ASSUMPTA EST MARIA IN CAELUM
Primeras referencias
litúrgicas
La primera referencia
oficial a la Asunción se
halla en la liturgia oriental;
en el siglo IV se celebraba
la fiesta de "El Recuerdo
de María" que
conmemoraba la entrada
al cielo de la Virgen María
y donde se hacía
referencia a su asunción.
Esta fiesta en el siglo VI fue llamada
la Dormitio (χοίμŋσις) o Dormición de María,
donde se celebraba la muerte, resurrección y
asunción de María.
El dogma
En 1849 llegaron las
primeras peticiones
al Vaticano de parte de
los obispos para que la
Asunción se declarara
como doctrina de fe;
estas peticiones
aumentaron conforme
pasaron los años.
Cuando el papa Pío XII consultó al episcopado
en 1946 por medio de la carta Deiparae Virginis Mariae,
la afirmación de que fuera declarada dogma fue casi
unánime.
Como es
sabido, el Papa
Pío XII, declaró
el Dogma de la
Asunción de la
Santísima
Virgen en
cuerpo y alma
al Cielo el día 1
de noviembre
de 1950.
Lo hizo desde el atrio exterior de San Pedro Vaticano,
rodeado de 36 Cardenales, 555 Patriarcas, Arzobispos y
Obispos, de gran número de dignatarios eclesiásticos y de
una muchedumbre entusiasmada, de aproximadamente un
millón de personas. Definió así solemnemente, con su
suprema autoridad, este dogma mariano.
Es una exigencia de la
Inmaculada Concepción:
“Este privilegio -el de la
Asunción de Maríaresplandeció con nuevo fulgor
desde que Pío IX, definió
solemnemente el Dogma de la
Inmaculada Concepción.
Estos dos privilegios están en efecto- estrechamente
unidos entre sí. Dios no
quiere conceder a los
justos el pleno efecto de
esta victoria sobre la
muerte, sino cuando haya
llegado el fin de los
tiempos.
Ella, por privilegio del
todo singular, venció
al pecado con su
Concepción
Inmaculada; por
eso no estuvo sujeta
a la ley de
permanecer en la
corrupción del
sepulcro, ni tuvo
que esperar la
redención de su
cuerpo hasta el fin
del mundo.”
Es una exigencia de su
dignidad de Madre de
Dios y del amor de su
Divino Hijo hacia ella:
“Los Santos Padres y los
Teólogos tienen como
último fundamento la
Sagrada Escritura, la
cual nos presenta a
la excelsa Madre de
Dios unida
estrechamente a su
Hijo y siempre partícipe
de su suerte.
De donde parece imposible
imaginarse separada de Cristo, si
no con el alma, al menos con el
cuerpo, después de esta vida, a
Aquélla que le concibió, le dio a
luz, le nutrió con su leche, le
llevó en sus brazos y le apretó a
su pecho
Por eso, después que una y
otra vez hemos elevado a Dios
nuestras preces suplicantes e
invocado la luz del Espíritu de
Verdad, para gloria de Dios
omnipotente que otorgó su
particular benevolencia a la
Virgen María, para honor de su
Hijo, Rey inmortal de los siglos
y vencedor del pecado y de la
muerte, para aumento de la
gloria de la misma augusta
Madre, y gozo y regocijo de
toda la Iglesia,
por la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los
bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo y nuestra,
proclamamos, declaramos y definimos ser dogma
divinamente revelado: Que la Inmaculada Madre de Dios,
siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida
terrestre, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial
Sólo la Niña aquella, la Niña
inmaculada,
la Madre que del hijo recibió su
hermosura,
la Virgen que le dice a su Creador
criatura,
sólo esa Niña bella al cielo fue
elevada.
Nuestro barro pequeño, de nostalgia
extasiado,
ardientemente quiere subir un día
cualquiera
al cielo, dónde el barro de nuestra
Niña espera
purificar en gracia nuestro barro
manchado. Amén.
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