Érase una vez un pastor que se pasabe el día
cuidando de du rebaño. Un día iba por el monte
detrás de sus ovejas pensando en sus cosas
cuando, de pronto, oyço a una serpiente que le
llamaba desde una cueva excavada en el
monte.
-Ay, buen pastor, ayúdame a salir de esta oscuridad en la
que estoy. Aqu´me metí cuuando era pequeño y, como
he creicido mucho desde entonces, no puedo salir sin
que alguien quite la piedra que tapa la cueva, que yo no
la alcanzo.
Y le contestó el pastor:
-Si te ayudo a salir de ahí, eres capaz de comerme.
Y dijo la serpiente:
-¿Cómo he de comerte di me ayudas?
Total, que el pastor le tuvo lástima y con muchos esfuerzos
quitó la piedra que tapaba la boca de la cueva. La culebra
se descentró poco a poco fue saliendo de la cueva con
gran esfuerzo. Y cuando estuvo fuera dijo:
-¡ cuánta hambre tengo, pastor, voy a comerte!
El pastor de indignó y dijo:
-Eso no es lo convenido y tengo derechoa que se respete
nuestro acuerdo. Vamos a buscar quien sentencie este pleito
y para eso necesitamos por lo menoos tres opiniones.
-Estoy de acuerdo-dijo la serpiente.
Fueron a consultar el caso al bosque.
Llegaron a la orilla de un reguero doonde encontraron a
un perro de caza que estaba medio muerto de hambre.
-Vamos a consultar a este perro –propuso la serpiente.
Le contaron el problema y el perro fue y les dijo:
-Yo era el perro más fiel que tenía mi amo y el mejor
cazador, y ahora que soy viejo y no puedo cazar, me deja
aquí abandonado sin compasión para que me muera de
hambre. Y como del mal de hambre no debe morirse
nadie, si la culebra está hambrienta, no hace mal si te
come, pastor.
Se despidieron del perro y continuaron andando.
El pastor y la culebra, intentando buscar alguien mas
en aquiel bosque para que le diese su opinion sobre
lo sucedido, se perdieron. Oscurecía y era tarde para
que nadie hubiese por allí y se tumbaron bajo un
árbol para descansar, y para la mañana siguiente
poder seguir preguntando.
La mañana siguiente emprendieron el viaje y allí,
encontraron un caballo muy flaco y el partor consultó
con él. Y dijo el caballo:
-Con gusto te daré mi opinion. Yo estaba al servicio de un
señor con el cual me porté muy bien, pues siempre
estaba a punto para todo lo que necesitaba de mí. Y
ahora que no puedo trabajar, porque ya voy viejo, me
echó a morir en este bosque. Yo creo que el que no
comió, justo es que coma, y si la serpiente tiene hambre,
debe comerte.
“Me parece que pierdo el pleito”, se dijo, compungido, el
pastor al ver cómo iban las cosas.
Siguieron andando los dos y el pastor vio a un zorro sentado
sobre una piedra. Se acercó el pastor y le dijo:
-Zorro, ven acá, que quiero consultar contigo un asunto
muy grave que me va la vida.
Y dijo el zorro:
-Consúltame desde ahí, que bien te oigo.
Entonces el pastor le contó lo que le había ocurrido con la
culebra y también la sentencia que habían dictado el
perro de caza y el caballo flaco.
-Ésa es una sentencia de animales –dijo el zorro después de
escucharle-. Para sentenciar el pleito hay que reconstruir los
hechos. Vamos los tres a la cueva donde estaba metido la
culebra y entonces decidiremos.
Con que se fueron alla y dijo el zorro a la culebra.
-A ver, métete donde estabas para que yo me dé cuenta
de tu situación cuando le pediste ayuda al pastor. La
serpiente se metió en la cueva y entonces el zorro le dijo al
pastor que pusiera de inmediato la piedra en donde la
había quitado. Lo hizo el pastor en un pispás yla culebra
quedó de nuevo encerrada en la cueva. Entonces el zorro
se dirigió al pastor y le dijo:
-Ahora déjalo que se muera ahí dentro; si no le hubieras
prentado auxilio, no habrías corrido el peligro que corriste y
del que te he sacado yo.
-Ahora déjalo que se muera ahí dentro; si no le hubieras
prentado auxilio, no habrías corrido el peligro que corriste y
del que te he sacado yo.
El pastor se quedó más contento que unas castañuelas por
haberse librado de la serpiente.
Se acarició un poco la barbilla y le dijo al zorro:
-La verdad es que te estoy muy agradecido por lo que has
hecho por mí, amio zorro. Y para reconpensarte, se me
ocurre que vengas conmigo al pueblo, donde te voy a dar
las gallinas más gordas que tengo en el gallinero para que
te las comas bien agusto. Y el zorro le dijo:
-¡Ni hablar! Yo no voy al pueblo a comer gallinas de día ni
contigo ni solo, que no tengo ganas que se me hechen los
perros encima.
El pastor después de aberselo pensado un rato, respondió:
-Bueno, pues quédate aquí mientras yo voy a por ellas y te las
traigo.
El zorro se quedó esperando y, al cabo del rato, volvió el pastor
cargando con un saco.
Y le pregunto el zorro:
-¿Qué es lo que traes en ese saco?
Y respondió el pastor:
-Aquí dentro traigo una gallina y un par de pollos para que te los
comas tan ricamente.
El zorro preguntó:
-No me engañarás, ¿verdad?
Y contestó el pastor:
-Si te engañase, lo tendría toda la vida sobre mi consciencia. Aquí
tienes la gallina y los y pollos y que los disfrutes.
El zorro se echo el saco a cuestas y se marchó con él.
Cuando iba subiendo por el monte, se dijo: “ tengo tanta
hambre que me parece qe no aguanto más, así que me
paso en este claro y me zampo un pollito de los que me
había dado el pastor, y me quedo tan agustito”.
Abrió el saco y salió de él un perrazo enorme que se lanzó
a la carretera tras el zorro. Y éste, corriendo delante del
perro como alma que lleva el diablo decía en voz bien
alta:
-Para que os quiero, zancas, qe en este puñetero mundo
no hay más que trampas.
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LA SERPIENTE Y EL PASTOR - ZeretazertarakoTutoretza