Papá es maestro. Es feliz con su trabajo y
con sus “niños y niñas”, como él los llama.
Disfruta tanto de su trabajo que notamos
enseguida cuando anda preocupado
por alguno de
sus alumnos o
alumnas.
Un día nos comentó:
- “Se llama Miguel y es un niño muy
cariñoso y algo tímido, viene de otro
pueblo cercano y, aunque está matriculado
en cuarto de Primaria, su nivel de
competencia curricular (NCC) apenas
alcanza el primer curso”.
Papá nos decía que reclamaba
constantemente la máxima
atención y dedicación y él
tenía que dársela sin olvidar a
los otros veinticuatro alumnos
que también la necesitaban.
Miguel es un niño único, singular, con
necesidad específica de apoyo educativo
(NEAE). Su horario es distinto: algunas
horas asiste al aula de Pedagogía
Terapéutica (PT) con la señorita Lucía,
otras al aula de Audición y Lenguaje (AL)
con la profesora Cristina, en las que es
atendido individualmente o en pequeño
grupo, pero la mayor parte del tiempo está
con sus compañeros y compañeras en su
aula ordinaria.
Papá se reunió con doña Elisa, la orientadora
del colegio (EOE), y con las profesoras Lucía
(PT) y Cristina (AL), juntos llegaron a un
acuerdo: Miguel trabajaría siempre junto a
sus compañeros y compañeras, en su aula,
con una Adaptación Curricular (ACI),
adecuada a su nivel, ayudado en algunas
clases por mi papá y en otras por Cristina y
Lucía.
Mi papá, con la ayuda de Cristina y Lucía,
elaboró un programa educativo adaptado a
su nivel que recogió en el Documento
Individual de Adaptación Curricular
(DIAC). Entre todos lo llevarían a cabo.
La idea funcionaba, pero Miguel no se
relacionaba con los otros niños y niñas.
Fue entonces
cuando a papá se le
ocurrió una idea.
Cada semana se nombrarían dos alumnos
que, voluntariamente, actuarían como tutores
de Miguel; serían los encargados de ayudarle
en sus tareas, en los ejercicios de clase y en
Educación Física, de acompañarlo en los
recreos para que no se aísle y juegue con el
resto de sus compañeros.
Para todos fue una tarea agradable de
realizar, era gratificante ver como Miguel
les daba las gracias con sus besos, sonrisas
y abrazos.
Papá se siente orgulloso de su clase, de la
madurez demostrada por sus niños y niñas,
y sobre todo se siente satisfecho porque
sabe que: COMPARTIR ES LA MEJOR
FORMA DE VIVIR.
La llegada de Miguel cambió, para bien, la
vida de la clase, todos estaban contentos
con aquel niño que, en el mes de mayo,
les
envió a
cada uno
una invitación
para su fiesta
de cumpleaños.
Junto a cada
nombre había
un corazón y una frase escrita por Miguel:
“TU ERES MI AMIGO Y YO SOY TU
AMIGO. MIGUEL”.
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