12º Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo B
Lo despertaron diciéndole:
-Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?
Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago:
-¡Silencio, cállate!
El viento cesó y hubo una gran calma.
Mc.4,37-41
La tormenta fascina y horroriza a la vez.
Ante las fuerzas de la naturaleza:
• nos sentimos pequeños e impotentes,
• se desvanece nuestra altanería habitual.
No es extraño que la Biblia
asocie la tormenta con la manifestación de Dios.
Desde la tormenta
Dios habla a Job y le interroga:
“¿ Quién cerró el mar
con una puerta, y le dijo:
hasta aquí llegarás y no pasarás,
aquí se romperá
la arrogancia de tus olas?”
Job 38,8-11
El señorío de Dios
sobre la tormenta
es una metáfora de
su señorío sobre la historia
y sus acontecimientos.
Dios se manifiesta
en los acontecimientos
de cada día
y en los que marcamos
con señales extraordinarias.
Su grito puede parecer blasfemo:
“¿ Maestro, no te importa que perezcamos?”
Jesús responde con
una intervención urgente
y majestuosa
sobre los elementos,
pero no ignora
la pregunta
que manifestaba
la inquietud de los suyos.
¿ Por qué sois tan
cobardes?
¿Aún no tenéis fe?
El relato se cierra con la pregunta final de los discípulos:
“¿Quién es este
que hasta el viento y el mar le obedecen?”
El discípulo es aquel que
se pregunta cada día
quién es Jesús.
No cabe engañarse diciendo
que uno ya ha respondido
cuando descubrió el camino
de la fe.
Jesús ha de ser descubierto
cada día.
La verdadera fe no exige milagros fulminantes,
confía en la presencia de Dios.
La fe sincera no aguarda la intervención mágica de Dios.
La fe profunda acompaña al que cree en la presencia de Dios.
Señor Jesús,
Te creemos presente en la mar
de nuestra historia.
Te agradecemos que nos
acompañes en la tribulación.
Te pedimos que aumentes
nuestra fe vacilante.
Y te rogamos que nos libres
del temor. Amén.
José Román Flecha Andrés
PALABRA DEL SEÑOR –Salamanca
Presentación: Antonia Castro Panero
Música: Magnum Mysterium
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