Las tres llaves del reino
de los cielos
Estas tres llaves son las herramientas del Espíritu Santo
No te conformes con saberlo, vívelo
Si quieres entrar al reino de los cielos debes
acogerte a las normas de Dios
Arrepentimiento como herramienta del Espíritu Santo:
El Espíritu Santo produce en nuestro corazón
una convicción de pecado y nos guía al
arrepentimiento, que es un profundo dolor en
el corazón por haber pecado, andando lejos de
Dios. El resultado es dar media vuelta y caminar
en nueva vida.
Juan 16:8. "Y cuando él venga, convencerá al mundo de
pecado". Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a
Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?
(Hech.2:37).
La fe como herramienta del Espíritu Santo:
“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y
esto no de vosotros, pues es don de Dios.” Efe.2: 8.
Cuando el acto judicial del Dios Trino, que es la justificación, es
anunciado a la conciencia, la fe comienza a estar activa y se expresa a
través de obras. Esto nos impulsa a llamar la atención hacia la obra del
Espíritu Santo, la cual consiste en la impartición de la fe.
Somos salvos por medio de la fe; y esa fe no es de nosotros mismos,
pues es un don de Dios. Es, muy especialmente, un regalo del Dios Trino,
a través de una operación particular del Espíritu Santo; “nadie puede llamar a
Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo”, dijo Pablo en (1 Cor. 12:3). San Pablo
llama al Espíritu Santo el Espíritu de fe (2 Cor. 4:13). Y en Gal. 5:22, él
habla de la fe como el fruto del Espíritu Santo.
El bautismo, herramienta del Espíritu Santo:
Como consecuencia de que el creyente está
en Cristo, es identificado en lo que Cristo hizo
en su muerte, resurrección y glorificación.
Esto se presenta en Romanos 6:1-4, donde se declara que el
creyente es bautizado en Jesucristo y en su muerte, y si lo es en su
muerte, está sepultado y resucitado con Cristo. Esto ha sido tomado
a menudo para representar el rito del bautismo por agua, pero en
cualquier caso también representa la obra del Espíritu Santo, sin la cual el
rito sería carente de significado.
Un pasaje similar se encuentra en Colosenses 2:12. Nuestra
identificación con Cristo a través del Espíritu es una base importante
para todo lo que Dios hace por el creyente en el tiempo y la
eternidad
El fruto de la fe.
La fe se demuestra de tres maneras:
1). Creer en lo que no se ve: «Es, pues, la fe la certeza de lo que
se espera, la convicción de lo que no se ve» (Heb.11:1).
2). Confianza: «Estas cosas os he hablado para que en mí
tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad,
yo he vencido al mundo» (Juan 16:33).
3). Obediencia: «Y en esto sabemos que nosotros le
conocemos, si guardamos sus mandamientos. 4 El que dice: Yo le
conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la
verdad no está en él» (1Juan 2:3,4).
El fruto del arrepentimiento:
Mateo 3:8 «Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento».
En esta palabra podemos ver que se nos hace un llamado,
no a dar frutos de limón ni de naranja, sino a dar frutos
dignos de arrepentimiento.
Pero ¿qué es el fruto de arrepentimiento?
1). «Conciencia de mi error, de mi pecado y deseo de corazón de
no haberlo cometido».
2). Conversión: «Dejar de hacer lo malo y hacer lo bueno».
Hechos 3:19 Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean
borrados vuestros pecados; para que vengan de la
presencia del Señor tiempos de refrigerio.
El fruto del bautismo:
Los Frutos del bautismo son cinco:
1). Por el bautismo nos convertimos en hijos
adoptivos de Dios, "una nueva creación" (2 Cor. 5,17).
2). «Partícipe de la naturaleza divina" (2 Ped.1, 4).
3). «Miembro de Cristo» (I Cor. 6, 15; 12:27).
4). «Coheredero con Él» (Rom. 8:17). y
5). «Templo del Espíritu Santo» (1 Cor. 6:19).
Obligaciones del bautizado:
Por el bautismo recibimos una semilla: "la semilla de la fe" que
deberemos fortalecer y hacer fructificar durante toda
nuestra vida.
El bautizado, siendo miembro de la Iglesia, ya no se
pertenece a sí mismo (I Cor. 6,19), sino al que murió y
resucitó por nosotros (2 Cor. 5,15). Por tanto, debe servir a
los demás (Juan. 13:12-15) en la comunión de la Iglesia, y
cumplir con las enseñanzas de la Biblia. Debe difundir su fe,
ante todo (Mar.16:15).
Al quedar incorporado en el "Cuerpo de Cristo", tiene la misión
ineludible de "confesar a Cristo", es decir, mostrar con su vida
y palabra que "Cristo ha muerto y resucitado" por todos y cada
uno de nosotros.
Ya hemos visto, según las evidencias bíblicas que el Espíritu
Santo es el encargado de guiar al hombre al
arrepentimiento, por tanto, el rechazar su influencia es a lo
que el Señor se refirió diciendo:
«De cierto os digo que todos los pecados serán perdonados a los hijos de
los hombres, y las blasfemias cualesquiera que sean; 29 pero cualquiera que
blasfeme contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, sino que es reo de
juicio eterno» (Mar.3:28,29).
Rechazar el llamado que hace el Espíritu Santo al
arrepentimiento y el perdón de los pecados, es
nada menos que rechazar el ofrecimiento de
salvación que nos hace Dios a través del sacrificio
de su Hijo, por tanto, no hay nada más que Dios
pueda hacer por él.
Si desea más información lea (Juan 3:16; Juan 14:
6; Hech.4:12).
Y más tarde, el apóstol Pablo, cuando se dirige a la iglesia
de Éfeso les dice: «Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el
cual fuisteis sellados para el día de la redención» (Efe.4:30).
Contristéis. Gr. lupéō, que quiere decir: “causar dolor”,
“causar tristeza”. “No sigáis contristando”, o “dejad de contristar”.
¿De qué forma se puede contristar al Espíritu Santo?
Un deliberado rechazo de la luz puede llevar paso a paso
a blasfemar “contra el Espíritu”.
La blasfemia contra el Espíritu Santo, o sea el
pecado imperdonable, consiste en la resistencia
progresiva a la verdad, y culmina en una decisión
final e irrevocable en contra de ella, hecha
deliberadamente y sabiendo muy bien que al
proceder así se está escogiendo seguir una
conducta propia que se opone a la voluntad divina.
La blasfemia contra el Espíritu Santo, o sea el
pecado imperdonable, consiste en la resistencia progresiva
a la verdad, y culmina en una decisión final e irrevocable en contra
de ella, hecha deliberadamente y sabiendo muy bien que al
proceder así se está escogiendo seguir una conducta propia que
se opone a la voluntad divina (D. T. G. 291).
La persona más desgraciada es aquella cuya conciencia la molesta por
hacer el mal cuando sabe que debería hacer el bien. Una vida cristiana
desdichada generalmente es el resultado de no vivir a la altura de la luz
que se tiene. La persona cuya conciencia la molesta puede resolver el
problema y librarse de la tensión de dos maneras:
1). puede someterse al poder transformador del Espíritu Santo y
responder a los impulsos del Espíritu rectificando los yerros cometidos
con Dios y con el hombre,
2). o puede cauterizar su conciencia y eliminar sus dolorosos impulsos,
silenciando así al Espíritu Santo.
El que hace esto último no puede arrepentirse porque su conciencia se ha tornado
para siempre insensible y no quiere arrepentirse. Deliberadamente ha colocado su
alma más allá del alcance de la gracia divina. Su persistente perversión del libre
albedrío da por resultado la pérdida de la capacidad de discernir entre el bien y el
mal. Por último el mal parece ser bueno, y el bien parece ser malo.
Si desea más información lea (Miq.3:2; Isa.5:20). Tan engañoso es e
pecado.
La recepción del Espíritu Santo en la conversión es la refrendación
divina de que el creyente es aceptado, que la aprobación celestial
descansa sobre su elección y su vida cristiana.
Se espera que el creyente persevere y sea glorificado. Esto sólo
ocurrirá si retiene “firme hasta el fin la confianza y el” gloriarse “en la
esperanza” (Heb.3:6).
El acto del sellamiento no garantiza para siempre la salvación, pues
es posible pecar contra el Espíritu Santo y así perder el derecho a la
redención.
El pecado imperdonable es la culminación de una serie de actos con los que se ha
entristecido o contristado al Espíritu Santo. Por esta razón es importante
no cometer ni un solo acto de esa naturaleza.
(Extraido del C.B.A. sobre Mateo 12:31).
Mi deseo y oración es que, en el momento que usted sienta el
llamado del Espíritu Santo, en ese preciso momento responda.
Amen.
Dic.1/013.
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