Dijo Jesús a Nicodemo:
« Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único,
para que todo el cree en Él no perezca, sino que tenga
vida eterna.
El que cree en él no es juzgado; pero el que no cree,
ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre
del Hijo único de Dios».
(Jn 3, 16-18)
En la Iglesia se predica un solo Dios,
que lo trasciende todo, en cuanto Padre,
principio y fuente; lo penetra todo, por su Palabra;
y lo invade todo, en el Espíritu Santo.
La dimensión
trinitaria de
nuestro bautismo
ha de llenar
nuestra vida
toda.
Así nacimos a la
fe.
Así hemos de
vivirla.
Para aprender a vivir
la gratitud por el don gratuito de la vida.
Para vivir gozosamente la filialidad y
responsablemente la fraternidad universal.
Para regustar la grandeza
de la encarnación de Dios
en la persona de Jesús
y su presencia en nuestra tierra.
Para confesar que los pequeños,
los pobres y los ciegos
han sido tomados por su gracia.
Para descubrir su rastro dondequiera
que se encuentre
una brizna de verdad, bondad y belleza.
Para comprender que el amor
es la palanca que mueve el mundo,
el gran don de Dios y la mejor tarea humana.
Dios nuestro,
a quien adoramos como Padre, Hijo y Espíritu,
te damos gracias por habernos creado a tu imagen.
Ayúdanos a vivir y actuar imitando tu ser y tu actuar.
Amén.
José Román Flecha Andrés
PALABRA DEL SEÑOR, Salamanca 2007
Presentación: Antonia Castro Panero
Música: Relax.
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