Septiembre 2003
Cada día que pasa extraño tu llamada,
cada día que pasa añoro tu risa,
añoro tu canto y tu voz calmada,
añoro tu susurro en mi oído
que provoca mi nerviosa risa.
Echo de menos tus tonterías,
tus palabras bonitas y atrevidas,
que con audacia y sutilmente,
mantienen siempre las ansias vivas,
de mi corazón vehemente.
Te extraño más cada noche
en esos sueños nuestros,
donde siempre al amanecer
por más que palpo no te encuentro.
Cada día la misma espera,
el ring del teléfono que no llega,
y qué tristeza adentro me queda
y qué añoranza me rodea.
Te extraño día a día,
tu voz, tu risa, tu esencia
que junto al alma mía
y a este penar de ausencia,
dan lugar a mi agonía.
Qué falta me haces,
qué triste me siento,
qué sola mi alma
y qué desaliento . . .
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