Dijo el Señor:
- La mies es mucha, y los obreros pocos.
Rogad, pues, al dueño de la mies que envíe
obreros a su mies.
Id; mirad que os envío como
corderos en medio de lobos.
No llevéis bolsas, ni alforja,
ni sandalias.
Y no saludéis a nadie por
el camino.
En la casa en que entréis,
decid primero:
“ Paz a esta casa”(…)
Curad los enfermos que haya
en ella, y decidles:
“El Reino de Dios está cerca
de vosotros”.
(Lc 10, 1-9)
No es fácil ser cristianos
hoy.
En realidad nunca lo ha
sido.
En nuestros días muchos
cristianos son perseguidos,
maltratados, ridiculizados.
Seguramente la verdadera
“era de los mártires” no se
encuentra en los siglos
pasados.
Las dificultades que aguardan a los seguidores
de Jesús les fueron ya anunciadas por el Maestro.
Miembros de un pueblo de pastores,
empleaba su mismo lenguaje:
“Mirad que os mando
como corderos en medio de lobos”.
Les pide que no lleven demasiados atavíos
para el camino.
Que no pierdan el tiempo en distracciones
ni cumplidos.
Que no respondan al desdén de la ofensa.
Su saludo ha de ser siempre un deseo de paz
Un evangelio de la libertad no puede ser anunciado
por quienes no se sienten libres.
El mensajero no es
enviado a proponer su
propia interpretación
del mundo y de la
historia.
No se predica a sí
mismo.
Debe fidelidad a un
mensaje que le ha
sido confiado.
El discípulo sabe que anunciar los
valores del Reino de Dios es su mejor
servicio al hombre y a la sociedad.
Esas palabras condensan el fundamento
para la confianza social
y para la esperanza cristiana.
La vida no es
“un cuento imbécil contado para un idiota”,
- como diría Hamlet.
La cercanía del reino de Dios redime
nuestra historia de la nausea y del fracaso.
En el texto que hoy se proclama,
los discípulos vuelven a Jesús felices y contentos
por su primera experiencia misionera.
La respuesta de Jesús trata de darle su
sentido exacto.
“No
estéis alegres
porque se os someten los espíritus;
estad alegres
porque vuestros nombres
están inscritos en el cielo”.
Ni la Iglesia ni los cristianos pueden poner
su satisfacción en los éxitos conseguidos,
aunque fueran los de erradicar los males
de este mundo.
Su libertad es pura gracia de Dios.
Señor Jesús,
que nos has llamado a seguirte por el camino
y a anunciar el Reino de Dios, concédenos
los dones de la fidelidad y de la alegría. Amén.
Texto: José Román Flecha Andrés
PALABRA DEL SEÑOR –Salamanca Presentación: Antonia Castro Panero
Música: Autumn Wind
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