“Le concedió el nombre que está sobre todo nombre”
(Fil. 2, 9)
En el mundo
semita, el
nombre es la
realidad misma
de la cosa o la
persona.
El nombre es una
expresión del ser.
“Santificado sea tu
nombre” (Mt. 6,5)
El nombre de
cuanto existe,
hace parte
necesariamente
de su existencia,
y una realidad
se conoce solo
cuando se
puede decir su
NOMBRE.
El nombre es
expresión de la
personalidad.
Se debe cuidar el
nombre, la reputación
Maltratar el
nombre es
maltratar la
persona; abusar
del nombre es
abusar de la
persona.
“No tomarás el
nombre de Dios en
vano” (Ex. 20,7)
No profanar el
nombre
El nombre de Dios es
santo como santo es
Dios: Lc .1, 49
Maldecir el nombre de
Dios, era castigado
con la muerte: Lv.
24,16.
Está prohibido el
abuso del nombre de
Dios en ritos mágicos:
Dt. 5, 11
El nombre es
identidad
Para un hombre
antiguo, el nombre
es algo esencial.
El nombre daba a
cada uno su propia
identidad ante
Dios y ante los
otros.
Identidad nueva =
vida nueva
Una identidad nueva
o una misión nueva
piden un nombre
nuevo:
Abraham: Gn 17, 5.15
Pedro: Mt 16,18
Pablo: Hech. 13,9
Religiosos /as
cambiaban el
nombre
Vida nueva =
nombre nuevo
A los bautizados en
el NOMBRE del
Padre y del Hijo y del
Espíritu, se les da el
NOMBRE, para
indicar la vida nueva
que inician.
Reciben además el
nombre de
“cristiano”, su nueva
identidad. (2 Cor.
5,17)
El nombre es
pertenencia
Un rey victorioso,
imponía un nombre
nuevo a un rey
derrotado, para
indicar que le
pertenecía.
“Yahvéh desde el
seno materno me
llamó, desde las
entrañas de mi
madre mencionó mi
NOMBRE” (Is. 49,1)
El nombre es
protección,
posesión
Poner el nombre
indica tomar
posesión de,
comprometerse a,
cuidar o colocarse
bajo el cuidado de.
“Los condujo al
hombre para ver
como los habría
llamado y como el
hombre los llamó,
ese fue su nombre”
(Gn 2,19).
El nombre indica
consagración
Invocar el nombre de
Dios sobre alguien,
indicaba que esa
persona era separada y
reservada para el Señor.
“Cuando encontraba
palabras tuyas las
devoraba, tus palabras
eran la alegría de mi
corazón, porque tu
NOMBRE fue
pronunciado sobre mi”
(Jer. 15,16)
El nombre es
comunicación
El conocimiento del
nombre capacita para la
comunicación; a quien
porta el nombre se le
puede citar; el nombre
facilita la relación.
“Me dirán: ¿Cuál es su
nombre? Respondió
Dios: yo soy el que soy…
este es mi nombre por
siempre, con el se hará
memoria de mí” (Ex. 3,
13- 15)
El nombre es
revelación
Dios revela su nombre
obrando, transformando
la realidad, la historia. La
revelación de su nombre
va unida a su compromiso
con el futuro, a su empeño
con la construcción del
pueblo.
“Me hice ver de Abraham,
Isaac y Jacob como Dios
poderoso, pero mi
nombre no se los di a
conocer” (Ex. 6,3).
En Dios, el nombre
es presencia, es
compromiso.
Dios no puede ser
encerrado en la jaula
de una definición.
Revelando su nombre,
Dios asegura su
presencia activa; Dios
se da a conocer en su
actuar. (Ex. 3,14)
“Emanuel – Yo estaré
con vosotros” (Mt
28,20)
El nombre hay que
construirlo
Cuando el rey era
entronizado, se hacía
varios nombres (Is 9, 5s)
Más grande es el nombre,
cuanto más glorioso, más
pesado el ser; se hace
pesado por las grandes
obras y la riqueza de
méritos.
“Más vale un nombre, que
las muchas riquezas”
(Prov. 22,1)
Cf. Fil 2,9.
El nombre vale la
vida
Los mártires murieron
por el nomen
christianorum, por
responder si a la
pregunta sobre un
NOMBRE: ¿Eres
cristiano?
“No puedo ser llamada
con un nombre
distinto a lo que soy:
cristiana” (S. Perpetua)
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