21También
les dijo: ¿Acaso se trae la luz para
ponerla debajo del almud, o debajo de la
cama? ¿No es para ponerla en el candelero?
22Porque no hay nada oculto que no haya de
ser manifestado; ni escondido, que no haya
de salir a luz.
23Si alguno tiene oídos para oír, oiga.
24Les
dijo también: Mirad lo que oís; porque
con la medida con que medís, os será
medido, y aun se os añadirá a vosotros los
que oís.
25Porque al que tiene, se le dará; y al que
no tiene, aun lo que tiene se le quitará.
14Vosotros
sois la luz del mundo; una
ciudad asentada sobre un monte no se
puede esconder. 15Ni se enciende una luz
y se pone debajo de un almud, sino sobre
el candelero, y alumbra a todos los que
están en casa. 16Así alumbre vuestra luz
delante de los hombres, para que vean
vuestras buenas obras, y glorifiquen a
vuestro Padre que está en los cielos.
16Nadie
que enciende una luz la cubre con
una vasija, ni la pone debajo de la cama,
sino que la pone en un candelero para que
los que entran vean la luz. 17Porque nada
hay oculto, que no haya de ser
manifestado; ni escondido, que no haya de
ser conocido, y de salir a luz. 18Mirad, pues,
cómo oís; porque a todo el que tiene, se le
dará; y a todo el que no tiene, aun lo que
piensa tener se le quitará.
33Nadie
pone en oculto la luz encendida, ni debajo
del almud, sino en el candelero, para que los que
entran vean la luz. 34La lámpara del cuerpo es el
ojo; cuando tu ojo es bueno, también todo tu
cuerpo está lleno de luz; pero cuando tu ojo es
maligno, también tu cuerpo está en tinieblas.
35Mira pues, no suceda que la luz que en ti hay,
sea tinieblas. 36Así que, si todo tu cuerpo está
lleno de luz, no teniendo parte alguna de tinieblas,
será todo luminoso, como cuando una lámpara te
alumbra con su resplandor.
26Así
que, no los temáis; porque nada hay
encubierto, que no haya de ser manifestado;
ni oculto, que no haya de saberse. 27Lo que
os digo en tinieblas, decidlo en la luz; y lo que
oís al oído, proclamadlo desde las azoteas.
28Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas
el alma no pueden matar; temed más bien a
aquel que puede destruir el alma y el cuerpo
en el infierno.
17He
aquí, tú tienes el sobrenombre de judío, y
te apoyas en la ley, y te glorías en Dios, 18y
conoces su voluntad, e instruido por la ley
apruebas lo mejor, 19y confías en que eres
guía de los ciegos, luz de los que están en
tinieblas, 20instructor de los indoctos, maestro
de niños, que tienes en la ley la forma de la
ciencia y de la verdad. 21Tú, pues, que
enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo?
Tú que predicas que no se ha de hurtar,
¿hurtas?
22Tú
que dices que no se ha de adulterar,
¿adulteras? Tú que abominas de los ídolos,
¿cometes sacrilegio? 23Tú que te jactas de la
ley, ¿con infracción de la ley deshonras a
Dios? 24Porque como está escrito, el nombre
de Dios es blasfemado entre los gentiles por
causa de vosotros.
13Porque
éstos son falsos apóstoles,
obreros fraudulentos, que se disfrazan
como apóstoles de Cristo. 14Y no es
maravilla, porque el mismo Satanás se
disfraza como ángel de luz. 15Así que, no
es extraño si también sus ministros se
disfrazan como ministros de justicia; cuyo
fin será conforme a sus obras.
9Mas
vosotros sois linaje escogido, real
sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido
por Dios, para que anunciéis las virtudes de
aquel que os llamó de las tinieblas a su luz
admirable; 10vosotros que en otro tiempo no
erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de
Dios; que en otro tiempo no habíais
alcanzado misericordia, pero ahora habéis
alcanzado misericordia.
14Porque
el reino de los cielos es como un hombre
que yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó
sus bienes. 15A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y
a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y
luego se fue lejos. 16Y el que había recibido cinco
talentos fue y negoció con ellos, y ganó otros cinco
talentos. 17Asimismo el que había recibido dos, ganó
también otros dos. 18Pero el que había recibido uno
fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su
señor. 19Después de mucho tiempo vino el señor de
aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos.
20Y
llegando el que había recibido cinco talentos,
trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco
talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado
otros cinco talentos sobre ellos. 21Y su señor le dijo:
Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel,
sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu
señor. 22Llegando también el que había recibido dos
talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste;
aquí tienes, he ganado otros dos talentos sobre
ellos. 23Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel;
sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré;
entra en el gozo de tu señor.
24Pero
llegando también el que había recibido un
talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro,
que siegas donde no sembraste y recoges donde no
esparciste; 25por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu
talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo.
26Respondiendo su señor, le dijo: Siervo malo y
negligente, sabías que siego donde no sembré, y que
recojo donde no esparcí. 27Por tanto, debías haber
dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera
recibido lo que es mío con los intereses. 28Quitadle,
pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos.
29Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al
que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.
11Oyendo
ellos estas cosas, prosiguió Jesús y dijo
una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalén,
y ellos pensaban que el reino de Dios se
manifestaría inmediatamente. 12Dijo, pues: Un
hombre noble se fue a un país lejano, para recibir un
reino y volver. 13Y llamando a diez siervos suyos, les
dio diez minas, y les dijo: Negociad entre tanto que
vengo. 14Pero sus conciudadanos le aborrecían, y
enviaron tras él una embajada, diciendo: No
queremos que éste reine sobre nosotros.
15Aconteció
que vuelto él, después de recibir el
reino, mandó llamar ante él a aquellos siervos a los
cuales había dado el dinero, para saber lo que había
negociado cada uno. 16Vino el primero, diciendo:
Señor, tu mina ha ganado diez minas. 17Él le dijo:
Está bien, buen siervo; por cuanto en lo poco has
sido fiel, tendrás autoridad sobre diez ciudades.
18Vino otro, diciendo: Señor, tu mina ha producido
cinco minas. 19Y también a éste dijo: Tú también sé
sobre cinco ciudades. 20Vino otro, diciendo: Señor,
aquí está tu mina, la cual he tenido guardada en un
pañuelo;
21porque
tuve miedo de ti, por cuanto eres
hombre severo, que tomas lo que no pusiste, y
siegas lo que no sembraste. 22Entonces él le dijo:
Mal siervo, por tu propia boca te juzgo. Sabías
que yo era hombre severo, que tomo lo que no
puse, y que siego lo que no sembré; 23¿por qué,
pues, no pusiste mi dinero en el banco, para que
al volver yo, lo hubiera recibido con los
intereses? 24Y dijo a los que estaban presentes:
Quitadle la mina, y dadla al que tiene las diez
minas. 25Ellos le dijeron: Señor, tiene diez minas.
26Pues
yo os digo que a todo el que tiene,
se le dará; mas al que no tiene, aun lo que
tiene se le quitará. 27Y también a aquellos
mis enemigos que no querían que yo
reinase sobre ellos, traedlos acá, y
decapitadlos delante de mí.
9Por
lo cual también nosotros, desde el día que lo
oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir
que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en
toda sabiduría e inteligencia espiritual, 10para que
andéis como es digno del Señor, agradándole en
todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo
en el conocimiento de Dios; 11fortalecidos con todo
poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda
paciencia y longanimidad; 12con gozo dando gracias
al Padre que nos hizo aptos para participar de la
herencia de los santos en luz; 13el cual nos ha librado
de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino
de su amado Hijo,
12La
noche está avanzada, y se acerca el
día. Desechemos, pues, las obras de las
tinieblas, y vistámonos las armas de la luz.
13Andemos como de día, honestamente; no
en glotonerías y borracheras, no en lujurias y
lascivias, no en contiendas y envidia, 14sino
vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis
para los deseos de la carne.
28Pero
¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos, y
acercándose al primero, le dijo: Hijo, ve hoy a trabajar
en mi viña. 29Respondiendo él, dijo: No quiero; pero
después, arrepentido, fue. 30Y acercándose al otro, le
dijo de la misma manera; y respondiendo él, dijo: Sí,
señor, voy. Y no fue. 31¿Cuál de los dos hizo la
voluntad de su padre? Dijeron ellos: El primero. Jesús
les dijo: De cierto os digo, que los publicanos y las
rameras van delante de vosotros al reino de Dios.
32Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia, y
no le creísteis; pero los publicanos y las rameras le
creyeron; y vosotros, viendo esto, no os arrepentisteis
después para creerle.
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