Comenzaron la fiesta.
Su hijo mayor estaba en el campo y, cuando se acercó
a la casa, oyó la música … y preguntó qué era aquello.
“ Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado
el novillo cebado, porque lo ha recobrado sano”.
Él se irritó y no quería entrar.
Salió su padre, y le suplicaba.
Pero él replicó a su padre:
“ Hace tantos años que te sirvo… pero jamás me
has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos”.
“Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo;
pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse,
porque este hermano tuyo estaba muerto,
y ha vuelto a la vida;
estaba perdido, y ha sido hallado”. Lc 15, 24-32
Es importante preguntarse el porqué de esta parábola
tantas veces repetida.
“Se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores
a escucharle.
Y los fariseos y los letrados murmuraban entre ellos:
Éste acoge a los pecadores y come con ellos”.
Los representantes de la Ley de Israel
se escandalizan de que Jesús comparta la
comida con los pecadores.
Nos recuerda que
ignoran que Jesús
ha venido a
buscarlos.
Los que deberían conocer más a Dios,
se escandalizan de la misión misma del Mesías.
Tal vez hubieran aceptado a un mesías
diferente, pero no aceptan al que Dios les envía.
Jesús responde a la murmuración
con tres hermosas parábolas.
Pero más que la pérdida, importa aquí el hallazgo.
Una de las trampas de la modernidad
es la de hacernos creer que abandonando a Dios
llegaremos a ser más libres.
Las tres parábolas de la misericordia
son una meditación sobre el ser humano
y una revelación del verdadero Dios.
Reflejan la peripecia humana en términos
de pérdida y hallazgo.
Afirman la misericordia de Dios.
Dios invita a la alegría al recobrar
lo que se había perdido.
La autonomía de la que hacemos gala es con
frecuencia una forma elegante de ocultar esa lejanía
en la que nos hemos perdido.
Padre nuestro
que estás en los cielos, acoge el reconocimiento
de nuestro pecado y muéstrate como Padre
a los que no merecemos llamarnos hijos tuyos. Amén.
José Román Flecha Andrés
Palabra del Señor, Salamanca , Editorial.Secretariado Trinitario,2007
Presentación:
Antonia Castro Panero
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