San
Pedro Fabro
Avance manual
Música: Eternal Spring - Kitaro
•Uno de los primeros compañeros de Ignacio de Loyola y primer sacerdote de la Compañía de Jesús
San Pedro Fabro
Uno de los primeros
compañeros de San
Ignacio de Loyola,
y primer sacerdote de la
Compañía de Jesús.
El 17 de diciembre de 2013,
el Papa Francisco canonizó a
Pedro Fabro extendiendo a
la Iglesia universal el culto y
la liturgia del que era beato
desde 1872.
Su fiesta se celebra el 2 de agosto.
Según sus contemporáneos,
destacó principalmente por
tres cosas:
su capacidad para la
conversación,
su manera de proponer el
encuentro con Dios a través
de los Ejercicios Espirituales,
y lo que podríamos llamar su
"oración constante”.
Su compañero Simón
Rodríguez dijo de él
años después de su muerte,
en 1577:
“Tenía una alegre dulzura y
una cordialidad que yo jamás
he encontrado en nadie; tuvo
este padre la más especial y
encantadora suavidad y
gracia que he visto en mi vida
para tratar y conversar con
las gentes, con su
mansedumbre y dulzura
ganaba para Dios los
corazones de aquellos con
quienes trataba".
Los orígenes de Pedro Fabro fueron
sencillos.
Nació en el pueblo francés de
Villaret, en la Saboya, el 13 de Abril
de 1506 de familia campesina.
A los 7 años ya cuidaba
del breve rebaño
familiar. Esa tarea le
dejaba tiempo para
pensar y contemplar la
naturaleza.
Y lo que pensaba es
que quería estudiar,
para contar a muchos
toda la belleza que el
Creador había puesto
en la naturaleza y en
las gentes.
Los vecinos de
Villaret se decían:
-“Este Pedro es un
niño especial”.
Lo era.
Con siete años ya
reunía al pueblo al
salir de la misa del
domingo y les
comunicaba lo que
había sentido al
oír la palabra de
Dios.
Les predicaba de
una manera tan
sencilla y tan clara
que los oyentes
consideraban
aquella prédica
como un regalo.
Le premiaban con
nueces, avellanas
y manzanas que él
compartía luego
con sus amigos.
Quería estudiar.
Pero eso era un lujo
inalcanzable para
familias sencillas.
Lloraba de ganas de
aprender; pero, nada.
Hasta que tomó cartas
en el asunto su tío
Mamerto,
Prior de la Cartuja de
Reposoir. Habló con su
padre y le dijo:
-“Mira, tu hijo Pedro
piensa que Dios le pide
que estudie, y yo creo
que lo que piensa es
verdad”.
El chiquillo dejó las
ovejas y cogió feliz los
libros.
Un día de vacaciones,
en su querido campo,
sintió que Dios le
invitaba a poner en
Él toda su confianza.
Y la puso; pero no se
lo dijo todavía a
nadie.
Su decisión era
hacerse sacerdote;
para ello tendría que
marchar a estudiar a
la capital.
A los 19 años marcha pues
a seguir estudios en la
Universidad de París.
La Sorbona era la
universidad más
importante de Europa,
reunía unos 10.000
estudiantes de varias
naciones.
Allí compartió habitación
con Francisco Javier,
navarro de noble familia y
pocos recursos. Después
llegaría Ignacio de Loyola,
de más edad y hecho santo
en los contratiempos de la
vida.
Fueron buenos amigos los
tres. Y juntos hicieron un
curioso plan para después
de los estudios: parecerse a
Jesús enseñando su
doctrina y ayudando al
prójimo.
En la Universidad se
les unieron otros
compañeros: Laínez,
Salmerón, Bobadilla
y Simón Rodríguez.
Todos estaban
decididos a
parecerse a Jesús.
Y eso lo ratificaron
con votos un 15 de
Agosto de 1534 en la
capilla de
Montmartre.
Celebró la Eucaristía
Fabro que para
entonces ya era
sacerdote.
En 1536 marchaban a Roma a
ponerse a disposición del
Papa que enseguida confió en
ellos.
Fabro era reconocido como
"nuestro hermano mayor";
es decir, el "líder" de aquella
primera comunidad cuando
no estaba Ignacio.
La actividad apostólica de Fabro sólo
abarca diez años, desde los 30 a
los 40.
Deslumbran sus recorridos por
Europa, a pie,
sin otros medios de viaje:
de París, atraviesa la Italia del Norte y
va a Roma; luego, a Alemania,
asistiendo en Worms (1540) y
Ratisbona (1541) a reuniones
con protestantes;
después funda los primeros colegios
jesuíticos en España (Alcalá, Valladolid);
Regresa a Alemania y Bélgica; vuelve
a Portugal y España…
para volver a Roma, donde le llama el
Papa y morir a los pocos días de su
llegada.
Confiesa él que “he cambiado de
casa muchas veces; mientras viva
seré un peregrino permanente a
donde me conduzca la voluntad
de Dios ".
La imagen más típica de él es ésta,
caminando acompañado de los
ángeles de la guarda del país pon
dónde andaba.
Su actividad apostólica
de los 30 a los 40 años.
Paulo III le encargó, junto
con Diego Laínez, enseñar
teología en Roma y, más
tarde, ir a predicar a
Parma una ciudad
entregada a los vicios.
Allí tuvieron que soportar
la persecución de quienes
no estaban dispuestos a
cambiar su modo de vivir.
En Octubre de 1540, el Papa
Paulo III le cambió el rumbo.
Le encargó, junto con otro
jesuita, asistir a la Dieta de
Works (1540) y luego a la de
Ratisbona (1541), dos
reuniones difíciles convocadas
por Carlos V para acercar
posturas entre protestantes y
católicos.
El diálogo con los protestantes
era muy difícil.
Él decía algo que en aquel
tiempo opinaban muy pocos:
“Quien quisiere aprovechar a
los protestantes ha de tener
mucha caridad con ellos y
amarlos de
corazón, dialogando con ellos
familiarmente".
San Ignacio le encarga un viaje a
España donde visita y emociona al
Duque de Gandía, Francisco de
Borja, que pasó a ser bienhechor
de la Compañía de Jesús, y más
tarde miembro de ella, y al fin
Superior General de los jesuitas, y
santo canonizado.
En España funda varios colegios
(Gandía, Alcalá, Valladolid).
Encantaba a la gente la amabilidad
de su trato y la hondura de la
conversación.
El Papa confiaba demasiado en
él y lo mandaba de un lugar a
otro.
De España lo destinó a Spira de
Alemania. El viaje fue duro
atravesando los Alpes,
escapando de ladrones, y
sufriendo persecuciones por
parte de los herejes en
Alemania.
Pero con su predicación y su
ejemplo hizo mucho bien en
Spira, devolvió la esperanza a
los sacerdotes y al pueblo que
sufrían por la división entre las
iglesias.
Su trato era exquisito,
igual que el acierto
en sus consejos.
En Alemania predicaba
en latín , pero a la hora
de confesarse la gente
prefería hacerlo en
alemán, y no les
importaba hacerlo con
interprete con tal de
confesarse con aquel
santo.
Un joven, Pedro Canisio,
buscador apasionado de la
verdad que, según sus
profesores, "era la mente
más clara que habían
conocido en los 15 años que
estudió en Colonia” quiso
conocer a Pedro Fabro.
Canisio hizo con él Ejercicios
Espirituales, entró en la
Compañía, fue brillante
teólogo en Trento y hoy es
Santo y Doctor de la Iglesia.
El año 1543 le trajo
nuevos retos a
Pedro Fabro en la
ciudad de Colonia .
Allí mantuvo una
controversia con
el protestante
Melanchton,
que no quiso
repetir más
confrontaciones
con Fabro.
Los Reyes y Nobles de España y
Portugal quisieron aquí de nuevo
la presencia de aquel santo que
en Alemania transformaba
diócesis y argumentaba con los
protestantes .
En la Corte de Juan III de Portugal
y Carlos V en España, estuvo
cerca de todos: pobres o ricos,
ignorantes o sabios.
Aquí estaba cuando le llamó a
Roma Paulo III porque quería
enviarlo al Concilio de Trento.
Aunque estaba muy
quebrantada su salud, por
fidelidad al Papa, inició un viaje
que no debió hacer.
Llegó a Roma enfermo y
obediente, y el 1 de Agosto de
1546 concluyó una carrera de
cuarenta años de bondad y
santidad derrochada sin cálculo
en bien de la Iglesia.
Desde su muerte comenzaron a
llamarle Beato; título modesto y
grande que le define muy bien.
El Papa Francisco le declaró Santo para
la Iglesia Universal el 17 de diciembre de 2013
FIN
Descargar

Diapositiva 1