ARGUMENTOS
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CONTRA LAS DISCUSIONES
“La blanda respuesta quita la ira.”
Proverbios 15:1a
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¿CÓMO EMPIEZAN LAS GUERRAS?
En cierta ocasión un niño le preguntó a su padre: "¿Cómo empiezan las
guerras, papá?"
El padre le respondió: "Por ejemplo, la primera guerra mundial empezó
cuando Alemania invadió Bélgica."
Su esposa se apresuró a interrumpirle: "¡Dile la verdad al niño! ¡Empezó
por un asesinato!"
El marido se irguió con aires de superioridad y dijo bruscamente:
"¿Quién está respondiendo, tú o yo?"
¡Volviéndole la espalda enojada, salió de la
sala dando un portazo con todas sus fuerzas!
Cuando los platos dejaron de resonar en el
armario hubo a continuación un silencio
molesto, hasta que por fin el niño exclamó:
"Ya no hace falta que me expliques cómo
empiezan las guerras, papá; ¡ya lo sé!"
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¡Discutir!
¡Todos lo hacemos a veces!
¡Todos sabemos lo que es
salir de una discusión con la
boca seca, un nudo en la
garganta, la cabeza caliente y
dando vueltas, con pesar en
el corazón, arrepentidos y
sintiendo remordimiento por
las palabras ásperas que
hemos dicho!
¡Aunque parezca mentira, las
discusiones destruyen más
hogares que los incendios y
los fallecimientos!
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¡Todos sabemos que discutir por discutir
es una pérdida de tiempo inútil!
¡No tenemos absolutamente nada que
ganar, y en cambio perdemos tiempo,
energías y la amistad de alguien!
¡Se dice que en una discusión los únicos
que realmente escuchan son los vecinos!
¡Hay algunos a los que
les encanta discutir y
hacen todo lo posible
por demostrar la validez
de su opinión! Prefieren
perder un amigo que
una discusión.
¡Para otros, discutir se
ha convertido en un
hábito, en una reacción
automática, y
contradicen todo lo que
se diga!
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¡APRENDAMOS DE
BENJAMIN FRANKLIN!
El estadista, filósofo y escritor de los primeros tiempos de los
EE.UU. Benjamín Franklin, no podía contener el impulso de
discutir. De joven no había nada que le gustara más que las
discusiones, hasta que un amigo íntimo se lo llevó aparte y le
dijo:
"¡Ben, eres imposible! ¡Tus opiniones son una bofetada para
todo el que no esté de acuerdo contigo! ¡Tus amigos se lo pasan
mejor cuando tú no estás presente! Te crees que sabes tanto que
nadie te puede decir nada. ¡La verdad es que nadie lo va a
intentar siquiera, porque el esfuerzo sólo le produciría
incomodidad y dificultad! ¡De manera que no es probable que
llegues a saber más de lo que sabes ahora, lo cual en realidad es
muy poco!"
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¡Benjamín Franklin tenía la suficiente grandeza y sabiduría
para aceptar estas crudas verdades y darse cuenta de que
estaba abocado al fracaso y la catástrofe en su vida social!
¡Por ello, se dispuso inmediatamente a cambiar su forma de
ser fanática y argumentadora! Llegó a ser uno de los
hombres más queridos, sabios y diplomáticos de la historia
de EE.UU., y de hecho se le recuerda por haber afirmado:
"Si discutes, contradices y
causas rencor, es posible que a
veces triunfes.
¡Pero será un triunfo vano,
porque nunca te ganarás la
benevolencia de tu oponente!"
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¡Nadie gana jamás una discusión!
¡Uno puede gritar, chillar y discutir hasta ponerse morado,
pero nadie creerá que tiene razón si no quiere creerlo!
Y aunque puede que a los demás les hubiera gustado estar de acuerdo,
es posible que el tono de la voz de uno los hubiera puesto tan a la
defensiva que equivaldría a una humillación y derrota total en el campo
de batalla confesar que uno tiene razón aunque fuera en parte!
¡Recuerda que por
muchos
argumentos
lógicos que
emplees, no
conseguirás que
nadie cambie de
parecer si no
quiere cambiar!
¡Nueve de cada
diez veces, al final
de una discusión
cada uno de los
bandos está más
convencido que
nunca de que tiene
toda la razón!
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¡Es imposible ganar una discusión,
porque si se pierde, se pierde!
¡Y si se gana, se pierde!
¿Por qué?
Supongamos que triunfas sobre el otro y dejas
sus argumentos por los suelos demostrando
que está equivocado y que es un perfecto idiota.
Entonces, ¿qué?
Tú te sientes bien. Pero, ¿y la otra persona? Has hecho
que se sienta inferior. La has herido en su amor propio.
Es posible que se resienta de tu
triunfo, y...
¡El que sea convencido contra su
voluntad seguirá opinando igual!
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"¿QUE CAUSA LAS PELEAS Y DISPUTAS
ENTRE VOSOTROS?"
Santiago dice a continuación: "¿Acaso no vienen de las pasiones y deseos
que combaten en vuestro interior? Codiciáis algo y no lo recibís... por eso
combatís y lucháis."
(Santiago 4:1-2)
Así pues, la codicia y el egoísmo pueden ser algunas de las causas de las
discusiones para tratar de conseguir algo que egoístamente deseamos.
Otras discusiones pueden estar causadas por el orgullo.
Proverbios 13:10 dice: "La soberbia sólo contiendas ocasiona; pero
es
sabio quien toma consejo."
Además, como hemos visto claramente, muchas
discusiones están causadas por la autojusticia. ¡Insistir para
hacer valer una opinión creyendo que se tiene toda la razón
mientras uno se ensalza al mismo tiempo que rebaja a la
otra persona al contradecirla!
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¡Y la causa de todo se puede
resumir en la falta de amor!
¡El verdadero problema no es discutir, eso no es sino un
síntoma! ¡El verdadero problema es la falta de amor!
Esa es una de las cosas más importantes que quiere el Señor
que aprendamos: a amar a los demás, a trabajar con ellos, a
tratarlos, a concederles ventaja y darles el beneficio de la duda, a
edificarlos desinteresadamente en vez de derribarlos
egoístamente por medio de discordias y discusiones!
¡Todo eso forma parte de aprender a amar,
ponernos en el lugar de los demás,
"hacer con los demás como nos gustaría que hicieran con nosotros"!
(Mateo 7:12)
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¡Pídele a Jesús que te dé más amor y
te ayude a superar la costumbre de
discutir! Únicamente Él puede darte
soluciones espirituales, transformar tu
corazón y espíritu y llenarte de su
Espíritu de Amor, gozo, paz, paciencia,
amabilidad, bondad, fidelidad, suavidad
de maneras y dominio de ti mismo.
(Gálatas 5:22)
¡Sólo El te puede dar la fortaleza y la
gracia para amar y no discutir! ¡De
modo que no te separes de El!
El Amor, la Unidad y la Oración nos ayudan a
resolver todos los problemas.
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“Argumento contra las Discusiones”
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THE ARGUMENT AGAINST ARGUMENTS