Lectio divina Corpus Christi
Ciclo A. 22 de Junio 2014
Secretariado Dioc. Cádiz y Ceuta
Música: Veante mis ojos. Instrumental
Montaje: Eloísa DJ
Avance Manual
ORACIÓN INICIAL
Véante mis ojos, dulce Jesús bueno;
véante mis ojos, muérame yo luego.
No quiero contento, mi Jesús ausente,
que todo es tormento a quien esto siente;
sólo me sustente su amor y deseo;
Véante mis ojos, dulce Jesús bueno;
véante mis ojos, muérame yo luego.
TEXTO BÍBLICO Jn. 6. 51-58
51 “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que
coma de este pan vivirá para siempre. El pan que yo daré es
mi carne por la vida del mundo”.
52 Disputaban los judíos entre sí: “¿Cómo puede Éste
darnos a comer su carne?”
53 Entonces Jesús les dijo: “En verdad, en verdad os
digo; si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis
su sangre, no tendréis vida en vosotros.
54 El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida
eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
55 Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es
verdadera bebida.
56 El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí
y yo en él. 57 Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo
por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por
mí. 58
Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de
vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este
pan vivirá para siempre”.
LECTURA
¿Qué dice el Texto?
Después de veinte siglos, puede ser necesario recordar algunos
de los rasgos esenciales de la última Cena del Señor, tal como
era recordada y vivida por las primeras comunidades cristianas.
En el fondo de esa cena hay algo que jamás será olvidado:
sus seguidores no quedarán huérfanos. La muerte de Jesús
no podrá romper su comunión con él. Nadie ha de sentir el
vacío de su ausencia. Sus discípulos no se quedan solos, a
merced de los avatares de la historia.
En el centro de toda comunidad cristiana que celebra la
eucaristía está Cristo vivo y operante. Aquí está el secreto de
su fuerza.
De él se alimenta la fe de
sus seguidores.
No basta asistir a esa cena.
Los discípulos son invitados a «comer».
Para alimentar nuestra adhesión a
Jesucristo, necesitamos reunirnos a
escuchar sus palabras e introducirlas
en nuestro corazón, y acercarmos a
comulgar con él identificándonos con su
estilo de vivir.
Ninguna otra experiencia nos puede ofrecer
alimento más sólido.
No hemos de olvidar que «comulgar»
con Jesús es comulgar con alguien que
ha vivido y ha muerto «entregado»
totalmente por los demás.
Así insiste Jesús.
Su cuerpo es un «cuerpo
entregado» y su sangre es una
«sangre derramada» por la
salvación de todos.
Es una contradicción acercarnos a «comulgar» con Jesús,
resistiéndonos egoístamente a preocuparnos de los demás.
Nada hay más central y
decisivo para los
seguidores de Jesús que
la celebración de esta
cena del Señor.
Por eso hemos de
cuidarla tanto.
Bien celebrada, la eucaristía nos moldea, nos va
uniendo a Jesús, nos alimenta de su vida, nos
familiariza con el evangelio,
nos invita a vivir
en actitud de
servicio fraterno,
y nos sostiene en
la esperanza del
reencuentro final
con él.
meditación
¿Qué me dice el Señor en el Texto?
En cada celebración eucarística, Jesús se ofrece por
nosotros al Padre, para que también nosotros podamos
unirnos a Él, ofreciendo a Dios nuestra vida, nuestro
trabajo, nuestras alegrías y nuestras penas…
La Eucaristía es el Sacramento de la comunión, que nos
hace salir del individualismo para vivir juntos el
seguimiento, la fe en y con Él.
¿Cómo vivo la Eucaristía?
¿La vivo de forma anónima o como momento de verdadera
comunión con el Señor, pero también con los hermanos que
comparten esta misma mesa?
¿Cómo son nuestras
celebraciones eucarísticas?
Pregúntate, adorando
a Cristo presente en
la Eucaristía:
¿Me dejo transformar
por Él?
¿Dejo que el Señor
me guíe para salir
cada vez más de mi
pequeño espacio y
no tener miedo de
entregarme, de
compartir, de
amarlo a Él y a los
demás?
Pide para que la participación en la Eucaristía te provoque a
seguir al Señor cada día, a ser instrumento de comunión, a
compartir con Él y con los hermanos lo que eres.
¿Qué puedes hacer para que las
personas que conoces puedan
tener y gozar de esta vida que
Jesús nos trae?
oración
¿Qué respondo al Señor que me habla en el
Texto?
Alma de Cristo, santifícame.
Jesús desea que tengas vida y vida abundante; que seas
perfecto como el Padre celestial, que seas santo.
¿Qué te detiene?
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Dijiste un día Jesús
que tu cuerpo es
manjar que da vida.
Quiero tener
cada día
hambre de ti.
Que sepa comunicar a mis hermanos la
necesidad que tenemos de ti.
¡Señor, dame siempre de tu pan!
¿Qué son las alegrías que producen las cosas del mundo, las
alegrías humanas… comparadas con la alegría, la paz… que
produce el recibir la Sangre de Cristo?
Sangre de Cristo, embriágame.
No permitas que me aparte de ti.
Señor, no permitas que ahora, ni después, ni nunca, me
separe de Ti.
Que yo viva por Ti, para Ti y para mis hermanos en cada
momento y circunstancias de mi vida.
contemplación
¿Cómo reflejo en mi vida lo que Dios me dice en el Texto?
En la Eucaristía, Cristo
siempre actualiza el don
de sí mismo que Él hizo
en la cruz. Toda su vida
es un acto de total
compartir, darse por
amor.
Él amaba estar con sus
discípulos y las personas
que conocía.
Esto significaba
compartir sus deseos,
sus problemas; le
conmovían sus almas y
sus vidas.
Cuando participamos en la santa Misa nos
encontramos con hombres y mujeres de
todo tipo: jóvenes, ancianos, niños;
pobres y ricos; en compañía de familiares
o solos…
¿La Eucaristía me
lleva a sentirlos de
verdad a todos como
hermanos?
¿Me empuja
a ir a los
pobres, los
enfermos,
los
marginados?
¿Crece en mí la capacidad
de alegrarme con los que
están alegres y de llorar
con los que lloran?
¿Me ayuda a reconocer en ellos el
rostro de Jesús?
Vamos a Misa porque amamos a Jesús y queremos compartir su
Pasión y su Resurrección en la Eucaristía,
¿pero amamos, como Jesús quiere que
amemos a los hermanos necesitados?
¿Me preocupa la forma de ayudar, de
acercarme, de rezar por ellos o soy un
poco indiferente?
Toma conciencia de que la Eucaristía
es la fuente y la base de tu fe,
porque ahí encuentras al Señor en
cuerpo y alma.
Pídele que te
ayude a
comprender y
valorar lo que
significa
tenerlo en la
Eucaristía.
ACCIÓN
¿A qué me comprometo?
“El que come mi carne y bebe mi
sangre habita en mí y yo en él”
Agradece al Señor el don que nos
ha hecho con la Eucaristía.
El que esté
siempre con
nosotros.
Acércate a la
Eucaristía con espíritu
de fe y de oración, de
penitencia, de alegría,
de preocupación por las
necesidades de los
hermanos, con la
certeza de que el
Señor cumplirá lo que
ha prometido.
Pide en la oración
que Jesús
Eucaristía, vida
gratuitamente
entregada, te ayude
a hacer de tú vida
una entrega
generosa y gratuita,
como don de nosotros mismos, sin cerrarnos cada uno en
nuestro propio interés, sino que busquemos juntos con
coherencia la comunicación cristiana de los bienes.
FIN
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