‘Desendiosados’
para servir
(I)
Textos: Santiago Agrelo, arzobispo de Tánger (Marruecos)
Por favor no toques el ratón
El profeta escribió:
“El injusto tiene el alma hinchada; …
“… Pero el justo vivirá por su fe”
Y Jesús dijo a los apóstoles:
“Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa
morera: «Arráncate de raíz y plántate en el mar», y os obedecería”.
Y nosotros oramos diciendo:
“Escucharemos tu voz, Señor”.
Puede que el lenguaje del profeta, el de Jesús, el de tu
misma oración, te parezca propio de un tiempo pasado y
de una ignorancia en vías de extinción.
Puede que me digas:
Contamos los parados a millones,
¡y tú nos hablas de fe!
Contamos por millares a decenas
los que mueren de hambre cada día,
¡y tú nos hablas de
escuchar la voz del Señor!
Hemos perdido la cuenta de las víctimas de la explotación
laboral, de la explotación sexual, del tráfico de personas,
¡y tú nos hablas de
arrancar moreras y plantarlas en el mar!
¡¡ Pues sí !!
Por los parados a millones, por los muertos de hambre, por los
esclavos de todas las latitudes, precisamente por ellos quiero
hablarte de Dios, de su voz y de tu fe.
Muchos pensaron que el dinero,
-sacralizado, adorado y concentrado-
sería el garante de un progreso ilimitado
para la humanidad.
Lo pensaron y se equivocaron.
Prometieron a los pobres un paraíso, les vendieron un
mundo en el que “ningún hombre, mujer o niño se
acostaría con hambre”
No sabría decir si pretendieron
engañarles, pero sé de cierto que
se equivocaron en su previsiones.
Parados, hambrientos y esclavos no
son hijos de la tierra o de la fatalidad,
sino hechura de un dios llamado
dinero.
Parados, hambrientos y esclavos son en
realidad las víctimas que el dinero necesita
para mantenerse erguido en su pedestal.
El dinero endiosado miente,
esclaviza y mata.
No así Dios:
El Señor de los cielos se hizo siervo de todos, para
enseñarnos el camino que lleva a la verdadera grandeza.
No así Dios:
La Palabra se arrodilló a los pies de los pobres, para curar enfermedades,
iluminar oscuridades, expulsar demonios, abrir sepulcros, perdonar pecados,
revelar el evangelio del amor y proclamar un jubileo de gracia y misericordia.
La Palabra ‘se desendiosó’
–San Pablo diría: “no hizo alarde de su categoría de
Dios”-, y, de ese modo, empobrecida, anonadada,
solidaria y compasiva, se hizo camino, verdad, vida para
todos.
http://www.granosdemaiz.com
Descargar

Diapositiva 1