Este magnífico canto de acción de
gracias celebra una victoria de
Israel, en la que se puso de
manifiesto una vez más el amor del
Señor hacia su Pueblo (vs. 1-4) y su
invencible poder (vs. 15-16).
La referencia explícita a dos
acciones cultuales -la liturgia de
entrada al Santuario (vs. 19-20) y la
procesión de la comunidad hacia el
altar (v. 27)- destaca con particular
relieve el carácter litúrgico del
Salmo.
En esa liturgia de acción de
gracias,
la
función
principal
corresponde al rey, que describe la
acción salvadora de Dios en
primera persona del singular (vs. 514, 17-18, 21), mostrando así su
condición de representante y
portavoz de todo el Pueblo.
La liturgia cristiana confirió a este
Salmo un significado “pascual” , y lo
utiliza para cantar la victoria de
Cristo.
1. CON ISRAEL
Este salmo fue utilizado por primera vez el año 444 antes de Jesucristo, en la fiesta de
los Tabernáculos (Nehemías 8,13-18). Hace parte del ritual actual de esta fiesta. Según
M. Mannati, especialista en el estudio de los salmos, se ha puesto en evidencia el
diálogo entre los diversos actores de la celebración: los levitas... el rey... Ia
muchedumbre... Podemos imaginar, el lirismo festivo, el entusiasmo comunicativo, la
alegría rítmica, que irrumpen en este canto a varias voces.
2. CON JESÚS
Según testimonio de los tres evangelistas sinópticos, Jesús se aplicó explícitamente
este salmo (Mateo 21,42; Marcos 12,10; Lucas 20,17), para concluir la parábola de los
"viñadores homicidas": "la piedra que desecharon los constructores, se convirtió en la
¡piedra angular!".
El día de los ramos, los mismos evangelistas señalan cuidadosamente que la
muchedumbre aclamó a Jesús con las palabras del salmo: "¡Hosanna, bendito el que
viene en nombre del Señor!".
3. CON NUESTRO TIEMPO
Es evidente que el salmista no conoció a Jesús de Nazaret, su muerte o su
Resurrección; pero esperaba ¡al Mesías, al Rey, al ungido, al Christos. Recitando este
salmo con Jesús, el día de Pascua, cantamos la victoria de Dios sobre el mal.
¡Alegrémonos por este día de fiesta! ¡Jesús cantó su propia Resurrección, esa tarde!
Dad gracias al Señor
porque es bueno,
porque es eterna
su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia.
En el peligro grité al Señor,
y me escuchó, poniéndome a salvo.
El Señor está conmigo: no temo;
¿qué podrá hacerme el hombre?
El Señor está conmigo y me auxilia,
veré la derrota de mis adversarios.
Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los jefes.
Todos los pueblos me rodeaban,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban cerrando el cerco,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban como avispas,
ardiendo como fuego en las zarzas,
en el nombre del Señor los rechacé.
Empujaban y empujaban
para derribarme,
pero el Señor me ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
El es mi salvación.
Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los justos:
"la diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa,
la diestra del Señor es poderosa".
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte.
Abridme las puertas del triunfo,
y entraré para dar gracias al Señor.
Esta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por ella.
Te doy gracias porque me
escuchaste
y fuiste mi salvación.
La piedra que desecharon
los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo hecho,
ha sido un milagro patente.
Este es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo.
Señor, danos la salvación;
Señor, danos prosperidad.
Bendito el que viene
en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa
del Señor;
el Señor es Dios, El nos ilumina.
Ordenad una procesión con ramos
hasta los ángulos del altar.
Tú eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te ensalzo.
Dad gracias al Señor
porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
ALEGRIA PASCUAL
Voces de Domingo de Pascua, gritos de victoria sobre la muerte, confianza en el poder de
Dios, regocijo en el triunfo común y proclamación de este día como el más grande que ha
hecho el Señor. Eso es este salmo rebosante de gloria y de gozo.
«¡Abridme las puertas del triunfo! El Señor está conmigo y me auxilia; no me entregó a la
muerte. La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Este es el día
en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo».
Esta es la liturgia de Pascua en el corazón del año. Pero para el verdadero cristiano, cada
domingo es Pascua y cada día es domingo. Por eso cada día es Pascua, es «el día que ha
hecho el Señor, el día en que actuó el Señor». Cada día es día de victoria y alabanza, de
regocijo y acción de gracias, día de ensayo de la resurrección final conquistando al pecado,
que es la muerte, y abriéndose a la alegría, que es la eternidad.. ¡Cristo ha resucitado!
«Este es el día en que el Señor ha actuado». ¡Ojalá pudiera decir yo eso de cada día de mi
vida! Sé que es verdad, porque, si estoy vivo, es porque Dios está actuando en mí con su
infinito poder y su divina gracia; pero quiero sentirlo, palparlo, verlo en fe y experiencia,
reconocer la mano de Dios en los sucesos del día y sentir su aliento a cada paso.
«La diestra del Señor es excelsa, la diestra del Señor es poderosa. No he de morir: viviré
para contar las hazañas del Señor».
Dios Padre, lleno de bondad, que en este día del domingo quieres
que se escuchen cantos de victoria en las tiendas de los justos, haz
que la Iglesia, unida al triunfo de tu Hijo, sea para todos los
hombres piedra angular y puerta de triunfo: para que el mundo,
cimentado sobre esta piedra, tenga también parte, con tu pueblo, en
la victoria de Cristo sobre el dolor y la muerte.
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SALM0 117 - Ciudad Redonda