‫בדף ‪ 190‬בספרו "היסטוריה של המחר" נוח הררי מספר לנו על חייהם הקשים של האיכרים במצרים הפרעונית‪,‬‬
‫כפי שבאים לביטוי בהנחיות דואה‪-‬חטי לבנו פפי‪ ,‬בדרכם לבית הספר ללבלרים וסופרים‪:‬‬
‫מצגת זו מוקדשת לטקסט מצרי זה‪ ,‬המוכר כ"הנחיות דואה‪-‬חטי"‪."Papyrus Sallier 2" ,‬‬
La Sátira de los oficios, también llamada
Instrucciones de Dua-Jeti, es una obra
literaria de tipo didáctico del Antiguo
Egipto, datada circa 2400 a. C. Pertenece al
género Sebayt, y está escrita por el escriba
Dua-Jeti para su hijo Pepi. Se piensa que el
autor puede haberse guiado por las
Instrucciones de Amenemhat.
Describe un cierto número de profesiones
con una luz exageradamente negativa,
resaltando las ventajas de la del escriba:
Papyrus Sallier 2
Papyrus; Hieratic literary text. End of Teaching of Khety 19th Dynasty
(the so-called "Satire on Trades")
Es la mejor de las profesiones.
No hay nada igual en todo el país.
¡Dedicaos en cuerpo y alma a los libros!
¡No hay nada mejor que los libros!
Mirad, no existe profesión sin jefe.
Excepto la de escriba. Él es el jefe.
Se considera generalmente como una sátira, aunque Helck piensa que refleja la verdadera actitud
de los escribas hacia otros profesionales.
El texto ha sobrevivido en su totalidad en el papiro Sallier II escrito durante la dinastía XIX, que se
encuentra en el Museo Británico.
Amenemhat III, Musée du Louvre
La Instrucción de Dua-Khety
Comienzo de la instrucción que el hombre de Silé llamado DwaJeti hizo para su hijo Pepy, mientras navegaba en dirección del sur
hacia la Residencia, a fin de ponerlo en la escuela de escritura entre
los hijos de los dignatarios, la escuela más famosa de la Residencia.
Le habló así:
He visto a los que reciben golpes. ¡Tú debes dedicarte a la
escritura! He observado a los que han conducido al trabajo forzado.
Mira: nada sobrepasa a la escritura: ¡es un barco sobre el agua!
Lee, pues, al final del libro de Kemyet, esta afirmación: «EI
escriba, sea cual fuere su oficio en la Residencia, no carecerá de
nada».
El cumple los deseos de otro que hasta entonces nunca se había marchado satisfecho. Yo no veo otra profesión
que pueda compararse con ésa y verificar esta máxima. Voy a hacerte amar los libros más que a tu madre y a
desplegar ante ti su excelencia. Es la mayor de las profesiones. Nada en la tierra es comparable con ella. Apenas el
escriba empieza a ser experto, ya se le saluda, aunque sea aún niño, y lo envían a ejecutar una tarea; ¡no volverá
ya a ponerse un delantal (de artesano)!
Nunca vi a un picapedrero hacer una carrera (importante), ni a un orfebre encargado de una misión; pero
he visto a un calderero a la puerta de su horno. Sus dedos se parecían a las garras del cocodrilo y olía
peor que el pescado podrido.
Carpenter's workshop
Middle Kingdom
El carpintero que lleva la hazada está más cansado que un jornalero del campo. Su campo es su madera; su hoz es el
hacha. Su trabajo no conoce tregua y tiene que cansarse más allá de sus fuerzas; al caer la noche, todavía tiene que
encender (...)
El joyero horada cuentas para el collar con toda clase de piedras duras; y cuando ha acabado de incrustar el ojo de los
amuletos, le fallan las fuerzas, está agotado. Se sienta hasta la llegada del sol, con calambres en las rodillas y en la (...)
El barbero sigue rapando hasta el anochecer; pero tiene que levantarse muy pronto y gritar, con la bacía en la mano,
yendo de calle en calle en busca de quién afeitar. Utiliza los brazos para llenar el vientre, como la abeja que no come más
que según lo que trabaja.
.
El cortador de cañas baja por el río hasta el delta para ir él mismo a buscar flechas. Trabaja por encima de sus
fuerzas, picado por los mosquitos y mordido por las pulgas de la arena. Y entonces tiene fiebre.
El alfarero está cubierto de tierra, aunque todavía vive entre los vivos. Revuelve el
campo como un puerco para (poder) cocer sus cacharros. Sus vestidos están sucios de
barro; su turbante no es más que un andrajo. El aire que sale de su horno ardiente le
penetra por la nariz. Pisa la arcilla con sus pies, haciendo él mismo (oficio) de pilón.
Ensucia el vestíbulo de las casas con la tierra que aplasta.
También te describiré al albañil. Sus riñones le hacen
daño, porque tiene que quedarse fuera, al viento y sin
vestidos, con una cuerda por cinturón y un trapo en
las nalgas. Tensos de cansancio, sus brazos pierden
toda su fuerza. Endureciendo boñigas con la argamasa,
se come el pan con sus dedos (sucios), pues sólo se
lava una vez al día.
¡Qué vida tan dura la del carpintero que cepilla las
vigas! Para el techo de una habitación de diez codos
por seis, se pasa un mes hasta haber puesto las vigas,
extendido la techumbre y terminado todo el trabajo.
Pero (durante ese tiempo) nadie proporciona en su
casa el alimento necesario a sus hijos.
Pago de impuestos
El hortelano tiene que llevar el yugo; sus dos hombros se doblan bajo el corvejón y lleva en la nuca
una callosidad que se infecta. Se pasa la mañana regando legumbres, la tarde regando pepinos, y el
mediodía el palmeral. A veces se derrumba y muere en la tarea, más que en cualquier otro oficio.
El aldeano grita más que los grajos; su voz es más fuerte que la de los cuervos. Sus dedos están
llagados por la (tierra) que apesta. Cuando lo llevan para contratarlo en la tierra del Delta, está hecho un
pingajo. Sufre, una vez llegado a la isla, pues la enfermedad es su salario y la tarea allí se triplica. Si
vuelve del pantano, llega a su casa totalmente agotado, pues el trabajo ha arruinado su salud.
El tejedor en el interior de su taller es más desgraciado que una mujer (en dolores de parto);
las rodillas apretadas contra el vientre, no puede ni respirar. Si pierde un solo día sin tejer, lo
castigan con cincuenta latigazos. Y tiene que dar alimento al portero para que éste le permita
venir a la luz del día.
Más desgraciado aún, el fabricante de flechas que tiene que ir al desierto. Tiene que pagar por su burra
más de lo que le proporciona su trabajo y abonar al campesino que le indica el camino. Cuando vuelve
a casa, el camino lo ha destrozado.
El caravanero se va al extranjero, después de haber traspasado sus bienes a sus hijos, por miedo a los
leones y a los asiáticos. Sólo se encuentra bien cuando vuelve a Egipto, pues (durante su viaje) su casa
es sólo una lona, en vez de un techo de tejas, y sin vestíbulo para tomar el aire.
El embalsamador tiene los dedos que apestan con el olor de los cadáveres y los ojos irritados por el denso
humo. No puede deshacerse de su suciedad, aun cuando pase un día entero en un charco de cañas, y sus
vestidos le causan hedor.
Muy desgraciado es el curtidor que transporta sus varas de curtir. Sus almacenes están llenos de pellejos y
todo lo que muerde le sabe a cuero.
El lavandero hace la colada a la orilla del agua, muy
cerca de los cocodrilos. «Padre -le dicen su hijo y su
hija-, me voy lejos del agua corriente, a buscar un oficio
más interesante, cualquiera que sea, pero más
destacado». Su comida está mezclada de suciedad; ~no
tiene ni un solo miembro limpio! Tiene que lavar la
ropa de la mujer impura. Llora, pasando el día batiendo
en la losa (de lavar). Le gritan: «¡Lejía sucia! ¡Ven
pronto, que esto se derrama!».
Al pajarero nada le va bien cuando acecha a los habitantes del cielo. Cuando
pasa algo volando por encima de el, dice: «Si tuviera ahora mis redes...». Pero
el dios no le da esa oportunidad, ya que sólo siente odio por lo que ha hecho.
Quiero hablarte también del pescador, que es el que tiene un oficio más
desgraciado, ya que ha de trabajar con la orilla infestada de cocodrilos. Cuando
cuenta (su pesca), se queja y no puede decir (como) excusa: «Había allí un
cocodrilo», ya que ha sido su miedo el que lo ha cegado. Cuando llega al río, dice:
«¡A dios va!».
Mira, además no hay oficio sin patrono, excepto el del escriba, ¡pues él es el amo!
Si sabes escribir, esto será mejor para ti que todos los oficios que te he presentado. Mira, el funcionario es un
dependiente, lo mismo que el administrado. El arrendatario no puede decirle al propietario: «¡No te quedes
vigilándome!».
Lo que he hecho (al emprender) este viaje desde el sur hasta la Residencia, lo he hecho por amor a ti. (Hasta) un solo
día en la escuela es ventajoso para ti, ya que el trabajo que allí se hace dura toda la eternidad, como las montañas. Busca
con agrado el trabajo de la escuela, mientras que los trabajadores que te he dado a conocer tienen que desvivirse y
obligan a obrar rápidos a los recalcitrantes.
Voy a decirte otra cosa para enseñarte lo que has de saber en ese sitio en que tendrás que luchar. No te
acerques a un lugar donde disputan. Si alguno te dirige algún reproche y no sabes cómo resistir a su cólera
en presencia de oyentes, responde con precaución.
Si marchas detrás de los oficiales, permanece a distancia del último. Si entras cuando el dueño de casa
está en ella y delante de ti sus manos se tienden a otro, siéntate con la mano en la boca. No pidas nada en
su presencia, sino haz lo que diga. Guárdate de acercarte a la mesa.
.
An ancient Egyptian carving showing scribes counting the
hands of women killed in battle by the forces of Pharoah
Ramses II. Temple of Medinet Habu on the West Bank of the
Nile at Luxor, Egypt.
Permanece serio, no te despojes de tu dignidad. No digas tus secretos, pues el que oculta sus pensamientos íntimos ése se
hace un escudo. No pronuncies palabras sin pensar cuando te sientes con un hombre irritado.
Cuando vuelvas de la escuela después del anuncio de la pausa del mediodía, entra en el patio y discute de la última parte
de tu libro de lectura.
Cuando un funcionario te envíe como mensajero, di lo que él dijo. No cortes ni añadas nada. El que abandona un cofre (¿de
libros?), su nombre no durará. Al que es sabio en todos sus caminos, nada se le ocultará y no será rechazado para ninguno de
sus puestos.
No digas nada falso sobre tu madre: es una abominación para los funcionarios.
El retoño que hace cosas útiles, su condición es igual a la de ayer.
No tengas demasiada indulgencia con un hombre indisciplinado, pues luego hablarían mal de ti.
Cuando hayas comido tres bocados de pan y echado dos tragos de cerveza, si tu cuerpo no queda
satisfecho, dómalo. Si otro se atraca, no te juntes con él. ¡Guárdate de acercarte a su mesa!
Mira, es conveniente que, una vez despedida la gente, oigas (sólo) las palabras de los dignatarios.
Tienes que adoptar las formas de los hijos de los nobles y seguir sus huellas.
Se estima a un escriba que se muestra comprensivo, ya que la comprensión transforma a una
persona apasionada.
Permanece en pie cuando te dirigen palabras de bienvenida. Que tus pies no se apresuren cuando
caminas. No te acerques como hombre lleno de confianza.
Trata con un hombre más eminente que tú; pero que tu amigo sea de tu generación
.
Mira, te he puesto en el camino del dios. La Renenet [diosa protectora] de un escriba está sobre su
hombro desde el día de su nacimiento. Cuando se hace hombre cabal, llega a la sala de la corte de justicia.
Mira, no hay escriba a quien le falten el alimento y las provisiones de la Casa real - ¡vida, prosperidad,
salud! -. Es Meskenet [diosa del nacimiento y del destino], protectora del escriba, la que lo presenta ante
el colegio de los magistrados.
Venera a tu padre y a tu madre, que te pusieron en el camino de los vivientes. Recuerda bien todo esto,
que he puesto ante tus ojos y ante los de los hijos de tus (...)
Felizmente acabado.
Meskenet, diosa del nacimiento y del destino
http://www.reshafim.org.il/ad/egypt/texts
http://www.ucl.ac.uk/museums-static/digitalegyp
http://en.wikipedia.org/wiki/The_Satire_of_the_Trades
http://www.britishmuseum.org/research/collection_online/collection_object_details/collecti
on_image_gallery.aspx?assetId=181215001&objectId=111357&partId=1#more-views
http://www.oocities.org/siptah.geo/ptah7.html
‫קלריטה ואפרים‬
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