Dios se nos da a sí mismo como lo que es:
de Cristo.
El
Cuerpo
Y la Sangre...
Juan 6, 51-59
Jesús añadió:
–Yo soy el pan vivo bajado del cielo.
El que come de este pan, vivirá siempre.
Y el pan que yo daré es mi carne.
Yo la doy para la vida del mundo.
Jesús se identifica con el alimento -pan- que Dios da a la humanidad
-bajado del cielo- y que es preciso comer –asimilar- mediante la fe:
escucharlo…, aceptarlo…, acogerlo…, compenetrarse con su palabra
y sus sentimientos…, para tener ya vida eterna.
Esto suscitó una fuerte discusión
entre los judíos, los cuales se preguntaban:
–¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?
A veces no es fácil aceptar la verdadera presencia de Dios en la historia.
Pensar en un Dios lejano a quien ofrecerle primicias y sacrificios…, a quien hay
que aplacar y a quien se le alcanza con ritos…, razonamientos..., quizá no
crea problema. Pero Dios no es así.
Aceptar a un Dios que se ha puesto al alcance de nuestras manos, de nuestros
labios, de nuestro sentidos: oíd…, gustad…, tocad…, comed…, bebed...
Tomarlo de la mano, vivir de Él y en Él... Un Dios que nos atrae por el hambre,
por
la sed, que se hace presente y se ofrece en las realidades cotidianas de nuestra
vida... puede producir escándalo. ¡¡¡ Pero Dios es así!!!
Jesús les dijo:
–Yo os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre,
no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna,
y yo lo resucitaré el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera
bebida.
Según la visión bíblica la “carne” designa a la persona entera en su condición
mortal. En la explicación que Jesús da a los judíos, mantiene el anuncio que
les había enfadado tanto. La comunión de vida con Jesús supone entrar en su
seguimiento.., ser personas eucarísticas: abrir los brazos a [email protected] [email protected].., no
excluir ni excomulgar a nadie…, estar [email protected] a lavar los pies y a hacernos
pan y paz…, a contagiar esperanza...
El que come mi carne y bebe mi sangre vive en mí y yo en él. El Padre, que me ha
enviado, posee la vida, y yo vivo por él. Así también, el que me coma vivirá por mí.
Jesús explica los efectos que produce participar en esta comida:
La Eucaristía es una invitación a la fraternidad y a la solidaridad,
a agrandar la mente y el corazón.
Recordamos a quienes no pueden sentarse a nuestra mesa, a ninguna mesa.
Si la celebración de la Eucaristía no es expresión auténtica
de nuestra fe en Jesús, si sustituimos CELEBRAR… por ”ASISTIR”…,
REUNIRNOS… por CUMPLIR…,
COMÚN UNIÓN… por INDIVIDUALISMO…,
reducimos la Eucaristía a un acto de culto
semejante a los antiguos sacrificios del templo,
corriendo serio peligro de sentirnos [email protected]
por la mera y pasiva asistencia.
El Padre, que me ha enviado, posee la vida, y yo vivo por Él.
Así también, el que me coma vivirá por mí.
Jesús nos ofrece vida en plenitud, una vida que se mide con el termómetro
de la LIBERTAD… y el AMOR,,. Una vida alegre y esperanzada, siempre en crecimiento.
Jesús comunicaba vida cuando curaba…, cuando acogía…, cuando escuchaba…,
cuando comía…, cuando miraba...
Lo nuestro es seguir su ejemplo, hacer partícipes y comunicar esa vida a [email protected] demás.
Este es el pan que ha bajado del cielo; no como el pan que comieron vuestros
antepasados. Ellos murieron; pero el que coma de este pan, vivirá para siempre.
A pesar de haber comido el maná, “los padres murieron”;
este alimento -la ley- resultó ineficaz para comunicar vida...
El pan del cielo que es Jesús suprime para siempre la muerte
para quienes comen –creen- de Él.
“El que escucha mi palabra, ha pasado de la muerte a la vida”
Él no es solamente el “pan de vida”, sino “el pan vivo”.
Mis manos y Tus manos
hacemos este Gesto,
compartida la mesa y el destino,
como hermanos.
Las vidas en Tu muerte y en Tu vida.
Unidos en el pan los muchos granos,
iremos aprendiendo a ser
la unida Ciudad de Dios,
Ciudad de los humanos.
Comiéndote sabremos ser comida...
El vino de sus venas nos provoca.
El pan que ellos no tienen nos convoca
a ser Contigo el pan de cada día.
Llamados por la luz de Tu memoria,
marchamos hacia el Reino
haciendo Historia,
fraterna y subversiva Eucaristía.
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Cuerpo y Sangre de Cristo -A-