una promesa…
Un pecado secreto ?...
penitencia pública
Silencio y respeto
sufrimiento
dolor y sangre
la promesa se ha cumplido
El disciplinante vestido con el hábito y
acompañado de un hermano cofrade, acudirá a
la procesión, se arrodillará ante el paso al que
haya hecho la ofrenda, rezará una oración y, al
ponerse en pie, el acompañante le retirará la
capa de los hombros y le abrirá la abertura de
la espalda. El disciplinante cogerá la madeja
por la empuñadura con las dos manos y,
balanceándola entre las piernas, se golpeará la
espalda por encima del hombro
alternativamente, a izquierda y derecha,
durante un tiempo variable según cada
disciplinante, unos 20 minutos y entre 800 y
1.000 golpes, hasta que el acompañante y el
práctico decidan cuando es el momento de ser
pinchado.
Llegado este momento, se inclinará y
colocará la cabeza entre las piernas, el práctico,
le golpeará levemente tres veces cada lado de
la espalda, en la zona lumbar, para que brote
un poquito de sangre, que evite molestias
posteriores, pero nunca para mortificar más o
aumentar el sufrimiento. Después se golpeará
15 ó 20 veces más.
después de siglos, la tradición pervive
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Los 'PICAOS' de San Vicente de la Sonsierra (La Rioja