Las obras de Jesús nos hacen conocer que Dios es vida.
Nuestras obras harán saber a [email protected] demás
que creer en él es no tener miedos,
y que es necesario seguir caminando, con alegría y esperanza,
hacia la promesa de libertad y vida.
Juan 6, 24-35
18 Tiempo Ordinario –B2 agosto 2009
24Cuando
se dieron cuenta de que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, subieron a las
barcas y se dirigieron a Cafarnaún en busca de Jesús. 25Lo encontraron al otro lado y le
dijeron:
–Maestro, ¿cuándo has llegado aquí?
26Jesús les contestó:
–Os aseguro que no me buscáis por los signos que habéis visto, sino porque comisteis
pan hasta saciaros. 27Esforzaos, no por conseguir el alimento transitorio, sino el
permanente, el que da la vida eterna. Este alimento os lo dará el Hijo del hombre,
porque Dios, el Padre, lo ha acreditado con su sello.
La gente sigue buscando a Jesús.
Surge una primera reflexión y un compromiso para [email protected]:
¿qué hago yo para encontrarme con Jesús?
Cuando Jesús advierte que lo buscan por interés, les dice que hay un alimento
superior, que les conviene más, el que da “vida eterna”.
No se refiere a la “otra vida”, sino a una vida distinta de la existencia anterior.
28Entonces
ellos le preguntaron:
–¿Qué debemos hacer para actuar como Dios quiere?
29Jesús respondió:
–Lo que Dios espera de vosotros es que creáis en aquél que él ha enviado.
Jesús sale al paso, ante la actitud de querer
confiar sólo en las propias obras,
diciendo que basta una sola obra: creer en él.
La nueva vida se alcanza creyendo en Jesús,
orientándose por él,
yendo con él a través de la vida.
La fe es la adhesión a Jesús, a su mensaje,
a su forma y estilo de vida.
¿Qué lugar ocupa la fe en mi vida?
¿Tiene que ver con todo lo que hago
o sólo me “sirve” en momentos de apuro
o dificultad?
Cuando el Evangelio se hace en [email protected]
convicción, empezamos a vivir esta vida
distinta, la “vida eterna”,
la vida que nos cambia y cambia el mundo.
30Ellos
replicaron:
–¿Qué señal puedes ofrecernos para que, al verla, te creamos? ¿Cuál es tu obra?
Vicente Ferrer
La señal que Jesús ofrece es que lo fundamental es una vida en la que se imponga,
antes que ninguna otra cosa, la bondad, el cariño, el respeto, la solidaridad,
la compasión. Porque así la vida se llena de alegría y sentido y se resuelve no sólo
el problema del hambre material, sino muchos de los problemas que hacen
desgraciadas a las personas.
¿Qué señal ofrezco para que, al verla, las personas crean, tengan vida y se sientan
más felices? ¿Cuál es mi obra?
31Nuestros
antepasados comieron el maná en el desierto,
como dice la Escritura: Les dio a comer pan del cielo.
32Jesús les respondió:
–Os aseguro que no fue Moisés quien os dio el pan del
cielo. Es mi Padre quien os da el verdadero pan del cielo.
33El pan de Dios viene del cielo y da la vida al mundo.
Como está hablando con personas judías hay alusiones al Antiguo Testamento.
El evangelista establece un contraste entre el ayer y el hoy.
Lo que sucedió en el desierto queda superado con Jesús.
La palabra de Jesús es siempre novedad y valentía.
Provocativamente afirma que fue Dios y no Moisés quien les dio el pan verdadero,
corrigiendo preceptos y doctrinas de la Ley y los Profetas.
34Entonces
le dijeron:
–Señor, danos siempre de ese pan.
35Jesús les contestó:
–Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no volverá a tener hambre;
el que cree en mí nunca tendrá sed.
Con frecuencia no vemos ni entendemos ni sospechamos que tenemos delante
lo que necesitamos y buscamos.
Las palabras de Jesús son de esperanza para todas las personas
que se sientan hambrientas y sedientas en el desierto de la vida.
Tenemos motivos para tener alegría y esperanza.
Tenemos motivos para ser [email protected] de alegría y de esperanza. Como Jesús.
La tierra es un pan inmenso y nuestro,
para el hambre de todos.
Jesús es el Pan vivo.
El universo es nuestra mesa, hermanos.
Las masas tienen hambre,
y este Pan es su carne
destrozada en la lucha
vencedora en la muerte.
Somos familia en la fracción del pan.
Sólo al partir el pan,
podrán reconocernos.
Seamos pan, hermanos.
Danos, oh Padre, el pan de cada día.
Pedro Casaldáliga,
«El pan de cada día»
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