CAPITULO XXV
TUNEZ Y ARGEL,
LA MISIÓN ENTRE
LOS ESCLAVOS
JOSÉ MARIA ROMAN, SV (I Biografía), BAC 1981, pp. 420-435
“Nos encontramos en 1642…
María de Wignerod (duquesa de
Aiguillón) y Luis XIII (Rey)
manifestaron su deseo y decisión
de enviar misioneros a Berbería.
Abelly y Coste, analizando este
acontecimiento, sostienen que
se debe en parte a el
conocimiento que tenía Vicente
de su cautiverio juvenil.
Grandchamp, por el contrario,
sostiene que nunca los hubiera
mandado si realmente conocía
aquellos lugares. Lo cierto es
que, este acontecimiento es una
prueba de que Vicente conocía
muy bien la triste situación de los
cautivos y su necesidad de ayuda
y consuelo.
Luis XIII
Nacionalidad: Francia
Fontainebleau 1601 - 1643
Rey 1610 - 1643
Hijo de Enrique IV y María de Médicis, Luis XIII
tenía nueve años cuando recibió la corona
francesa por lo que la regencia quedó en
manos de su madre asesorada por el italiano
Concini. El asesinato del consejero en 1617 por
nobles franceses enemistados con él provocó
un nuevo recrudecimiento de las guerras de
religión al emprender el nuevo consejero,
Charles d´Albert, duque de Luynes, una
contundente ofensiva contra los calvinistas del
Bearn. Las fuerzas calvinistas fueron
movilizadas provocando la caída del favorito y
la firma del Tratado de Montpellier en 1622 por
el que los hugonotes mantenían las
condiciones otorgadas por Enrique IV. Dos
años más tarde fue designado el cardenal
Richelieu presidente del Consejo con el
objetivo en mente de reforzar el papel de la
monarquía
suprimiendo
el
papel
preponderante de la aristocracia y de los
hugonotes mientras en el exterior deseaba
reforzar la hegemonía francesa en Europa. Sus
éxitos se manifestaron en los triunfos contra
los hugonotes con la rendición de la plaza
fuerte de La Rochelle aunque en el aislamiento
del poder nobiliario no tuvo tanta suerte. La
política exterior de este monarca esta marcada
por la Guerra de los Treinta Años y su
enfrentamiento con España, a pesar de estar
casado con la española Ana de Austria.
“Otra vez los corsarios…”
TURCOS VS CRISTIANOS
Sultán de Constantinopla
Luis XIII (Rey)
FRANCIA
(1642)
Libia, Túnez,
Marruecos y
Magreb
María de Wignerod
(Duquesa)
Argelia, Magreb
P. Julián Guérin y el Hermano
Francisco Francillon
P. Bonifacio y el Hno. Juan
Barreau
Tunez
Argel
Los acuerdos entre el Rey y
el Sultán permitían que por
derecho,
los
cónsules
pudieran contar con la
presencia de un sacerdote,
en este caso un misionero.
Sin embargo, los territorios
estaban gobernados por
reyezuelos que actuaban por
cuenta propia. Su principal
actividad:
hostigar
la
navegación europea en el
Mediterráneo
occidental,
como reacción de guerra del
Imperio Turco con las
naciones cristianas, sobre
todo con España. La captura
de
naves
cristianas
proporcionaba, además de
las mercancías confiscadas,
brazos para las galera, mano
de
obra
para
las
explotaciones
agrícolas,
reclutas
para
los
escuadrones, mujeres para
los harenes e ingresos por
rescates,
así
como
impuestos sobre la venta de
esclavos.
Esta actividad duró 2 siglos, y por
tanto, una pesadilla para los países
mediterráneos. Entre ellos, Francia
pactó diversos acuerdos, muchas veces
“vergonzantes y humillantes” (:
Francisco I, Enrique IV y en los cuales
participó también Richelieu con los
berberiscos). Todo este tiempo la
piratería continuaba y prosperaba con
sus irremediables consecuencias: «la
esclavitud» y la «apostacía». Se calcula
que fueron alrededor de unas 50,000
almas (otros sugieren unas 20, 000). La
vida de la cautividad era dolorosa y
humillante:





Alojamiento
Alimentación
Castigos
Sufrimientos físico y morales
Apostasía.
“Usted ha sido enviado para consolar las almas
afligidas”
Vicente estaba bien informado de todo lo
que ocurría. Su propósito al enviar
misioneros a aquellas tierra NO era realizar
rescates, ni convertir musulmanes. Los
precios que se podían pagar era demasiado
altos, incluso, la vida. El objetivo: Se
trataba de mantener entre los esclavos una
especie de misión permanente como las que
se daban en los campos franceses o
italianos.
a)
Los misioneros desempeñaron el cargo
de cónsules de Francia. La idea fue de la
duquesa de Aiguillon, que pretendía
eliminar de ese modo los roces entre los
cónsules y capellanes, sobre todo
cuando los primeros llevaban a cabo
comercios turbios. Pero la Sagrada
Congregación de Propaganda no veía
con buenos ojos la labor de cónsules por
parte de los misioneros. Por lo que los
hermanos de la misión jugaron un papel
fundamental.
b)
Los misioneros eran muy rigurosos ante
la actividad consular en negocios turbios,
aplicando con severidad las leyes y siendo
insobornables: contrabando de armas y
otras mercancías prohibidas por las leyes
francesas y pontificias.
En muchos momentos, Vicente pensó renunciar. Sin embargo, la
Duquesa lo convenció de lo contrario.
c)
Por parte de la Santa Sede, los
misioneros ejercieron, además, el cargo
de vicarios generales del arzobispo de
Cartago, con jurisdicción eclesiástica
sobre los sacerdotes, religiosos y files
de estos lugares.
d)
Los misioneros acabaron
encargándose también de tramitar
rescates, a pesar de las reservas de
Vicente. Estas historias no siempre
tuvieron desenlacen románticos: a
veces las demandas eran exageradas,
algunos misioneros pagaron con la
prisión o el suplicio de compromisos
imposibles de resolver.
Muchos de los trámites fueron
realizados desde San Lázaro,
pasando después a Marsella y
de ahí, a Berbería por medio de
comerciantes o marinos que
enlazaban ambas orillas del
Mediterráneo.
La correspondencia en este
tiempo contiene un rosario de
nombres y de oficio comercial,
que muy bien podríamos llamar
a todo este movimiento: «un
comercio de la caridad».
Según Abelly, el total de los
cautivos rescatados por Vicente
pasó de los 1, 200, por un valor
de 1, 200.000 libras.
“¡Pero si es un niño! Monseñor, es su vocación”
La empresa no hubiera podido llevarse a
cabo, sin los hombres formados por Vicente
que resistieron en situaciones adversas: PP.
Julián Guérin y Juan Le Vacher y el hermano
Francillon, entre otros más. Su celo fue
grande. Tuvieron que actuar de manera
prudente y moderada. Vicente envió a Juan
Le Vacher, sacerdote joven de 28 años.
Coincidió que en ese momento un nuncio de
la Santa Sede visitaba san Lázaro para pedirle
la bendición para la partida de este
misionero. Al llegar a Marsella, Le Vacher
calló enfermo. El superior pidió su cambio; a
lo que Vicente respondió: “Si está demasiado
débil para llegar al barco, que lo lleven; si
durante el viajo no puede resistir al mar, que lo
echen por la borda». Sin embargo, aunque es
extraña esta actitud en Vicente, se puede
afirmar que a los héroes se les trata como
héroes. Los hechos probarán que Vicente
tenía razón.
Le Vacher resistió a su enfermedad y a la peste
que se desató; otros no tuvieron la misma
suerte: P. Guérin y el cónsul Martín de Lange. Le
Vacher y el hermano Francillon, se quedarían
solos en aquellos lugares, necesidad que no
sería remediada en vida de Vicente.
“Los malos tratos recibidos por el cónsul de Francia”
En Argel, la misión se había iniciado
en 1646 con la compra del
consulado, al que fue destinado el
hermano Juan Barreau. 3 Padres
murieron en esta misión después de
un breve ejercicio apostólico con
los apestados. En 1651 llegó Felipe
Le Vacher, hermano de Juan. Los
dos poseían la misma piedad
profunda y la misma capacidad de
sufrimiento.
La historia externa de la misión de Argel podría
resumirse en dos palabras: deudas y cárceles. El
hermano Barreau no sabía decir no a una obra de
caridad, asumiendo compromisos que luego no se
podían cumplir. Lo hizo tantas veces, que los beyes se
acostumbraron a tomarlo como rehén para asegurar el
cumplimiento de algún contrato. Entre los beneficiarios
de estos actos de caridad estaban: algún cautivo en
apuros, religiosos, mercedarios, esclavos fugitivos, etc.
En vano Vicente le prodigaba consejos y órdenes. Sin
embargo, el más perjudicado era él, pues en dichas
cárceles se le propinaban malos tratos: le apalearon, le
colgaron cabeza abajo, le clavaron cañas de bambú en
las uñas…Vicente solía sacarlo de apuros. El hecho más
grave fue en 1657, al hacer varias colectas y recolectar
fondos; incluso se hicieron volantes con propaganda:
«Relato de los malos tratos recibidos por el cónsul de
Francia en Argel, de Berbería y de las necesidades de
los pobres esclavos». Luego, se indicaba los lugares en
donde hacer sus donaciones.
Por ese tiempo, se tuvieron
noticias de sus cartas
juveniles sobre su propia
cautividad en Túnez.
Era un contratiempo serio,
ya que se pensaba que
hubiera
podido
comprometer el éxito de la
colecta.
Vicente hizo cuanto estuvo
en su mano desaparecer
aquellas “miserables” cartas.
No lo consiguió, pero al
menos impidió que se les
publicitara. El silencio sobre
su cautiverio puede tener
aquí uno de sus motivos.
“Trabajan día y noche”
En cuanto al trabajo apostólico realizado con los cautivos, nos
remitimos a las Mémoires, por Abelly.
a)
P. Guérin: En la Galera de Argel (300 esclavos
cristianos). Su misión consistía en celebrarles la misa
(en una casa); algunos llevaban 20 años sin recibir los
sacramentos; algunos griegos (cismáticos) se
confesaron y comulgaron. Se concluyó con una
fiesta.
b)
P. Juan Le Vacher: Les contaba a los PP. Misioneros
en San Lázaro, su trabajo en las galeras, antes las
necesidades espirituales y corporales que ahí
encontró (p. 433).
c)
P. Felipe Le Vacher rescataba esclavos, reformaba a
los sacerdotes y religiosos cautivos, sufría
calumnias, trabajaba sin descanso. Su celo era
excesivo y riguroso. Vicente llegó a decir: «un
hombre todo fuego…Es un hombre que trabaja
continuamente…exponiendo su vida por asistir a su
prójimo» (p. 433).
Tanto en Argel como en Túnez y Bizerta, los
misioneros instalaron capillas en los baños
principales para celebrar la santa misa. En los 2
consulados se veían verdaderas iglesias, que
servían como parroquias para los comerciantes
extranjeros: ¡verdaderos centro de
celebración e identidad cristiana!
Los misioneros no limitaban su atención a los
cautivos de las ciudades, sino que se
adentraban por el país, llevando consuelo y
socorros espirituales y corporales a los que
trabajaban en las canteras o en las “macerías”
(campo)…más habitadas por leones que
por hombres. Mucha de esta gente llevaba
más de 18 años sin ver a un sacerdote. Se
tuvieron con ellos las actividades propias de
una misión vicentina. Y en toda esta actividad
se tenía una convicción: «la caridad
espiritual y la material son inseparables».
“El templo del Espíritu Santo”
La crónica de la misión cuenta
el caso de un niño inglés
convertido al catolicismo, no
sin antes superar la resistencia
de los suyos.
Al P. Guérin le llegó a confesar:
que estaba dispuesto llegar
hasta la muerte antes de
apostatar. Se decía de él: “Un
pequeño templo del Espíritu
Santo”. Hubo otros casos
parecidos con 2 jovencitos:
uno inglés y otro francés,
dispuestos incluso al martirio.
“Un alma pura como el oro limpio en el crisol”
Felipe Le Vacher contaba que
había renegado de su fe por
miedo a ser enviado a las
galeras. Luego de la predicación
del
misionero
retomó
la
conciencia y se le inflamó el
corazón por una conversión
auténtica, aún a costa de su
propia
vida
a
favor
del
cristianismo.
El martirio le alcanzó y el P. Le
Vacher asistió secretamente
dándole la absolución. Vicente
expresaba de este
joven:
“Entregó su alma a Dios pura
como el oro en el crisol” (p.
436). Vicente comentó este
hecho de fidelidad a sus
misioneros
presentes
y
ausentes.
En los últimos años de su vida, Vicente,
intentó una especie de cruzada para liberar
de golpe a la población cautiva de Berbería,
pero no llegó a realizarse ni a concretizarse.
Lo cierto es que la misión de Berbería,
prosiguió después de la muerte de Vicente.
Juan Le Vacher y el hermano Francillon
coronaron su vida con el martirio. Ambos
murieron de la misma manera, atados a la
boca de un cañón, cuyo disparo cortó en
dos sus cuerpos y los arrojó a las aguas del
puerto de Argel.
Descargar

CAPITULO XXV