Por Sara Folgar Delgado
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Dédalo era un artista, arquitecto e inventor ateniense que había aprendido
su arte con la diosa Atenea.
Sin embargo le aventajaba su sobrino Talos, el cual siendo aún muy joven
inventó la sierra, el torno de alfarero y el compás.
Celoso, Dédalo arrojó a Talos desde el tejado del templo de Atenea y lo
mató. Por esa razón fue desterrado hallando refugio en la corte del rey
Minos, donde tuvo con una joven esclava dos hijos: Ícaro y Yápige.
Palacio de Minos
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Minos le ordenó a Dédalo que construyera el
laberinto de Creta, un enorme y enrevesado
recinto subterráneo con una sola puerta de
entrada y salida donde recluiría de por vida al
Minotauro, evitando así que se conociera la
verdad sobre el hijo de su esposa Pasífae con
el toro.
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Laberinto de Creta
Una vez terminado el
laberinto de Creta, Minos
mandó recluir a Dédalo y a
su hijo Ícaro en una torre a
fin de mantener en secreto
la existencia del Minotauro
que se encontraba dentro
del laberinto.
Minos pretendía retenerlos
prisioneros en lo alto de
una torre, con la única
escalera de salida
fuertemente custodiada.
Tan seguro estaba de que
no podrían escapar que no
se molestó en que llevaran
grilletes.
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Dédalo llevaba consigo unas tablillas de cera y los rincones de la celda se
hallaban cubiertos de hojas y plumas que habían entrado por la ventana y
que allí habían ido acumulándose desde la construcción de la torre sin que
nadie se ocupara de su limpieza. El inventor recogió entonces las plumas y
las unió con cera para fabricar con ellas dos pares de alas.
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Él se quedó con las más
grandes y entregó las
otras a Ícaro,
advirtiéndole de que le
siguiera de cerca y que
no volara demasiado
bajo para evitar que las
alas tocaran el mar y se
mojaran ni demasiado
alto, pues el calor del sol
podría derretir la cera.
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Padre e hijo lograron escapar de la torre y los cretenses que los
vieron pasar por el cielo los tomaron por dioses inmortales.
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Tras sobrevolar muchas de
las islas griegas de regreso
a su patria, Ícaro se cansó
del ritmo lento y constante
que le marcaba su padre,
avanzando siempre a la
misma altura.
Creyendo que podría
realizar una pequeña
maniobra con aquellas alas
sin que su padre lo
advirtiera, comenzó a hacer
acrobacias aéreas
descendiendo en picado
para luego elevarse cada
vez más alto.
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Tanto llegó a
acercarse al sol que
la cera de las alas se
derritió y las plumas
comenzaron a
desprenderse. Las
alas no soportaron
más el peso de Ícaro,
que se precipitó y
cayó al mar
ahogándose ante la
mirada atónita de su
padre.
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Según la leyenda, las plumas que quedaron flotando sobre el
mar tiempo después formaron las islas Ícaras, llamadas así en
recuerdo del joven que intentó volar hacia el sol.
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Bibliografía:
-Mitología, todos los mitos y leyendas del mundo – Círculo de lectores, 2003
-Wikipedia
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