El Espíritu de Dios bajaba
como una paloma
Mis hijos amados
“
Fue Jesús desde
Galilea al Jordán
y se presentó a Juan,
para que lo bautizara.
Pero Juan intentaba
disuadirlo diciendo:
“Soy yo el que
necesita ser
bautizado por ti,
¿Y tú acudes a mí?”
Jesús le respondió:
“Déjame ahora,
pues conviene
que cumplamos así
todo lo que Dios quiere”.
Entonces Juan se lo permitió.
Bautizado Jesús,
salió del agua;
se abrió el cielo
y vio
al Espíritu de Dios
que bajaba
como una paloma
y se posaba sobre él.
Y una voz que salía
de los cielos
decía:
“Este es mi Hijo,
el amado, mi predilecto”
(Mt 3, 13-17)
EL HIJO AMADO
LOS HIJOS AMADOS
HIJOS AMADOS
HIJOS AMADOS
Queridos míos, amémonos
los unos a los otros,
porque el amor
procede de Dios, y el que ama
ha nacido de Dios
y conoce a Dios.
El que no ama
no ha conocido a Dios,
porque Dios es amor.
Así Dios nos manifestó su amor:
envió a su Hijo único al mundo,
para que tuviéramos Vida
por medio de él.
Y este amor no consiste en que
nosotros hayamos amado a Dios,
sino en que él nos amó primero,
y envió a su Hijo
como víctima propiciatoria
por nuestros pecados.
[1Juan 4,7-10]
La
Palabra
se
hizo
carne
¡¡Tú vienes a mí!!
¡¡Tú vienes a mí!!
Te necesito a ti
¡Te necesito a Ti, sólo a Ti!
Deja que lo repita sin cansarse mi corazón.
Los demás deseos que día y noche me embargan
son falsos y vanos hasta sus entrañas.
Como la noche esconde en su oscuridad
la súplica de la luz,
así en la oscuridad de mi inconsciencia
resuena este grito:
¡Te necesito a Ti, sólo a Ti!
Como la tormenta está buscando la paz
cuando golpea la paz con su poderío,
así mi rebelión golpea tu amor y grita:
¡Te necesito a Ti, sólo a Ti! (Tagore)
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