Lectio divina domingo V de Pascua
28 de Abril 2013
Sociedad Bíblica España
Música: Ilumination. Secret Garden
Montaje: Eloísa DJ
AMAOS LOS UNOS A LOS OTROS
Después de haber salido Judas, Jesús dijo:
Ahora se manifiesta la gloria del Hijo del
hombre, y la gloria de Dios se manifiesta en él.
Y si él manifiesta la gloria de Dios, también
Dios manifestará la gloria del Hijo del hombre. Y
lo hará pronto.
Hijitos míos, ya no estaré mucho tiempo
con vosotros.
Me buscaréis, pero lo mismo que dije a los
judíos os digo ahora a vosotros:
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No podréis ir a donde yo voy. Os doy este
mandamiento nuevo: Que os améis los unos a los
otros.
Así como yo os amo, debéis también amaros
los unos a los otros.
Si os amáis los unos a los otros, todo el
mundo conocerá que sois mis discípulos.
Juan 13:31-35
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Hoy nos
encontramos con
Jesús y sus
discípulos en la
habitación del piso
alto durante la
Última Cena.
Juan no describe la “cena eucarística” en
cuanto tal, como hacen los autores de los
otros evangelios,
sino que nos
proporciona aspectos
distintos de la vida y
de la doctrina de
Jesús.
Jesús espera a que
se marche Judas
antes de revelar a
sus discípulos un
‘mandamiento nuevo’.
Como sabía
lo que Judas
albergaba en
su corazón,
no es de
extrañar que
Jesús decida
hablar de
este tema
después de
que aquél se
haya ido.
¿Qué tiene
de especial
este
mandamiento
‘nuevo?
La exigencia de amar a Dios y amar a
nuestro prójimo como a nosotros mismos les
era familiar a los discípulos a partir de la
Ley de Moisés
(Deuteronomio 6:5 y Levítico 19:18).
Pero la enseñanza y el ejemplo de amor de
Jesús profundizan en este mandamiento.
Los otros tres evangelios
llaman a esta doctrina el
mandamiento ‘mayor’ o el
‘más importante’
(Mateo 22:34-40, Marcos
12:28-34, Lucas 10:25-28).
El nuevo reto
que en este
caso les
plantea Jesús
a sus
discípulos es
que se amen
los unos a los
otros ‘como
yo os he
amado’.
Jesús proclama que es ahora cuando Dios
pone de manifiesto la identidad y la
autoridad divinas del Hijo del Hombre, que
es Jesús mismo.
El amor de
Jesús a sus
discípulos, a
nosotros y a
todas las
gentes refleja
el amor mutuo
e incondicional
que existe
entre Dios
Padre, Hijo y
Espíritu
Santo.
Los cristianos, que viven gracias a este amor
mutuo en su vida diaria,
hacen que el amor místico de Dios sea un
hecho concreto ante las gentes que les
rodean y manifiesta que son seguidores de
Jesús.
Al llevar a la práctica
este amor
incondicional,
los
cristianos
‘corrientes’
descorren
un velo y
hacen
posible
vislumbrar
el cielo y el
amor que
procede de
la Santísima
Trinidad.
Ahora podemos
ver por qué
Jesús y Juan
ponen tanto
énfasis en la
relación que
existe entre las
personas de la
Santísima
Trinidad
(Juan 14-16).
Y por esa
razón, Jesús
insiste en
que el amor
compartido
por los
cristianos
tiene que
configurarse
a semejanza
de su propio
amor hacia
ellos:
sacrificado e
incondicional.
¿Qué es lo
que más te
llama la
atención de
estos
versículos?
Pídele a
Espíritu
Santo
que te
hable.
¿Qué sientes ante el
mandamiento de Jesús de
que amemos a los demás
cristianos como él nos
ama?
¿Nos pide
Jesús algo
imposible?
¿Cómo
podemos
tratar de
obedecer este
mandamiento?
¿A quién podemos
acudir pidiendo
ayuda?
Considera si
existe alguna
manera especial
en que Dios quiere
que expreses su
amor hacia otro
cristiano.
El Salmo
145:8-13
enumera
algunos de los
rasgos de
Dios.
Clemente y compasivo es Yahveh , tardo a la cólera
y grande en amor;
bueno es Yahveh para con todos, y sus ternuras
sobre todas sus obras.
Te darán gracias, Yahveh , todas tus obras y tus
amigos te bendecirán;
dirán la gloria de tu reino, de tus proezas hablarán,
para mostrar a los hijos de Adán tus proezas, el
esplendor y la gloria de tu reino.
Tu reino, un reino por los siglos todos, tu dominio,
por todas las edades. Yahveh es fiel en todas sus
palabras, en todas sus obras amoroso;
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A medida que
Dios se rebaja
al nivel de
nuestra
condición
mundana para
manifestar su
imagen y
semejanza,
comenzamos
nosotros a
reflejar su
naturaleza.
Ofrece a Dios
estos versos con
espíritu de
oración.
Ábrele el
corazón a Dios y
déjale que te
hable.
Si estás pasando
malos momentos en
relación con una
persona en
concreto, expónselo
al Señor.
Apocalipsis 21:1-5 habla de ‘un cielo nuevo y
de una tierra nueva’.
Luego vi un cielo nuevo y una tierra nueva
porque el primer cielo y la primera tierra
desaparecieron, y el mar no existe ya.
Y vi la Ciudad Santa, la nueva Jerusalén,
que bajaba del cielo, de junto a Dios,
engalanada como una novia ataviada para su
esposo.
Y oí una fuerte voz que decía desde el
trono: « Esta es la morada de Dios con los
hombres. Pondrá su morada entre ellos y ellos
serán su pueblo y él Dios con ellos, será su
Dios.
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Y enjugará toda lágrima de sus ojos,
y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni
gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha
pasado.»
Entonces dijo el que está sentado en
el trono: « Mira que hago un mundo
nuevo.»
Y añadió: « Escribe: Estas son
palabras ciertas y verdaderas.»
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Considera esta
promesa y
piensa en los
vínculos que
existen entre
esta visión y el
mandamiento
nuevo de
Cristo.
Piensa en la manera
en que Jesús nos
adorna a nosotros, su
Iglesia, para que
seamos para él como
una novia.
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AMAOS LOS UNOS A LOS OTROS