25º Dom. T. O. Ciclo B
De qué hablas por el camino
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Enséñame, Señor,
la sabiduría que viene de ti…
perder para ganar,
desprenderse para compartir,
escuchar para comprender,
abajarse para servir,
caminar para perseverar,
contemplar para discernir,
acompañar para sostener,
entregarse para construir,
abrirse para aprender,
acoger para incluir,
sembrar para cosechar,
perdonar para convivir,
provocar para despertar,
comunicar para seducir,
soñar para avanzar,
permanecer para resistir,
valorar para agradecer,
dialogar para transmitir,
ayudar para proteger,
confiar para seguir,
orar para profundizar,
defender para unir…
Enséñame, Señor,
la sabiduría que viene de ti.
Señor, te pedimos luz y fuerza para
orientarnos…
- Ayúdanos a buscar espacios de
encuentro y diálogo para construir un
mundo más humano.
- Danos tu fuerza para acoger a quienes
se encuentran perdidos y
desamparados. Que nos les cerremos
nuestras puertas ni nuestras manos.
- Aleja de nosotros la envidia, las
rivalidades y los engaños. Que nos
dejemos guiar por la sabiduría y los
valores que tú nos has enseñado.
- Cuida de los pequeños, los pobres,
los más necesitados. Despierta en
nosotros corazones solidarios.
- Mantennos firmes en la fe y en las
opciones de vida que hemos ido
tomando, aunque seamos poco
reconocidos o ninguneados.
- Enséñanos a mirar las cosas y a las
personas desde abajo, poniéndonos
al nivel de la gente sencilla que está a
nuestro lado.
El Señor sostiene mi vida. Salomé Arricibita
https://youtu.be/E2z-BVNVqJM
¿DE QUÉ HABLAS POR EL CAMINO? Para el evangelista Marcos el “camino” es la vida entera, en cuanto peregrinación a un
destino a una meta. Así que la pregunta es una invitación para pararme y reflexionar sobre cuáles son los temas de
conversación habituales, con quién los realizo, cuánto tiempo dedico a ellos… Ser consciente de ello es un buen termómetro
para medir por dónde oriento mi caminar por la vida. Porque todo eso está reflejando mis preocupaciones, a qué doy
importancia, que es lo que me llama la atención, en qué pongo mis intereses… En mis conversaciones ¿predominan temas
superficiales, frívolos, importantes, profundos…? ¿Me preocupo solamente de las cosas que me afectan directamente o
también me planteo cuestiones sobre los grandes interrogantes de la vida, de nuestra sociedad, de la fe, de nuestro mundo…?
¿QUIÉN ES EL MÁS IMPORTANTE? ¿A quién pongo en el centro de mi vida? Jesús pone a un niño como signo de debilidad, de
indefensión, de vulnerabilidad, de irrelevancia, de fragilidad… que es necesario acoger, ayudar, cuidar, proteger… En la
acogida me juego mucho para mostrar la calidad de mi fe. La manera más concreta, visible y real de acoger hoy a Jesús es
acoger los más indefensos, a los más necesitados, a los más débiles, a los más perdidos y ninguneados. ¿Quiénes son hoy,
en mi realidad? ¿qué puedo hacer por ellos? Jesús realiza una gesto cercano y cargado de humanidad: abrazar. ¿Quién
necesita hoy de mí un abrazo, una escucha, una atención especial, un gesto de atención y de cariño?
¿DE DÓNDE PROCEDEN VUESTRAS DIVISIONES? Los conflictos, las discusiones, las dificultades en la convivencia… son
frecuentes en las relaciones humanas. Es importante también detenerse a pensar en ellas, analizarlas y ver por qué se generan.
En el fondo siempre hay actitudes que las originan y las fomentan: rivalidades, “luchas de poder”, deseos de prestigio y
dominación, envidias… La lista que hace el apóstol Santiago puede ser un buen test para analizar qué es lo que más se da en
mi vida, si lo fomento o trato de superarlo, si me dejo llevar por mis criterios o pongo como referencia “la sabiduría que viene
de lo alto” que propone el apóstol para ir transformando mi corazón. La lógica de Jesús comienza con el “abajamiento”,
poniéndose a servir como actitud de entrega para determinar el éxito o el fracaso, la ganancia o la pérdida. ¿Qué es lo que más
me cuesta asumir de esta propuesta de Jesús?
¿QUIÉN ME SOSTIENE EN LA ENTREGA? No es fácil vivir de forma coherente y convencida la fe. Mantenerme firme en medio
de incomprensiones, rechazos, indiferencia… requiere unas buenas raíces, unos buenos cimientos y una buena base. Porque
siempre habrá “trampas” imperceptibles, “ofertas” más tentadoras o más cómodas, “justificaciones” tranquilizadoras,
“presiones” más o menos encubiertas…
¿Qué me hace perseverar y permanecer en mis compromisos, en mis
responsabilidades y en luchar por lo que merece la pena?
Podría seguir así,
tirando más o menos como hasta ahora:
manteniendo el equilibrio prudentemente,
justificando mis opciones dignas,
diciendo "sí" cuando todo es a medias...
Pero también puedo ser... discípulo.
o me detengo haciendo juegos de equilibrio;
me gusta apuntarme a todo
y dejar las puertas abiertas, por si acaso.
Me asusta tu oferta...
Pero también puedo ser... discípulo.
Quiero ser dueño de mi vida,
no renunciar a mi libertad,
gozar de tantas cosas buenas,
entregarme a los míos,
y tener esa serena paz
del deber bien cumplido...
Pero también puedo ser... discípulo.
Puedo cargar con mi cruz, quizá con la tuya;
también complicarme la vida
y complicársela a otros con osadía,
hablar de la buena noticia
y soñar nuevas utopías...
Pero también puedo ser... discípulo.
Anhelo hacer proyectos,
proyectos vivos y sólidos
para un futuro solidario;
deseo ser eficaz, acertar,
dar en el clavo y ayudar...
Pero también puedo ser... discípulo.
Soy capaz de pararme y deliberar,
escuchar, contrastar y discernir;
a veces, me refugio en lo sensato,
otras, lanzo las campanas al vuelo
y parece que rompo moldes y modelos...
Pero también puedo ser... discípulo.
No siempre acabo lo que emprendo;
otras arriesgo y no acierto,
o me detengo haciendo juegos de equilibrio;
me gusta apuntarme a todo
y dejar las puertas abiertas, por si acaso.
Me asusta tu oferta…
pero también puedo ser… discípulo [F.U.]
Lectura del libro de la Sabiduría
(2,12.17-20):
Se dijeron los impíos:
«Acechemos al justo,
que nos resulta incómodo:
se opone a nuestras acciones,
nos echa en cara nuestros pecados,
nos reprende nuestra educación errada;
veamos si sus palabras son verdaderas,
comprobando el desenlace de su vida.
Si es el justo hijo de Dios, lo auxiliará
y lo librará del poder de sus enemigos;
lo someteremos a la prueba
de la afrenta y la tortura,
para comprobar su moderación
y apreciar su paciencia;
lo condenaremos a muerte ignominiosa,
pues dice que hay quien
se ocupa de él.»
Salmo 53,3-4.5.6 y 8
R/. El Señor sostiene mi vida
Oh Dios, sálvame por tu nombre,
sal por mí con tu poder.
Oh Dios, escucha mi súplica,
atiende a mis palabras. R/.
Porque unos insolentes
se alzan contra mí,
y hombres violentos
me persiguen a muerte,
sin tener presente a Dios. R/.
Pero Dios es mi auxilio,
el Señor sostiene mi vida.
Te ofreceré un sacrificio voluntario,
dando gracias a tu nombre,
que es bueno. R/.
Lectura de la carta del apóstol Santiago
(3,16–4,3):
Lectura del santo evangelio según san Marcos
(9,30-37):
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos
Donde hay envidias y rivalidades,
se marcharon de la montaña
hay desorden y toda clase de males.
y atravesaron Galilea;
La sabiduría que viene de arriba
no quería que nadie se entera se,
ante todo es pura y, además,
porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía:
es amante de la paz, comprensiva, dócil, «El Hijo del hombre va a ser entregado
llena de misericordia y buenas obras,
en manos de los hombres, y lo matarán;
constante, sincera.
y, después de muerto, a los tres días resucitará.»
Los que procuran la paz
Pero no entendían aquello,
están sembrando la paz,
y les daba miedo preguntarle.
y su fruto es la justicia.
Llegaron a Cafarnaún, y, una vez en casa,
¿De dónde proceden las guerras
les preguntó: «¿De qué discutíais por el camino?»
y las contiendas entre vosotros?
Ellos no contestaron, pues por el camino
¿No es de vuestras pasiones,
habían discutido quién era el más importante.
que luchan en vuestros miembros?
Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo:
Codiciáis y no tenéis; matáis,
«Quien quiera ser el primero, que sea
ardéis en envidia y no alcanzáis nada;
el último de todos y el servidor de todos.»
os combatís y os hacéis la guerra.
Y, acercando a un niño, lo puso en medio de ellos,
No tenéis, porque no pedís.
lo abrazó y les dijo: «El que acoge a un niño
Pedís y no recibís, porque pedís mal,
como éste en mi nombre me acoge a mí;
para dar satisfacción a vuestras pasiones. y el que me acoge a mí no me acoge a mí,
sino al que me ha enviado.»
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