Mientras comían, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición,
lo partió y se lo dio, diciendo: -Tomad, esto es mi cuerpo…
Lc.14, 22-24
Hay restaurantes que “dan primeras comuniones”.
Se viste a los niños como si hubieran celebrado
su Primera Comunión, y sin pasar por la iglesia,
se organiza una fiesta en su honor.
Todo ocurre “como si” esa fiesta familiar siguiera
a una celebración cristiana.
Pero no es verdad.
No es honrado darle un nombre que remite a la fe,
cuando no se ha intentado siquiera celebrar
un misterio de la fe.
Esto debería recordarnos que incoherencias
semejantes se dan en otras muchas ocasiones.
Por ejemplo, cuando celebramos la eucaristía
del Señor, sin entregarnos al servicio de los demás.
Olvidamos que eso es lo que el Señor reflejaba
en el gesto de la entrega del pan y del vino.
Otra incoherencia frecuente se da cuando recibimos
la “comunión” sin procurar estar en “comunión” sincera
con la comunidad eclesial a la que pertenecemos.
En esos casos el signo no contiene el significado que aparenta.
Está vacío. No es verdadero.
En la fiesta del Cuerpo y la Sangre del Señor,
volvemos a meditar el relato de la institución de la Eucaristía.
¿Qué significa para los seguidores de Jesús?
Es un alimento para la vida y una celebración de la vida recibida.
“ La Eucaristía es fuente
y culmen de toda la vida
cristiana.
En ella alcanzan su cumbre
la acción santificante de
Dios sobre nosotros y
nuestro culto a Él.
Contiene todo el bien espiritual de la Iglesia:
el mismo Cristo, nuestra Pascua.
Expresa y produce la comunión en la vida divina
y la unidad del Pueblo de Dios.
Mediante la celebración eucarística nos unimos
a la liturgia del cielo y anticipamos la vida eterna”.
-Catecismo de la Iglesia Católica-
Eso es lo que representa
la Eucaristía en la vida de la Iglesia.
Podríamos preguntarnos
cuál de esos efectos
es más significativo para cada uno
de nosotros
y para nuestra comunidad.
“Tomad. Esto es mi cuerpo”.
Jesús se había entregado a los demás
con toda sinceridad.
Había estado cerca de los enfermos
y de los pecadores.
En la víspera de su muerte,
el pan era su palabra.
El pan era su vida.
Gracias a aquel alimento sería posible
recorrer cada día el camino de la fe.
“Esta es mi sangre derramada por todos”.
Los corderos sacrificados en las fiestas de Pascua recordaban
la liberación de su pueblo.
También él ofrecía su sangre como bebida.
Y como signo de una nueva libertad
El vino era su mensaje de alegría. El vino era su vida.
Gracias a aquella bebida sería posible celebrar el encuentro
de la fraternidad.
Señor Jesús, “sacerdote, víctima y altar”, que te entregas
en la eucaristía para que tengamos vida, reúnenos
como hermanos en torno a la mesa de este sacramento.
Amén.
Texto: José
Román Flecha Andrés
PALABRA DEL SEÑOR
Secretariado Trinitario - Salamanca
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