ENTRE
ESPINAS
FLORES
Tengo cicatrices que nunca me abandonarán. Ellas no duelen, no
incomodan y me hacen acordar de cuánto la vida es perenne, de
cuánto somos accesibles a lo que nos envuelve y de cuánto
podemos construirnos con las tempestades que llegan sin avisar
Dicen que muchas personas son destruidas porque nadie creyó
en ellas, les dijeron que eran incapaces y mataron la pequeñita
semilla del querer ser grande o algo en la vida.
Pero la fuerza mayor, crean, está en las personas que
necesitan sobrevivir, las que necesitan doblar las
mangas e ir a la lucha, las que se sienten solas y aún
despiertan cada mañana.
Cuán admirados quedamos delante de un invidente que
encuentra su camino con facilidad o de un deficiente que
trabaja, desarrolla talentos. Miramos para nosotros mismos y
sentimos vergüenza de nuestra imagen en el espejo. Somos
perfectos y no vamos a ningún lugar…
La facilidad en vez de colaborar con nuestro
crecimiento, aniquila nuestro poder.
Si quisiéramos probar nuestras capacidades, tenemos
que aceptar nuestras dificultades y hacer de ellas
instrumentos de la construcción de nuestro yo.
Las Casas son construidas sobre pedazos de piedras y
no sobre lecho de rosas. Ellas necesitan de base y de base
necesitamos nosotros.
Aquello que no nos destruye, debe construirnos. Aquello
que no nos destruye, debe dejarnos más fuertes.
Las mismas lágrimas que mojan nuestro rostro alivian
nuestra alma, traen la tranquilidad y el sueño gustoso.
Dios sabe de la fuerza de nuestros brazos y de
nuestras piernas y hasta donde puede doler
nuestro corazón
Él no nos juzga incapaces, no nos juzga pequeños y sabe que
existen fuentes en desiertos, flores entre espinas y secretos
maravillosos escondidos en el seno de la tierra.
Autora del Texto: Leticia Thompson
Imágenes de la Red
Formato : Tere
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