Cada vez que hacemos la señal de la Cruz para iniciar el rezo
del Santo Rosario, tiemblan las puertas del infierno
porque son infinitas las gracias que Dios nos concede por este medio:
Se evitan muchas guerras de todo tipo.
Los pecadores se convierten.
Los tibios se vuelven fervorosos.
Los fervorosos se vuelven santos.
El enemigo huye de nuestra vida.
Adquirimos méritos para la otra vida.
Las almas del purgatorio tienen un gran consuelo y liberación.
Se consiguen toda clase de peticiones si son para nuestro bien.
Como los pensamientos que nos rodean son los pensamientos que nos moldean
y el Rosario es una oración de reflexión sobre la vida de Jesús,
cuyas virtudes van a ir creciendo en nuestro corazón.
Las Ave Marías son como música de fondo
mientras uno contempla la vida de Jesús.
Miremos la vida del Señor mientras rezamos los 10 Ave Marías
como si viéramos una película sobre el misterio que estamos meditando,
así evitaremos toda distracción, mientras tanto…
Dios trabaja en nuestro corazón.
Los Misterios Gozosos nos enseñan que la vida está hecha para ser gozosa,
que Dios nos ha creado para la felicidad que se obtiene haciendo Su voluntad
porque siempre es para nuestro bien.
Los Misterios Luminosos nos enseñan la Vida ejemplar de Jesús.
Los Misterios Dolorosos nos dicen que el pecado es el camino
del dolor y meditamos a la vez los sufrimientos que padeció Jesús a causa de ellos.
Los Misterios Gloriosos nos enseña que la vida tiene un propósito,
una meta más allá de esta vida.
Sixto IV (1471_1484)
“El Rosario es un medio eficaz para honrar a Dios y a la Virgen,
y para ahuyentar los graves males del mundo”.
San Pío V (1566-1572)
“Con este modo de orar, encendidos con sus meditaciones e inflamados
con sus plegarias, los hombres se volvían otros,
las herejías se disipaban y brillaba la luz de la fe católica”.
Pío IX (1846-1878)
“Rezad esta oración tan sencilla. Anunciad que el Papa no se contenta
con bendecir el Rosario, sino que lo reza cada día y quiere que sus hijos hagan otro tanto.
Tal es mi última palabra, que os dejo como recuerdo”.
León XIII (1878-1903)
“Nos pensamos no haber hecho nunca bastante para promover esta piadosa práctica,
que desearíamos ver siempre más ampliamente difundida y hacerse
la devoción verdaderamente popular de todos los lugares y de todos los días”.
San Pío X (1903-1914)
“El Rosario es la oración por excelencia
de todo el pueblo cristiano”.
Benedicto XV (1914-1922)
“Es una de las más sublimes flores de la piedad cristiana,
uno de los más fecundos manantiales de gracias divinas”.
Pío XI (1922- 1939)
“Procurad vosotros y cuantos os ayudan que los fieles
de todas las clases vean con entera claridad
las excelencias y utilidades del Rosario”.
Pío XII (1939-1958)
“El Santo Rosario es el modo más conveniente y eficaz, según lo recomienda su origen,
más celestial que humano, por su misma naturaleza”.
Juan XXIII (1958-1963)
“Este dulce recuerdo de nuestra juventud no nos ha abandonado en el correr de los años,
ni se ha debilitado; por el contrario, cada vez es más querida a nuestro espíritu el Santo
Rosario, que no dejamos nunca de recitar completo todos los días del año.”
Pablo VI (1863-1978)
"El Rosario es una oración ‘Oración evangélica’ centrada en el misterio
de la encarnación redentora, el Rosario es, pues,
oración de orientación profundamente cristológica”.
Juan Pablo II (1978-2005)
“Esta oración rezada con alma pura y devoción obtiene del Padre celestial, en Cristo
y por intercesión de la Madre de Dios, protección contra los males más graves
que puedan amenazar a la cristiandad y a la misma humanidad, y consigue así
los supremos bienes de la justicia y la paz entre los individuos y entre los pueblos.
Nuestra Señora dijo en Fátima en el año 1917:
“El Rosario es el arma que puede traer la Paz al Mundo.”
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