No llego a ser el dueño,
el dueño de mí mismo.
Aún no hago el
inventario
de lo que soy y tengo.
Pero lo sé,
en lo más íntimo, lo sé,
que te pertenezco.
Yo soy para mí mismo
confuso e incompleto.
No soy quieta
autoestima,
ni abarco mis procesos.
(Pero lo sé,
en lo más íntimo lo sé,
que te pertenezco)
Y desde mi
“pertenecerte”,
poco a poco
me poseo,
sombra a sombra
me integro,
luna a luna,
yo me gesto.
Y desde mi
“pertenecerte”,
cana a cana
me comprendo,
lágrima a lágrima
me entrego,
risa a risa,
me acepto.
Te pertenezco...
Me pertenezco.
Y mi alma se complica,
y me siento inseguro,
y mis dioses me fallan
dejándome desnudo.
...Pero lo sé,
en lo más íntimo lo sé,
que te pertenezco.
Certeza como un rayo.
Revelador secreto.
...A la vez, me supera,
y no sé si lo “entiendo”.
Pero lo “sé”,
en lo más íntimo,
lo “sé”
¡Que te pertenezco!
Y desde mi “pertenecerte”,
poco a poco me poseo,
sombra a sombra,
me integro,
luna a luna, yo me gesto.
Y desde mi “pertenecerte”,
cana a cana me comprendo;
lágrima a lágrima,
me entrego,
risa a risa, me acepto.
Y desde mi
“pertenecerte”,
poco a poco,
me hago dueño.
Sombra a sombra,
me perdono,
luna a luna, me sereno.
Y desde mi
“pertenecerte”,
cana a cana
me reencuentro,
lágrima a lágrima
me nombro,
risa a risa, me libero.
Te pertenezco...
Me pertenezco...
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