EL TEATRO EN LA EDAD
MEDIA
La Edad Media vio morir y renacer muchas
cosas, entre ellas el Teatro. La Iglesia
Bizantina aniquiló cualquier representación
por considerarla una ofensa a Dios y su corte
de intelectuales elaboró una nueva cultura en
la que teatro no tenía cabida. Pero con el
paso del tiempo el telón se volvió a abrir.
Tirando de las cuerdas para correrlo estaba
la Iglesia, su enemiga desde hace tanto
tiempo.
La distorsión romana fue ignorada y la
tradición griega tomada como base, los
monasterios restauraron la gran tragedia
griega, pero con temática cristiana. El pueblo
era analfabeto y las historias de la Biblia
debían ser difundidas, para eso el teatro era
el mejor medio. Quizás puedan considerarse
las primeras representaciones teatrales a los
Tropos, una tanda de preguntas y respuestas
entre el sacerdote y los fieles durante las
fiestas especiales.
La falta de espacio en las Iglesias obligó a
trasladar las representaciones, cada vez más
numerosas, primero a los pórticos y después a
la plaza de la iglesia.
La puesta en escena era cada vez más elaborada pero un
tanto rara; el área de la escena, bastante levantada, estaba
separada del público por una barrera. El decorado
presentaba todos los lugares donde la acción debía irse
desarrollando, uno tras otro. Estos lugares recibían el
nombre de Sede o Mansión y poseían cada uno su propio
telón. Unas telas de fondo cerraban el horizonte del teatro.
A pesar de que la Iglesia revive al teatro, lo hace con
condiciones. Lo cómico esta prohibido en las obras, la risa no
se acepta dentro del templo. Como siempre el poder se
representa con Tragedia frente a las preferencias cómicas
del pueblo. Hay que esperar hasta que se produzca la
separación ente el poder y la Iglesia para que la comedia
cobre auge. Se pide a los sacerdotes que escriban solo para
las misas. Aparece el teatro de calle con un humor muy
absurdo y ridículo, y nace la fiesta carnavalesca, todo sin
texto e improvisado.
En España el teatro medieval nos llega por las fronteras
francesas con los trovadores. Nuestro teatro siempre se ha
caracterizado porque contiene danzas, tono jocoso y temas
erótico festivos, herencia de la convivencia entre judíos,
cristianos y árabes.
Escuela de trovadores (tapiz del siglo XV)
La figura de Alfonso X, el Sabio, es fundamental para el
desarrollo de la cultura española, no solo por la creación de la
Escuela de Traductores si no porque es el primero en proponer
una separación entre lo popular y la Iglesia.
La festividad del Corpus tiene gran importancia en la historia
de nuestro arte dramático, durante ella se celebran
procesiones casi escenificadas que recuerdan bastante al
Ditirambo Griego.
EL TEATRO EN EL
RENACIMIENTO
Sea como fuere, lo que sí es cierto es que en toda Europa
estaban decayendo los cánones medievales a marchas forzadas,
principalmente por la paulatina pérdida de la presencia religiosa
en la vida cotidiana, y la consecuente liberación que ello supuso
para artistas, científicos y pensadores en general. El caso que
nos toca, el del teatro, se vio inmensamente favorecido por
este cambio de pensamiento, ya que empezaron a componerse
obras dramáticas enfocadas desde el hombre para el hombre,
más centradas en los personajes y sus costumbres que en la
moralidad
Además, en este período
se produjo un hecho clave
para la difusión de las
ideas a través del papel: el
descubrimiento de la
imprenta por Gütenberg, lo
que propició la publicación
de obras literarias y su
lectura, así como la
aparición de clases
sociales (más cultas) que
gustaban de la buena
literatura o mecenas que
sentían ansias de invertir
en los nuevos talentos.
Se prolongó en el tiempo un teatro religioso, heredero del
de la Edad Media y muy relacionado todavía con la liturgia,
pero, a su vez, se desarrolló un teatro profano, que arraigó
profundamente entre el público y que encontró uno de sus
máximos exponentes en el español Lope de Rueda.
Atendiendo al tipo de público que asistía a las
representaciones, el teatro profano podría dividirse en tres
vertientes:
1. El teatro populista, que buscaba contentar al auditorio,
principalmente.
2. El teatro cortesano, muy relacionado con las clases nobles
y sus fiestas privadas.
3. El teatro erudito, generalmente desarrollado en las
universidades.
En Italia, cuna del Renacimiento, el desarrollo
del teatro muy culto y, por lo tanto, poco
dirigido al público de a pie, encontró una reacción
negativa entre cierto número de escritores y
compañías teatrales. La consecuencia de esto
fue la creación de la “Commedia dell’arte”
(Comedia del arte), un tipo de teatro bastante
cómico en el que no se escribía todo el texto,
sino que contaba con unos sucesos predefinidos y
unos personajes fijos con frases características
ya asignadas. Las tramas más habituales y
demandadas eran las de enredos amorosos, ellos
llevaban la cara cubierta por una máscara, pero
ellas no.
Hasta hoy han llegado sus andanzas y sus nombres (Polichinela,
personaje jorobado y muy sarcástico; Pantalone, el avaro
comerciante; el Capitán, soldado fanfarrón que presume de sus
proezas; el Doctor, el clásico erudito pedante; o Arlequín,
personaje cómico con un traje de colores
PANTALONE
ARLEQUÍN
En Inglaterra no se vivió una actividad dramática
especialmente fructífera en los primeros años del
Renacimiento, y tan sólo pueden encontrarse tres
modalidades dramáticas: el teatro culto (con el que
pretendían imitar a los clásicos), el teatro religioso
(moralista en su mayor parte), y las compañías
itinerantes (que representaban obrillas de carácter
cómico).
Sin embargo, en la segunda mitad del siglo XVI, el
teatro experimentó un crecimiento sin parangón, es lo
que conocemos como “teatro isabelino”, denominación
que se refiere a las obras dramáticas escritas e
interpretadas durante el reinado de Isabel I de
Inglaterra , en el que los británicos controlaron y
potenciaron su teatro mediante la formulación de
leyes. Además, en los últimos años de la centuria,
aparecería el artífice del despegue definitivo del
teatro inglés: el genio dramático de William
Shakespeare.
En España, el Renacimiento se inició con la publicación de una obra
fuera de lo común, tanto en su forma como en su contenido: “La
Celestina”, en la que se obviaba completamente a la religión, se
potenciaban las tramas amorosas y mágicas,
Según fue avanzando el siglo, las
composiciones italianas empezaron a
dejarse sentir con fuerza en España,
y autores como Juan del Encina o
Lucas Fernández tomaron muchos de
sus motivos para sus creaciones. Poco
a poco se irán presentando los
elementos que predominarán en el
siglo siguiente, como la inclusión del
tema del honor o las comedias de capa
y espada. En una segunda generación
de autores teatrales renacentistas,
destacó Lope de Rueda, un hombre de
teatro de los pies a la cabeza:
escritor, director, actor, que
experimentó en sus obras para tratar
de encontrar nuevas líneas de
escritura y contentar así a su público,
cada vez más numeroso.
LOPE DE RUEDA
Si bien el Renacimiento no supuso del
todo la consolidación de la época dorada
del teatro, sí podría decirse que fue, sin
lugar a dudas, su precursora, y que
gracias a los avances en la técnica y el
pensamiento que tuvieron lugar en este
período, se pudo desarrollar en toda
Europa el teatro barroco, y lo que, en
España, se convirtió en una de las etapas
más maravillosos y apasionantes que ha
vivido la literatura, y que hoy conocemos
como Siglo de Oro español…
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