Salieron y se embarcaron, y aquella noche
no pescaron nada.
Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó
en la orilla, pero ellos no le reconocieron.
-Muchachos, ¿Tenéis pescado?
Ellos contestaron: -NO
-Echad la red a la derecha de la barca
y encontraréis.
La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla,
por la multitud de peces.
Y aquel discípulo que Jesús tanto quería
le dice a Pedro:
Jn 21, 4-7
Después de la muerte de Jesús, los discípulos
regresan al lago de Galilea.
Pero allá vuelve a buscarlos
el Señor resucitado.
La elección primera no ha
perdido validez.
Aunque los discípulos
pretendan olvidarlo, Él no
los olvida.
Al amanecer no tienen pescado en las redes.
De nuevo es la presencia de Jesús y no el esfuerzo de
sus discípulos lo que hace eficaces sus intentos.
LA FE SUPERA A LA PROFESIONALIDAD.
Llegados a tierra son invitados por Jesús a almorzar.
El convite, signo de amistad y de intimidad,
nace también de la iniciativa de Jesús.
Toma el pan y lo entrega
a sus discípulos.
El gesto, sin palabras,
 evoca su entrega,
 confirma su amistad y
 reclama la confianza de sus
discípulos que lo abandonaron.
Como buen pastor,
el Señor recoge
a sus ovejas
perdidas.
Esa referencia a la noche del abandono queda
especialmente subrayada por el diálogo
entre Jesús y Pedro
Como en las mejores historias de amor, la evocación
de los comienzos ofrece consistencia a la fidelidad.
La llamada al seguimiento incluye la perspectiva
de muerte con que el discípulo dará gloria a Dios.
Señor Jesús, resucitado
de entre los muertos, tú no
olvidas a los que has
llamado, sino que les
reiteras tu confianza.
Queremos descubrir tu
presencia en nuestras
tareas de cada día y
mantenernos fieles a la
vocación con que nos has
distinguido.
Amén. Aleluya.
Texto: José
Román Flecha Andrés
Libro: PALABRA del SEÑOR
Salamanca (España) 2007
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