Allá a lo lejos,
en el reflejo de un espejo,
se veía un hombre
con guantes de tela
y un traje negro.
Era un hombre de ojos azules
llamado Juan.
Siguiendo al oeste,
comenzó a caminar.
Abrió una puerta y entró.
Aquello estaba de lo más sucio:
había telarañas por todos lados,
estaba húmedo y lleno de polvo.
Llevaba sin pisar aquellos suelos desde abril.
Llevaba un lazo rojo,
en el cual,
todos sus sueños eran guardados.
Cuando lo abría,
se ponía nostálgico
y empezaba a temblar,
como si tuviera miedo de algo.
Entre la suciedad pudo distinguir un baúl,
pasó la mano por encima,
quitándole el polvo.
Inmediatamente lo quiso abrir,
y con la ayuda de una herramienta
logró abrirlo.
Algo terrible lo hastió y se desmayó.
Algo raro debía haber,
tal vez un rostro,
tal vez disecado.
No, nada de eso.
Era una chica,
su amiga de la infancia,
la que lo enamoraba con su fragancia.
VER AQUELLA FOTOS
ESCUCHANDO MI CANCIÓN,
REÍAMOS, LLORÁBAMOS
ASÍ, DIVIRTIÉNDONOS UN MONTÓN
NO TE VAYAS AGOSTO
OH! ¡QUEDATE PORFAVOR!
Rápido como el leopardo,
reluciente como el sol,
si te pilla, te mata
arrancándote el corazón.
Aquel día decidí coger un atajo.
Estaba oscuro, nada claro.
Y fue allí, en el asfalto
donde vi algo extraño,
era un gato.
Pero no era igual, era raro:
tenía patas de pato.
No me acerqué, pa’ no asustarlo.
Lo llamé y no me hizo caso,
se escapó, no pude agarrarlo.
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