llamados a decir:
«Yo soy la esclava del Señor.
Que Él haga conmigo como dices» (Lc 1, 38)[
Sin duda, su voluntad no siempre nos resulta clara. Como
María, nosotros también tendremos que pedir la luz para
comprender lo que Dios quiere. Es necesario escuchar bien su
voz dentro de nosotros, con absoluta sinceridad, y si es
necesario, pedirle consejo a quien nos pueda ayudar.
Pero una vez que hayamos comprendido su voluntad,
digámosle sí de inmediato. Pues si hemos comprendido que
su voluntad es lo más grande y hermoso que pueda existir
en nuestra vida, no nos resignaremos a «tener que» hacer la
voluntad de Dios, sino que nos alegraremos de «poder» hacer
la voluntad de Dios, de poder llevar a cabo su proyecto, de
modo que acontezca lo que Él ha pensado para nosotros. Es
lo mejor que podemos hacer, lo más inteligente.
Las palabras de María
«Yo soy la esclava del Señor»
son, pues, nuestra respuesta de amor al amor de Dios. Esas
palabras nos mantienen siempre orientados hacia Él, a la
escucha, en actitud de obediencia, con el único deseo de
hacer su voluntad para ser como Él quiere que seamos.
Sin embargo, a veces lo que Él nos pide puede parecernos absurdo.
Nos parecería mejor hacer las cosas de otro modo; quisiéramos llevar
nosotros las riendas de nuestra vida. Incluso nos pueden dar ganas
de aconsejar a Dios, de decirle qué hacer y qué no. Pero si creo que
Dios es amor y me fío de Él, sé que todo lo que predispone para mi
vida y la de los que me rodean es por mi bien, por su bien.
Entonces me entrego a Él, me abandono con plena confianza
a su voluntad y la quiero con todo mi ser, hasta identificarme
con ella, pues sé que acoger su voluntad es acogerlo a Él,
abrazarlo a Él, nutrirse de Él.
Debemos creer que nada sucede por
casualidad.
Ningún
acontecimiento
alegre, indiferente o doloroso, ningún
encuentro, ninguna situación familiar,
laboral o escolar, ningún estado de salud
física o moral carece de sentido, sino que
todo –hechos, situaciones y personas– nos
trae un mensaje de parte de Dios, todo
contribuye a que se cumpla el designio de
Dios, el cual iremos descubriendo poco a
poco, día a día, si hacemos, como María, la
voluntad de Dios.
«Yo soy la esclava del Señor.
Que Él haga conmigo como dices» (Lc 1, 38)[
Nuestro sí a la
Palabra de Dios
significa
concretamente hacer
bien, por completo, en
cada momento, esa
acción que la voluntad
de Dios nos pide.
Estar
plenamente
concentrados en esa
labor, eliminando todo
lo demás, descartando
pensamientos, deseos,
recuerdos y acciones que
se refieran a otra cosa.
Ante cualquier voluntad de Dios –
dolorosa, alegre o indiferente–
podemos repetir: «haz conmigo
como dices», o bien, como nos
enseñó Jesús en el Padrenuestro:
«hágase tu voluntad».
Y completaremos momento a
momento, el maravilloso, único e
irrepetible mosaico de nuestra vida,
que el Señor ha concebido desde
siempre para cada uno de nosotros.
Basada en la Palabra de Vida
Chiara Lubich
De la Revista Ciudad Nueva
Ave María de Schubert
César A. Roche
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