►El
motivo de esta súplica
nacional es la deplorable situación
en que se encuentra Israel: los
paganos
han
devastado
y
profanado la herencia del Señor (v.
1); muchos fieles han caído bajo la
espada, sus cadáveres han sido
abandonados a las aves de rapiña y
los pueblos vecinos celebran esa
derrota (vs. 2-4).
► El salmista reconoce que la
tragedia nacional es el justo
castigo de reiteradas infidelidades
(v. 8); pero hace presente al Señor
que esa derrota compromete la
gloria de su Nombre (v. 9), ya que
Israel es su Pueblo y su “rebaño”
(v. 13).
► Si no escucha el llanto de los
cautivos, los paganos pensarán
que es inútil servir al Señor (v. 10).
+++ Una vez más, Israel clama a Dios con una oración profusamente revestida de tintes
dramáticos. La ruina y el saqueo de la ciudad santa de Jerusalén es el cuerpo de esta
súplica-lamento del salmo: «Oh Dios, las naciones han invadido tu heredad, han
profanado tu templo santo ...».
+++
El pueblo es consciente de que la desolación de la que tan orgullosamente
llamaban «la heredad de Yavé» ha acontecido a causa de los pecados tanto de sus
antepasados: «No recuerdes contra nosotros las faltas de nuestros antepasados... pues
estamos totalmente debilitados», como de los propios.
+++ Por eso, porque sus pecados pesan como una losa de la que no se pueden liberar,
apelan al Dios misericordioso con una invocación llena de esperanza. Acuden a Yavé
para que sea El mismo quien quite los pecados del pueblo: «¡Socórrenos, oh Dios,
Salvador nuestro, por el honor de tu nombre!
¡Líbranos!, y perdona nuestros pecados...».
+++
¿Cómo responde Dios? ¿Se puede quedar sordo ante esta súplica? ¿Da la
espalda a su pueblo porque le ha sido infiel? ¡Ese Dios no existe!
+++
Dios, a quien no se le escapa ningún grito de dolor, responde a la oración de su
pueblo enviando a su Hijo como salvador. Jesucristo es enviado para quitar el pecado no
ya sólo del pueblo, sino del mundo, de toda la humanidad.
Dios mío, los gentiles han entrado en tu heredad,
han profanado tu santo templo,
han reducido Jerusalén a ruinas.
Echaron los cadáveres de tus siervos en pasto a las
aves del cielo, y la carne de tus fieles a las fieras
de la tierra.
Derramaron su sangre como agua
en torno a Jerusalén,
y nadie la enterraba.
Fuimos el escarnio de nuestros vecinos,
la irrisión y la burla de los que nos rodean.
¿Hasta cuándo, Señor?
¿Vas a estar siempre enojado?
¿Arderá como fuego tu cólera?
No recuerdes contra nosotros
las culpas de nuestros padres;
que tu compasión nos alcance pronto,
pues estamos agotados.
Socórrenos,
Dios, Salvador
nuestro,
por el honor de
tu nombre;
líbranos y
perdona
nuestros
pecados
a causa de tu
nombre.
¿Por qué han de decir los gentiles:
"dónde está su Dios"?
Que a nuestra vista conozcan los gentiles la venganza
de la sangre de tus siervos derramada.
Llegue a tu presencia el gemido del cautivo:
con tu brazo poderoso, salva a los condenados a muerte.
Mientras, nosotros, pueblo tuyo, ovejas de tu rebaño,
te daremos gracias siempre, cantaremos tus alabanzas
de generación en generación.
«¡Dios mío, los gentiles han entrado en tu heredad!»
● Una mentalidad pagana ha aparecido en círculos religiosos. El racionalismo se ha
infiltrado en tu Iglesia. Se rebaja la autoridad, se minimiza el dogma, se ignora la tradición,
se desoye a la obediencia. Todo queda racionalizado, secularizado, desmitificado. Visión
secular de credo religioso. La razón por encima de la fe. El hombre por delante de Dios.
Ese es el peligro del mundo religioso hoy. Penetración pagana en el santuario de Jerusalén.
● Y ése es el peligro de mi propia vida. Yo vivo en medio de ese santuario, pero también a
mí me afectan ahora esos vientos paganos que soplan en él. Todo el mundo piensa así,
ésa es la tendencia moderna; Los asaltos desde fuera del santuario son más fáciles de
rechazar, porque se les reconoce como tales. En cambio, es mucho más difícil resistir la
tentación sigilosa desde dentro, que en un principio parece inocente y amiga.
● Restaura en tu Iglesia, Señor, la firmeza de tu revelación. Purifica nuestros
pensamientos y robustece nuestras creencias. Limpia tu santuario y santifica tu ciudad.
Haz que resplandezca la fe de los creyentes con el fulgor de tu verdad.
«Entonces nosotros, pueblo tuyo, ovejas de tu rebaño, te daremos gracias siempre,
contaremos tus alabanzas de generación en generación".
Oh Dios, que nos diste a Cristo como buen Pastor, en
medio de las tribulaciones de este mundo, queremos sentir
su presencia entre nosotros, a fin de que podamos cantar
tus alabanzas de generación en generación. Por Jesucristo,
nuestro Señor.
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