Un mensaje que todo padre y adulto debe leer
recordando que los niños están atentos
a lo que hacemos y a lo que decimos.
Carta de un niño:
“...CUANDO CREÍAS QUE YO NO
ESTABA MIRANDO...”
Cuando creías que yo no te estaba mirando....
...te vi colgar mi primer dibujo en la heladera y corrí
a hacer otro...
Cuando creías que yo no te estaba mirando...
...te vi poner alimento en la tacita del gato y aprendí
que es bueno cuidar a los animales...
Cuando creías que yo no te estaba mirando...
...vi lágrimas salir de tus ojos y aprendí que algunas
veces las cosas duelen, pero que está bien llorar...
Cuando creías que yo no te estaba mirando...
...te vi hacer mi postre favorito y aprendí que las cosas
pequeñas son las que hacen la vida especial....
Cuando creías que yo no te estaba mirando...
...te escuché hacer una oración y supe que hay un Dios
al que siempre puedo acudir y aprendí a confiar en El
Cuando creías que yo no estaba mirando...
...te sentí darme el beso de las buenas noches y me sentí
amado y protegido...
Cuando creías que no te estaba mirando...
...te vi dar de tu tiempo y tu dinero para ayudar a gente
que no tenía nada y aprendí que los que tienen deben
ayudar a los que no tienen.
Cuando creías que no te estaba mirando...te vi cuidar
nuestra casa y a nosotros y aprendí que debemos cuidar
de lo que nos ha sido dado.
Cuando creías que no te estaba mirando...
...aprendí de ti las lecciones de la vida que necesitaba :
…como ser una persona buena y productiva...
…como decir “mucho” con tan sólo una sonrisa…
...te miré y quise decirte…
“GRACIAS POR TODAS LAS COSAS QUE VI
CUANDO CREÍAS QUE YO NO TE ESTABA MIRANDO”.
No nos olvidemos…
TODOS NOSOTROS
PADRES , HERMANOS, AMIGOS…
INFLUIMOS EN LA VIDA
DE LOS NIÑOS QUE TENEMOS
A NUESTRO ALREDEDOR
Aunque pensemos
…que no nos están mirando…
La buena muerte
Morir con las
botas puestas,
llevando el
propio combate
hasta el final,
manteniendo la
actividad hasta
donde el cuerpo
aguante.
Eso ha sido una lección para todos,
especialmente en tiempos de general
renuncia.
Envejecer bien ostensiblemente, mostrando
al mundo el dolor de unas piernas
renqueantes, de una espalda encorvada, de
unas mandíbulas fragilizadas, de una voz
trémula.
Eso ha sido una lección para una sociedad
obsesionada por la tópica juventud y por la
elemental belleza del canon publicitario.
Enfermar sin
tapujos, caer en el
lecho con la
determinación de no
ocultarlo, soportar la
decrepitud y la
degeneración físicas
con la convicción de
que todo esto
también forma parte
de la existencia.
Eso ha sido una lección para una sociedad
obsesionada por la salud, incapaz de
entender la dignidad de la vida al margen de
la tecnología clínica.
Morir de viejo, en la cama de uno, rodeado
por los tuyos, aguantando la lucidez hasta el
último instante; extinguirse con la misma
naturalidad con la que viniste al mundo.
Eso ha sido sencillamente envidiable.
Si hay una idea de la "muerte digna", la del
Papa lo ha sido en grado supremo.
Porque ha sido una
muerte pintada
con los colores que
componen la
sustancia misma
de la vida: la
voluntad, el dolor,
el amor, la
fragilidad, la
finitud, la
determinación de
quedar…
He ahí la buena muerte.
Descanse en paz
Juan Pablo II.
Autor del texto: José Javier Esparza
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