Aquella vez yo te encontré en la nieve...
Me habían dicho: "No abras la ventana,
que tiene mil cuchillos la mañana
y hoy ni el sol a madrugar se atreve"...
¡Oh, pálido rostro de Dios!...
Un leve sonido solitario de campana cruza mi corazón...
Una lejana lluvia de paz sobre mi pecho llueve...
Y Tú estabas allí, oh Dios callado,
oh Dios sin estrenar, Dios recién hecho,
esperando que te inaugure el hombre.
Y yo crucé tu corazón nevado,
surqué el blanco silencio de tu pecho,
niño feliz rodando por tu nombre.
EN LA NIEVE
Aquella vez yo te encontré en la nieve.
Me habían dicho: "No abras la ventana,
que tiene mil cuchillos la mañana
y hoy ni el sol a madrugar se atreve".
¡Oh, pálido rostro de Dios! Un leve
sonido solitario de campana
cruza mi corazón. Una lejana
lluvia de paz sobre mi pecho llueve.
Y Tú estabas allí, oh Dios callado,
oh Dios sin estrenar, Dios recién hecho,
esperando que te inaugure el hombre.
Y yo crucé tu corazón nevado,
surqué el blanco silencio de tu pecho,
niño feliz rodando por tu nombre.
José Luis Martín Descalzo
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