MIGRACIÓN
TRATA Y TRÁFICO
Equipo de Misión
Marzo – Mayo 2013
INDICADORES DE
EXPLOTACIÓN SEXUAL
Las personas que han sido objeto de trata con fines de explotación sexual pueden:
Ser de cualquier edad, aunque la edad puede variar según el lugar y el mercado
Trasladarse de un prostíbulo a otro o trabajar en diversos locales
Ser escoltadas cuando van y vuelven del trabajo, compras, etc.
Tener tatuajes u otras marcas que indiquen que son “propiedad” de sus explotadores
Trabajar muchas horas por día o tener pocos o ningún día libre
Dormir donde trabajan
Vivir o viajar en grupo, algunas veces con otras mujeres que no hablan el mismo
idioma
Tener muy pocas prendas de vestir
Tener prendas de vestir que son en su mayoría del tipo de las que se utilizan para el
trabajo sexual
Saber decir sólo palabras relacionadas con el sexo en el idioma local o en el idioma del
grupo de clientes
No tener dinero en efectivo propio
INDICADORES DE
EXPLOTACIÓN SEXUAL
Las siguientes situaciones también podrían indicar que las personas han sido objeto de
trata con fines de explotación sexual:
Ser incapaces de mostrar un documento de identidad
Hay pruebas de que las presuntas víctimas han mantenido relaciones sexuales sin
protección y/o violentas
Hay pruebas de que las presuntas víctimas no pueden negarse a mantener relaciones
sexuales sin protección y/o violentas
Hay pruebas de que una persona ha sido comprada y vendida
Hay pruebas de que grupos de mujeres están bajo el control de otras personas
Se publican anuncios de prostíbulos o lugares semejantes que ofrecen los servicios de
mujeres de determinado origen étnico o nacionalidad
Se informa de que los trabajadores sexuales prestan servicios a una clientela de
determinado origen étnico o nacionalidad
Los clientes informan de que los trabajadores sexuales no sonríen o no cooperan
DIFERENCIAS Y SEMEJANZAS
TRATA DE PERSONAS
1.
2.
3.
4.
5.
Traslado regular o irregular
dentro o fuera del país
Delito contra la persona
Mercancía: Persona
Restricción de movimiento
Engaño, abuso y explotación
TRÁFICO DE PERSONAS
1.
2.
3.
4.
Traslado o cruce irregular de
frontera
Desplazamiento voluntario
Mercancía: el servicio y el
movimiento
Relación finaliza con el paso de
la frontera
Comercio con seres humanos
Desplazamiento
Sacar provecho de condiciones de vulnerabilidad
CASO N° 1
Una familia adinerada sale rápidamente del país
debido a que grupos de personas al margen de
la ley la amenazan de secuestro, por un negocio
no muy claro.
CASO N° 2
Una joven de bajos recursos sale del colegio sin
perspectivas a futuro, y acepta la oferta
laboral de un desconocido para irse a trabajar
al exterior con un sueldo de mil dórales, los
trámites migratorios hechos y un préstamo del
dinero que necesita para viajar.
CASO N° 3
Una familia campesina tiene que salir de su
tierra súbitamente e instalarse en cualquier
ciudad lejana de su región, después de que un
grupo armado al margen de la
ley los intimida.
CASO N° 4
Sara no pudo encontrar trabajo cuando terminó sus estudios a los 20 años.
Estuvo sin empleo durante un año, viviendo con sus padres en un país de Europa oriental. La
situación era muy difícil para todos ellos. Sabía de muchos que habían salido al extranjero y
ganaban dinero para mantenerse a sí mismos y a sus familias.
Sara quería hacer lo mismo.
Una mujer conocida la puso en contacto con un hombre que afirmó poder ayudarla a conseguir
un puesto de camarera en un país de Europa sudoriental.
El hombre se ofreció para obtener el pasaporte y el billete, y le dijo que podía pagarle más
adelante. Sara comunicó a sus amigos y familiares que se iba, y todos se alegraron por ella.
Algunas de sus amistades querían irse también.
Cuando llegó al país de destino Sara fue entregada a un grupo de hombres que le dijeron que les
debía dinero y que tenía que pagar su deuda vendiendo su cuerpo.
CASO N° 5
Sonia comenzó como prostituta en un país latinoamericano cuando a los 14 años fue expulsada
de su hogar. Aunque también intentó otros trabajos, siempre volvía a la prostitución.
A los 17 años, un taxista la invitó a ir a Europa. Le dijo que era muy bonita y que podía hacer
fortuna si se trasladaba a Europa y trabajaba allí. Por su belleza, afirmó el taxista, probablemente
podría trabajar como modelo, y él mismo se encargaría de todos los arreglos. Sonia se sintió muy
tentada aunque tenía miedo. Después de algún tiempo aceptó la oferta.
El taxista necesitó un mes para hacerle las gestiones y con ella viajaron otras tres muchachas.
Cuando llegaron a Europa, otro taxista tomó sus pasaportes diciendo que tenían que confiar en él
porque la ciudad era muy peligrosa. Las muchachas fueron obligadas a trabajar todos los días
como prostitutas de 6 de la tarde a 6 de la mañana, y se les dijo que no se los devolverían los
pasaportes hasta que el encargado de la casa hubiera recibido el pago de los gastos del viaje.
Sonia dice que preveía lo de la prostitución pero que nunca imaginó que sería una prisionera,
amenazada día y noche
CASO N° 6
Deambuló por las estaciones de la ciudad, aprendió a pedir las monedas de los vueltos en las ventanillas de pasajes, a
comprar pizzas incomibles y un yogur. Uno a uno fue aprendiendo los códigos de la calle. No tuvo una fiesta a los 15
como había soñado, pero se sintió satisfecha ese día por haber aprendido a sobrevivir entre sus pares, a sentirse
adulta, aunque su cuerpo poco crecido dijera lo contrario. Esa convicción adquirida a golpes, fue lo que hizo que no
tuviera miedo a vincularse con alguien más grande.
Marcelo tenía 29 años y si bien no era demasiado afectuoso con ella, desde la medida del afecto a la que estaba
acostumbrada, le pareció que era lo mejor que podía pasarle. Para ella una bofetada era una caricia con exceso de
velocidad.
El la llevó a vivir a una pensión en los alrededores y además le dijo que trabajaba. Naty se sentía muy bien cuando él
estaba con ella. No fue mucho el tiempo que pasó hasta que le anunció que lo habían despedido y que lo más
probable era que el dueño del hotel les pusiera un candado por la falta de pago y se quedara con sus pocas cosas.
Naty que nunca había visto a su padre trabajar no encontró nada extraño en que él comenzara a quedarse durmiendo
hasta tarde. No mediaron golpes ni ablandes, Naty aceptó por afecto la propuesta de Marcelo. Solo sería hacer lo
mismo que hacía con él pero con otros hombres le dijo, además siempre estaría para cuidarla y nunca permitiría que la
maltrate nadie, ni volvería a estar sola en las calles. Hace dos años que la busca cada noche a la salida del
departamento que maneja un amigo suyo ex policía. Hace dos años que Marcelo dice no conseguir más trabajos. El
había prometido que sería un tiempo corto, pero cada madrugada toma el dinero que el dueño del lugar le entrega por
los servicios de Naty.
CASO N° 7
Entre los cuidados de su madre y las ausencias de su padre, fue llegando a la adolescencia. Fue en ese tiempo que
conoció a Kevin, su novio y compañero. No hubo demasiada oposición cuando decidieron vivir juntos. Su madre
siempre tuvo en claro que allí se vive con el destino puesto, que se es madre antes de niña y que de los golpes ninguna
escapa.
Kevin al principio trabajó como ayudante de albañil y más tarde como repartidor. No era que no quisiera trabajar, le
jugaban en contra la piel y la dirección, el pasillo sin número y el barrio numerado, 1-11-14, 21.
Al final del camino lo esperaba el consumo de paco, un poco de coraje para salir con otros a buscar dinero. Así fue
como cayó por el robo a un quiosco. Toda la maquinaria judicial se puso en marcha por once pesos. Cada sábado
soportaba Johana las humillantes revisaciones del penal en nombre de su lealtad adolescente. Nunca faltó más que por
enfermedad a las visitas, pero el tiempo pasaba y el juicio ni siquiera había empezado. En esas tardes conoció a Pablo
un chico de 19 años que visitaba con frecuencia a su hermano. La soledad jugó sus cartas y comenzaron una relación.
Comenzaron a verse fuera del ámbito del penal, primero en los bailes, después en las esquinas del barrio…
Un día Pablo no llegó a la cita, en cambio la esperaban otros hombres que sin mediar palabras la introdujeron por la
fuerza en un auto. Fueron varios los coches por los que pasó como en un juego de postas, para terminar acompañada
por dos mujeres en un micro con destino al norte del país. Allí transcurre hoy su vida, viviendo a los fondos de un local
nocturno bajo la mirada atenta de los vigiladores de la puerta, compartiendo una barraca junto a otras jóvenes
apropiadas del mismo modo. Su madre recorrió cada rincón del barrio. Pablo tenía más de un nombre y según le
dijeron la había vendido. Ese era su “trabajo”, ni mejor ni peor que otros, un medio más para sobrevivir allí donde la
vida siempre amenazada se mueve en la frontera estrecha de los pasillos.
CASO N° 8
A veces se le nota en la mirada que hace poco, o tal vez mucho, todavía era una niña.
La misma niña que hace mucho, o tal vez poco, respondió junto a su mejor amiga de la escuela un aviso por Internet,
que prometía hacerlas modelos de reconocidas marcas.
Allá fueron ocultándolo a sus padres, y así terminó su juego de adolescentes...
El mismo día de la prometida sesión de fotos para sus “Books”, ambas fueron violadas por varios hombres en las
oficinas de la agencia. Durante muchos días se prolongó el abuso en todas sus formas y fueron obligadas al consumo de
cocaína.
Fina, muy fina es la línea blanca que les impide volver y es la peor explotadora que conocen, por ella viven cada noche,
y para volver a recibirla, se entregan.
Se trata de no pensar, le dice Karen a su amiga, de no contar el tiempo, de no ver con quién… es mejor estar “dadas
vuelta”.
Pero las dos seminiñas asustadas saben por dura experiencia que se trata de Trata.
Sueñan con volver a sus casas, pero creen que ya nadie va a quererlas como antes, que ya no son las mismas, que no
podrán dejar la adicción. Temen ser expulsadas cuando cuenten lo ocurrido. Cargan sobre sí, la culpa de sus victimarios.
Sienten que en parte, lo que les pasó fue por tener sueños, por verse más grandes, por buscar aceptación…
El dueño del departamento también tiene otros y las chicas son obligadas a rotar, saben que es así porque los
prostituyentes las quieren siempre nuevas, por eso a veces dice el aviso: “renovado plantel”.
Plantel… La complicidad de algunos policías, les da la impunidad necesaria.
Y Karen, que no se llama Karen, no esta solá en su departamento, no es modelo, ni sus medidas son las que se
anuncian en el diario…
CASO N° 9
“Yo
te cuidaría las nenas”, “la Kari lo hizo y le fue bien, mirá”: señorita para local nocturno en el sur, buena remuneración, pagos
diarios, vivienda… “No tenés que hacer nada que no quieras, solamente hablar con los clientes y hacer que consuman bebidas y si
te salen con otras cosas te venís…”Mirta no era ciertamente ingenua, la vida no había sido amable con ella, había tenido en
soledad su dos hijas, casi ningún dolor le era extraño. Con sus pocas cosas en un bolso, tomó el micro que la llevaría a Río
Gallegos.
Ella sabía en que consistía el trabajo, lo que no imaginó es que sí tendría que hacer aquello que no deseaba para su vida, y que
aquel lugar tenía todo previsto para que así fuera en la trastienda, y que esa misma habitación, sería también la vivienda
prometida.
En vano forcejeó con los hombres de seguridad del pelado -así le decían al dueño del lugar-; quienes impedían todo contacto con
el exterior. Desde ese día, Mirta pasó a ser Johana.
Al cabo de unos meses fue cruzada a Chile, a otro local del mismo dueño. Allí supo que cualquier intento de fuga podía pagarse
con la muerte, no era la primera vez que ocurría sin que nadie se molestara en averiguar. Su única evasión posible está en el
consumo de drogas que los hombres del pelado proveen, para manejar a fuerza de adicción, a todas las chicas del lugar.
Mirta sabe que su vida verdadera está pasando de largo, y el tiempo transcurre sin poder mandar siquiera una carta a Buenos
Aires. En cada simulacro de amor alquilado, se va parte de su alma. Al acostarse cada amanecer mira la foto de sus nenas en la
fiesta del jardín, piensa que ya estarán en segundo grado… llora en silencio, hasta que el cansancio la vence.
Fue esa noche que supo que el pelado había viajado a Paraguay a buscar chicas para la costa. La misma en la que el seguridad de
la puerta estaba más borracho que de costumbre.
Es ahora o nunca se dijo a sí misma, mientras cruzaba el umbral de la puerta. Caminó unos pasos conteniendo la respiración para
después correr hacia la ruta, la misma ruta que la vio por última vez con vida.
CASO N° 10
La larga desocupación de su esposo hace las cosas mucho más difíciles. La oferta de trabajo es muy
buena, no solo por el ingreso, sino porque además significa aprender una profesión.
Desde Argentina podría enviar al menos 50 dólares al mes; y al volver tener un trabajo mejor, o quizás
podría traer a toda su familia, allá tal vez él también conseguiría trabajo. En su Perú natal, todo es más
duro para los que nacieron pobres. Allá, podría ser asistente geriátrica…
Tras largas horas de viaje, Mara llega a una Buenos Aires tan bella como hostil. Hay miradas que dicen
mucho. Alguien le dice que vino a quitar trabajo a los argentinos. Ella sufre en silencio su extranjería.
La “residencia” resulta una lúgubre y deteriorada casona donde encuentra algunas compatriotas
trabajando en silencio. Allí manda la dictadura de la vejez, esa que roba recuerdos, quita continencias y
aleja visitas. Sus olores invaden cada rincón. Los abuelos se hacinan en la larga hilera de cuartos
húmedos.
La entrevista ya no es tan amable como en la agencia de Perú, cuando le preguntan si acepta el trabajo;
mientras una empleada que pasa cargando un atado de sábanas grises intenta decirle algo con la
mirada.
La encargada nunca más le devuelve sus documentos, los días pasan sin que se hable de franco alguno,
“igual no tendrías dónde ir”, le dice la encargada, sin documentos podés tener problemas.
Del lugar en el que se encuentra, nadie entra ni sale. El tiempo pasa lento entre fatigas y labores.
Por la noche Mara piensa en su esposo, sus hijos, su calle, el guiso de pollo de los domingos y el aroma
del ceviche marinando en el limón fresco. Cada noche idea cómo escapar. Cada mañana vuelve a su
trabajo… Los abuelos… Ella se iría, sus viejitos no. Al fin y al cabo ella ha hecho la diferencia, algunos
sonríen cuando se deja ganar a la escoba, otros no; pero lloran menos.
Extrañezas del corazón humano. Rehén de sí misma, Mara se queda por ellos.
CASO N° 11
La luz solo llega hasta las primeras computadoras. En las últimas hileras del fondo, apenas iluminadas
por el resplandor de los monitores muchos hombres oscuros, adultos de edad indefinida y mirada fija
consumen páginas que el filtro ausente, deja fluir insolentes.
Mica pasa frente al hombre del mostrador que la mira indiferente, va directo al fondo donde comienza a
pasear entre las máquinas, baila sola, intenta movimientos adultos que su cuerpo de niña se niega a
reproducir, se para detrás de los hombres, sonríe, cruza algunas palabras. Quizás tenga 13 años, aunque
su mirada parece evidenciar más. Ella ofrece su vida por diez pesos, afuera un hombre joven mira todo.
Alguien le ofrece una suma por toda la noche. Ambos, adulto y niña salen a la puerta a tratar con quien
la espera apoyado contra un árbol.
Cerrado el trato, se alejan. Ella camina un poco adelante. Contrariamente a lo que espera, al sórdido
ritual que su padrastro llama trabajo, el hombre la invita a comer hamburguesas. Ella ríe y acepta,
hablan de muchas cosas, de su música preferida, de la escuela que tuvo que dejar… él le dice que vive
cerca, que podría bañarse, que le prestaría ropa de su hija, y que luego unos amigos suyos la llevarían
de vuelta a casa en coche.
A la mañana dos hombres parten de aquél departamento llevando consigo a Mica.
El encargado del ciber nunca pregunta por qué desde ese día Mica; ya no camina entre las máquinas; ya
no juega a la mujer entre penumbras, y nadie la espera contra el árbol…
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Riesgos para la salud y las consecuencias de la trata