Imágenes El amor en los tiempos
del cólera
Presidencia 1.918-1.921
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Los primeros fueron tres dálmatas con nombres de emperadores romanos que se despedazaron entre sí por los
favores de una hembra que hizo honor a su nombre de Mesalina, pues más demoraba en parir nueve cachorros
que en concebir otros diez. Después fueron los gatos abisinios con perfil de águila y modales faraónicos, los
siameses bizcos, los persas palaciegos de ojos anaranjados, que se paseaban por las alcobas como sombras
fantasmales y alborotaban las noches con los alaridos de sus aquelarres de amor.
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Durante algunos años, encadenado por la cintura en el mango del patio, hubo un mico amazónico que suscitaba
una cierta compasión porque tenía el semblante atribulado del arzobispo Obdulio y Rey,
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alcaravanes premonitorios y garzas de ciénaga de largas patas amarillas, y un ciervo juvenil que se asomaba por
las ventanas por comerse los anturios de los floreros
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traído de Guatemala un ave del paraíso
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jaula de alambre con seis cuervos perfumados, i
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También llevaron una anaconda de cuatro metros,
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uno de los mastines alemanes
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murciélagos y las salamandras,
Se sentía bien: lejos iban quedando los siglos
de los corsés de hierro, las cinturas
restringidas, las ancas alzadas con artificios de
trapo.
cama inglesa protegida por un mosquitero de
punto rosado,
las canciones de Yvette Gilbert y Aristide Bruan
láminas de colores de la Historia Natural de Linneo,
un camión cisterna con sirena y campana, y
dos mangueras de alta presión
poniéndose el sombrero de campana con un
adorno de violetas de fieltro
La Chasse de Mozart
La Muerte y la Doncella, de Schubert,
el cuarteto para cuerdas de Gabriel Fauré,
guardó las cosas de más valor en la caja de
caudales
compró un loro real de Paramaribo
su precio excesivo de doce centavos.
Era de los buenos, más liviano de lo que parecía, y con la cabeza amarilla y
la lengua negra, único modo de distinguirlo de los loros mangleros que no
aprendían a hablar ni con supositorios de trementina.
dos libros al alcance de la mano: La Incógnita
del Hombre, de Alexis Carrell, y La Historia de
San Michele, de Axe1 Munthe
el ataúd episcopal todavía oloroso a sapolín de
barco, con manijas de cobre y forros de seda
acolchonada.
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