PARÁBOLA DE LAS FLORES.
Cierta vez un Señor creó y formó un jardín para sí, y sembró
en ella diversos cultivos de las más exquisitas y fragantes
flores para su gloria y su gozo.
Pero el Señor del jardín tenía un enemigo que lo aborrecía, su
principal interés era destruir todo lo que Él creaba y
formaba, anhelaba ocupar su trono por lo cuál se había
levando contra ÉL.
Vino de noche y sembró en el jardín cizañas, malezas, y
espinos, las cuales absorbían los nutrientes de la tierra,
crecían rápidamente y ahogaban a los cultivos
impidiéndoles crecer y desarrollarse.
Cada día el Señor del jardín venía y limpiaba de cizañas,
malezas y espinos a sus cultivos para que los rayos de
luz penetrara en ellos, y los regaba con aguas frescas
del manantial de amor. El Señor del jardín amaba a
sus cultivos con un amor muy especial, cada día los
tocaba, los acariciaba y les hablaba con dulce amor.
Los cultivos no podían resistir tanto amor que caían
rendidos a los pies de su señor, entregados dándole lo
mejor de ellos mismos, esperando anhelante la
presencia de su señor cada día. Así se formaba una
relación de amor continua del Señor del jardín con sus
cultivos.
Cuando las flores llegaban al esplendor de su belleza y
la exquisitez de su perfume, el Señor del jardín las
cortaba y las llevaba a su mansión, las colocaba en lo
mejor del salón principal, plantadas en aguas vivas;
ahí ellas jamás se marchitaban ni nada las ahogaba,
gozaban la eterna compañía y amor de su Señor.
Pero volvamos al jardín, te contaré la historia de una de
las plantas; era hermosa con tres bellísimas flores, la
1ª mayor, que llamaremos Rosa, la 2ª más pequeña, a
quién llamaremos Rosita, y la más pequeña la
llamaremos Rositita.
La más pequeña, Rosita, se cobijaba a la sombra de la
mayor, Rosa, y se apoyaba en ella. La mayor sólo se
apoyaba en el Señor del jardín y se refugiaba bajo su
sombra. Amaba a su Señor con todo su corazón; y
toda su vida la dedicaba a ÉL, embelleciéndose y
anhelando profundamente la visita de su Señor.
Se había formado una relación profunda continua de
amor entre la 1ª flor (Rosa) y el Señor del jardín.
El Señor del jardín decía a Rosa:
-¡Qué hermosa eres, y cuan suave, OH amor deleitoso!
A lo que ella respondía:
-He aquí que Tú eres hermoso, amado mío y dulce.
El continuaba diciéndole:
-Con amor eterno te he amado, hermosa mía.
Ella respondía:
-Te amo, OH Señor, fortaleza mía, roca mía, castillo mío
y mi libertador. No hay bien para mí, fuera de Ti. Tú
eres todo para mí, y fuera de Ti nada deseo en la
tierra.
El le declaraba;
-En mi mansión tengo un lugar especial preparado para
ti, para que estés conmigo para siempre.
A lo que ella respondía con ansiedad:
-¿Cuándo me llevarás, amado mío, contigo? Mi corazón
está anhelante y todo mi ser desea estar contigo para
siempre.
A lo que él respondía dulcemente:
-Espera un poco amada mía, hermosa mía, aún falta que
tu belleza sea más intenso y tu perfume sea más
exquisito. Sólo espera un poco más y te llevaré
conmigo.
Y así la relación de amor crecía de día en día, más y más
hasta llegar a su madurez, aquél día el Señor del
jardín vino y le dijo a su amada flor:
-Toda tú eres hermosa, amiga mía, perfecta mía, y en ti
no hay mancha. Levántate, OH amiga mía, hermosa
mía, y ven.
La 1ª flor, Rosa, se llenó de gozo y felicidad, al fin
había llegado la hora de partir con su señor, y estar
con él para siempre; tan grande era su gozo que la
envolvía y la llenaba completamente, que no sintió
ningún dolor cuando la tijera lo cortó para separarla
de la planta, y se marchó con el Señor del jardín llena
de felicidad.
Pero la planta quedó sangrando y la flor más pequeña, Rosita,
gimió de dolor llorando. Así la encontró el Señor del jardín
cuando vino, se acercó a ella y la acarició suavemente.
Entonces ella le dijo:
-AHH, Señor te llevaste a la otra flor, ella era mi compañera,
juntas compartíamos todo, me cobijaba bajo su sombra y
cuando el viento golpeaba fuerte me apoyaba a ella; pero
ahora ella no está y me siento sola y triste, yo aún quería
seguir con ella ¡era tan lindo cuando estábamos juntas en tu
presencia! Ella me alentaba a amarte; AHH Señor, el dolor de
la separación es fuerte y no puedo parar de sangrar por el
corte de la tijera. Por favor llévate este dolor y sáname esta
herida.
El señor del jardín tocó con amor el tallo sangrante y paró de
sangrar mientras decía a la 2º flor, Rosita:
-En las sombras de mis alas te ampararé y debajo de ella estarás
segura; te cuidaré como a la niña de mis ojos, porque eres de
gran estima a mis ojos, flor escogida desde antes que te
formases; delicada y única, flor muy amada comprada con
precio muy alto. Te sostendré con mi diestra victoriosa, jamás
te soltaré y nadie podrá arrebatarte de mis manos. Contigo
estaré en las angustias, seré tu fortaleza, te libraré y te
glorificaré. Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; si
por los ríos, no te anegaran. Cuando pases por el fuego, no te
quemarás ni la llama arderá en ti. Si alguno conspirare contra
ti, lo hará sin mí; el que contra ti conspirare, delante de ti
caerá. Ninguna arma forjada contra ti prosperará, y
condenarás toda lengua que se levante contra ti en juicio.
Nada ni nadie te podrá separar de mi amor, estaré contigo
hasta el fin, llenaré tu vacío y en la soledad seré tu
compañía.
Te daré los tesoros escondidos y los secretos muy guardados, y
te colmaré de mis beneficios.
De esta manera nació una relación de amor entre la 2ª flor,
Rosita, y el Señor del jardín.
Debajo de Rosita apareció un pimpollo, a la que llamaremos
Rositita, se apoyaba mucho en Rosita y se cobijaba bajo su
sombra, creció muy apegada a Rosita que cuando partió con
el Señor del jardín, su dolor y desconsuelo fue muy grande
que gemía con grandes lamentos.
Así lo encontró el Señor del jardín cuando vino, cuando ella lo vio
le dijo:
-AAHH, Señor, ¿Por qué te llevaste a Rosita ?ella era mi
compañera, juntas compartíamos todo, yo me apoyaba en ella,
debajo su sombra me cobijaba, ella me guiaba a ti y me enseñaba
a amarte, Tú te la llevaste y yo aún la necesitaba ¿por qué?...
¿Por qué?...¿Por… quéee… Señor ?...
El señor del jardín se acercó y extendió sus manos para acariciarla
y consolarla; pero la flor no quiso, se bajó y se escondió entre las
ramas llorando y gimiendo…
El Señor del jardín le dijo dulcemente:
-El amor que hay entre Rosita y yo es tan profundo fuerte que ya
no podíamos continuar separados, ella anhelaba tanto estar
conmigo para siempre y yo deseaba tenerla conmigo por siempre,
por eso la tomé y la llevé a mi mansión, así estar por siempre
juntos. Y ahora he venido para consolarte, sanar tu herida, para
formar contigo la misma relación de amor y ser tu compañía, tu
Mas la 3ª flor, Rositita, no quiso escucharlo y se bajó aún más
escondiéndose en la espesura del follaje de las hojas llorando,
lamentando, quejándose dijo al Señor del jardín:
-Tú no me amas, porque si me amaras, no te la hubieses llevado.
El Señor del jardín le respondió con dulzura:
-Te amo tanto que he dado mi vida por ti, tú eres hermosa, única y
delicada, de gran estima para…
Pero la flor, Rositita, no le dejó terminar y dijo:
-¡NO!, no es verdad, no te creo, tú no sientes el dolor que yo siento.
Y continuó sumergiéndose en su dolor; en ningún momento levantó sus
ojos para mirar el rostro y los ojos del Señor del jardín. Sumergida en su
dolor olvidó todo el cuidado, la protección, y todos los beneficios que el
Señor del jardín le había brindado. De los ojos del Señor del jardín se
deslizaron dos lágrimas, su corazón se entristeció a causa del rechazo
de la flor; jamás obligaba a sus flores a aceptarlo y amarlo; les daba
completa libertad. Era elección voluntaria de las flores: aceptarlo,
amarlo y seguirlo; pero cuando lo rechazaban, él sufría por su flor…
Se apartó a un costado, cerca de la flor, esperó pacientemente
hasta que la flor volviera o lo llamara pidiendo auxilio,
dispuesto a socorrerla en el primer pedido de auxilio.
Tan pronto bajó la 3ª flor, Rositita, alejándose del cuidado del
Señor del jardín, rechazando su amor; las cizañas, malezas y
espinos comenzaron a crecer a su alrededor, se acercaban más
y más a ella, muy pronto comenzaron a cubrirla, tapándole
los rayos de luz y absorbiendo los nutrientes de la tierra
impidiendo a la flor nutrirse.
Muy pronto la flor se debilitó, los colores de sus pétalos
comenzaron apagarse. También la atacaron las orugas,
caracoles y hormigas, comiendo las hojas de su tallo. Las
cizañas, malezas y espinos la habían cubierto totalmente
ahogándola, la pobre flor enfermó tanto que sintió a la
muerte acercársele queriéndole arrebatar la vida.
Ella había bajado para sanar su herida y recibir consuelo; pero
su herida continuaba sangrando y se había infectado; su
desconsuelo era mucho mayor porque las cizañas, malezas y
espinos la habían atado y apresado, peor aún, los insectos
habían comenzado a destruirla e intentar matarla. Ella
estaba muriendo y no había quién la salvase……
De pronto, en un instante, al borde de la muerte, un hilo de
luz penetró en su interior y… Recordó… al Señor del
jardín, cómo él la cuidaba, la limpiaba de cizañas, malezas y
espinos; no permitía que ningúm insecto maligno , dañino la
tocara, recordaba también cómo la trataba con amor, fue ahí
donde reconoció el amor de su Señor. Quiso levantarse e irse
hasta donde podía encontrarse con el Señor del jardín,
pero….
No pudo, estaba atrapada, presa, no podía moverse…
Entonces exclamó a grandes voces de todo corazón:
-¡Señor! ¡socórreme! Ten piedad de mí, reconozco que he pecado
contra ti, perdona mis pecados, borra mis rebeliones,
límpiame de mi maldad. Ten misericordia de mí, sálvame,
sáname y te entregaré todo mi amor, te seguiré sólo a ti,
porque Tú solo eres digno de adoración.
Aún no había terminado de clamar la flor, que el Señor del
jardín, arrancó las cizañas, malezas y espinos,
Eliminó las orugas, los caracoles, las hormigas y a todo insecto
que enfermaba a la flor. Removió la tierra a su alrededor, le
puso fertilizante y la regó bañándola con abundante agua
del manantial de amor.
Levantó a la flor, la acomodó en buen lugar, la acarició,
la besó, sanó sus heridas y la cubrió de amor. En poco
tiempo la flor se volvió rozagante y hermosa, crecía
sana y fuerte. Amaba a su Señor de todo corazón. Se
había formado una relación profunda continua de
amor entre la 3ª flor, Rositita, y el Señor del jardín;
debajo de ella nació un hermoso pimpollo, a quién ella
habló del Señor del jardín, le contó del amor y la
fidelidad continuada e inalterable del Señor del
jardín.
EXPLICACIÓN DE LA PARÁBOLA DE
LAS FLORES…
El Señor del jardín: es el Trino Santo Dios: Dios Padre; Dios
Hijo y Dios Espíritu Santo, tres personas, pero Un solo Dios.
Lo encontramos en Génesis 1. 1-2: “En el principio creó Dios
los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada vacía,y las
tinieblas estabansobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios
se movía sobe la faz de las aguas.” Luego en San Juan 1.1-2
y14. “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el
Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las
cosas por él fueron hechos, sin él nada de lo ha sido hecho, fue
hecho. Y aquel Verbo fue hecho carne y habitó entre nosotros(y
vimos su gloria, gloria como del unegénito del Padre), lleno de
gracia y de verdad.”
El jardín: es el mundo.
Las flores del cultivo: son los hijos de Dios comprados con la sangre de
Jesucristo.
El enemigo del Señor del jardín: es Satanás.
La noche: es la separación física de los hijos de Dios, de Dios.
Cizañas: amistades que con halagos engañan a los hijos de Dios, y o
amistades con quienes se reúnen para comentar e informarse de la vida de
los demás, es decir chusmeríos.
Malezas y espinos: son los afanes diario de la vida, Ejemplos: La ambición y
el afán de poseer riqueza y más riqueza. Exceso de trabajo por el deseo de
poseer más y más bienes materiales o poder, dejando al Señor al último
lugar. Pobreza: que es estar todo el tiempo quejándose y proclamando
pobreza y derrota. Riquezas: que es estar todo el tiempo extasiados con los
logros, sentirse muy orgulloso por eso sin dar gloria a Dios, su frase
favorita es “Si yo no hubiese trabajo y esforzado no lo tendría , no lo
hubiese logrado”. Simpleza: que es no anhelar el crecimiento interior y
conformarse con lo poco que tiene porque piensa que es suficiente.
Ignorancia: que es no buscar la sabiduría de Dios, encerrarse en la
obstinación y terquedad.
Insensatez: que es prometer algo o comprometerse en algo y no
cumplirla. Burla: que es amar la burla, disfrutar burlándose de los
demás, despreciando a las personas, desvalorizándolos. Indiscreción:
que es divulgar los secretos. Pereza: que es no tener ningún interés en
la obra de Dios, ni ayudar al prójimo, su frase favorita es “Tengo
demaciado con lo mío, que cada uno se ocupe de lo suyo, estoy muy
ocupado.” Pero lo cierto es que está muy ocupado en Sí mismo
haciéndo Nada, sin dedicar nada de su vida a Dios.
Además todas las cosas en que alejan de la Presencia de Dios, como por
ejemplo: Distracciones en exceso: televisión, juegos, diversos tipos de
vicios, etc., como también distintos tipos de tareas centrados en uno
mismo sin entregarle la preeminencia a Dios.
Los rayos de luz: es la presencia de Dios.
Las aguas frescas: es el Espíritu Santo.
Las aguas vivas: es la vida eterna.
Manantial de Amor: es Dios mismo, porque Dios es Amor.
Las plantas de las flores: son las familias donde el Señor ha plantado a
cada uno de sus hijos.
La tijera: es la muerte física.
Tallo sangrante: es el dolor de la separación producido por el vacío que
deja el ser amado al partir.
Espesura del follaje: son la compasión momentánea de familiares,
amigos, vecinos, etc. Y la autocompasión.
Orugas, Hormigas, Caracoles e Insectos: son los demonios bajo la orden
de Satanás, atacando las vidas de los que se han alejado de la gracia
de Dios. Ellos roban la felicidad y las bendiciones, atan, apresan las
vidas, las destruye y luego las mata.
Hilo de luz penetrando en el interior: es el Espíritu Santo convenciendo
de pecado, haciendo volver el corazón del hombre a Dios.
Escrito x Francisca Riquelme (Fanny), autora.
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