Su Palabra nos sostiene.
Leamos un ratito...
Cuán grande es tu bondad, que atesoras para los que te
temen, y que a la vista de la gente derramas sobre los
que en ti se refugian. Al amparo de tu presencia los
proteges de las intrigas humanas; en tu morada los
resguardas de las lenguas contenciosas.
Salmo 31:19-20.
Te haré entender, y te enseñaré el
camino en que debes andar, sobre ti
fijaré mis ojos. Salmo 32:8.
Aunque ande en valle de sombra de muerte,
No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo;
Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.
Salmo 23:4.
Mas yo haré venir sanidad para ti, y
sanaré tus heridas, dice Dios.
Jeremías 30:17.
En el mundo vas a tener aflicción, pero
confía, YO he vencido al mundo.
Juan 16:33.
Y Dios va delante de ti; él estará contigo, no te dejará,
ni te desamparará; no temas ni te intimides.
Deuteronomio 31:8.
El enemigo te quiere zareandear como
a trigo, pero yo he rogado por ti, para
que tu fe nunca falte. Lucas 22:31-32.
Sólo él puede librarte de las trampas del cazador y de
mortíferas plagas, pues te cubrirá con sus plumas y bajo
sus alas hallarás refugio. ¡Su verdad será
tu escudo y tu baluarte! No temerás el terror de la
noche, ni la flecha que vuela de día, ni la peste que
acecha en las sombras ni la plaga que destruye
a mediodía. Salmo 91:3-6.
No temas, porque yo estoy contigo; no
desmayes, porque yo soy tu Dios que te
esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te
sustentaré con la diestra de mi justicia.
Isaías 41:10.
Dios es nuestro amparo y fortaleza, Nuestro pronto
auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos,
aunque la tierra sea removida, Y se traspasen los
montes al corazón del mar. Salmo 46:1-2.
Aunque la higuera no florezca, Ni en las vides haya frutos,
Aunque falte el producto del olivo, Y los labrados no den
mantenimiento, Y las ovejas sean quitadas de la majada, Y no
haya vacas en los corrales;Con todo, yo me alegraré en Dios,Y
me gozaré en el Dios de mi salvación.Dios el Señor es mi
fortaleza, El cual hace mis pies como de ciervas,Y en mis
alturas me hace andar. Habacuc 3:17-19.
Busqué a Dios, y él me oyó,
Y me libró de todos mis temores.
Los que miraron a él fueron alumbrados,
Y sus rostros no fueron avergonzados.
Este pobre clamó, y le oyó el Señor,
Y lo libró de todas sus angustias.
Salmo 34:4-6
Pero el Señor es fiel, y él los fortalecerá y los
protegerá del maligno. Que el Señor los lleve a
amar como Dios ama, y a perseverar como
Cristo perseveró. 2ª Tesalonicenses 3:3, 5.
Acerquémonos, pues,
confiadamente al trono de la
gracia, para alcanzar
misericordia y hallar gracia
para el oportuno socorro.
Hebreos 4:16.
Mira que te mando que te esfuerces y
seas valiente; no temas ni desmayes,
porque el Señor tu Dios estará contigo
en dondequiera que vayas. Josué 1:9.
Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca
de vosotros, dice Dios, pensamientos de paz, y
no de mal, para daros el fin que esperáis.
Jeremías 29:11.
pero los que esperan a Dios tendrán nuevas
fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán,
y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.
Isaías 40:31.
Dios es mi pastor; nada me faltará. En
lugares de delicados pastos me hará descansar;
Junto a aguas de reposo me pastoreará.
Confortará mi alma; Me guiará por sendas
de justicia por amor de su nombre.
Salmo 23:1-3.
Torre fuerte es el nombre de Dios;
A él correrá el justo, y será levantado.
Proverbios 18:10.
Aunque cambien de lugar las
montañas y se tambaleen las colinas,
no cambiará mi fiel amor por ti ni
vacilará mi pacto de paz, -dice el
Señor, que de ti se compadece-.
Isaías 54:10.
Bendice, alma mía, a Dios, Y no
olvides ninguno de sus beneficios. El es
quien perdona todas tus iniquidades, El
que sana todas tus dolencias; El que
rescata del hoyo tu vida, El que te corona
de favores y misericordias; El que sacia
de bien tu boca De modo que te
rejuvenezcas como el águila.
Salmo 103:2-5.
Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor
Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de
toda consolación, el cual nos consuela en todas
nuestras tribulaciones, para que podamos también
nosotros consolar a los que están en cualquier
tribulación, por medio de la consolación con que
nosotros somos consolados por Dios. 2ª
Coríntios 1:3-4.
Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de
ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más
llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras
cosas pasaron. Apocalipsis 21:4.
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