MARÍA
sierva,
peregrina.
Tú eras una joven y sencilla mujer.
Tú vivías en un pueblecito.
Tu familia no era nada especial.
Pero...
tú estabas enamorada,
y tu corazón “soñaba”
con lo más hermoso.
¡Tenías toda una vida
por delante!
Y...
José estaba ahí,
¡también ilusionado!
En vuestros corazones,
resonaban
las antiguas promesas de Dios.
Escuchabais sus palabras,
y os sonaban siempre a nuevas.
Y, seguro, que os ilusionabais
ante los planes de Dios.
El Espíritu se posará sobre ti,
porque para Dios
“todo es posible” .
¿Cómo sería?
¿Era posible?
¿Qué sería de José...?
”El Espíritu te cubrirá
con su sombra...”
Tu respuesta
es clara y sencilla:
“Hágase en mí
según tu palabra”
Y Dios se hizo PRESENCIA...
Y tú te abres a sus deseos,
porque tu corazón
está enamorado.
Eres su SIERVA,
y ahora te pones
en camino...
¡PEREGRINA!
”José, no temas llevarte
a María, tu mujer,
porque lo que hay en Ella
viene de lo Alto...”
Y...
JUNTOS os ponéis
en CAMINO.
Vuestra condición...
¡SER CAMINANTES!
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MARIA: sierva, peregrina