Movido por este Dios de la vida, Jesús se acerca a los olvidados por la religión.
El Padre no puede quedar acaparado por una casta de piadosos
ni por un grupo de sacerdotes controladores de la religión.
Dios no otorga a nadie una situación de privilegio sobre los demás;
no da a nadie un poder religioso sobre el pueblo,
sino fuerza y autoridad para hacer el bien.
Así actúa siempre Jesús: no con autoritarismo e imposición,
sino con fuerza curadora.
Libera de miedos generados por la religión, no los introduce;
hace crecer la libertad, no la servidumbre;
atrae hacia la misericordia de Dios, no hacia la ley;
despierta el amor, no el resentimiento.
José Antonio Pagola
“Jesús: aproximación histórica”
Texto: Mateo 23, 1-12 // Tiempo Ordinario 31 –AComentarios y presentación: Asun Gutiérrez.
Música: Pachelbel. Canon.
1Entonces
Jesús, dirigiéndose a la gente
y a sus discípulos, les dijo:
La liturgia omite las expresiones más duras (Mt 23,13-19) de este “incómodo” capítulo, donde
Mateo desenmascara la doctrina de los fariseos, incompatible con el mensaje de Jesús. Narra
la propia experiencia de Jesús que ha chocado con frecuencia con las autoridades religiosas de
su tiempo, entre las que estaban los escribas y los fariseos.
Los fariseos no eran el grupo de los mal vistos por la sociedad, sino los puros, piadosos,
cumplidores y estrictos observantes de la ley. Jesús habla a toda la gente, para prevenirles de
esas personas y para que no actúen como ellas. Son palabras duras y directas. La bondad y el
amor no están reñidos con la valentía, la coherencia y la fortaleza de espíritu.
Las denuncias y enfrentamiento con los dirigentes religiosos llevaron a Jesús a la muerte. Hoy,
probablemente, sería perseguido y excomulgado. Como les sucede a quienes le siguen de cerca.
2-En
la cátedra de Moisés se han sentado los maestros de la ley y los fariseos.
3Obedecedles y haced lo que os digan, pero no imitéis su ejemplo, porque no
hacen lo que dicen.
Jesús denuncia, censura y pone al descubierto
las actitudes de incoherencia de quienes
sientan cátedra con la convicción de estar en
posesión de la verdad y de tener la última palabra,
suplantando la Palabra de Dios –soberbios-.
Exigen a [email protected] demás lo que ellos
no cumplen –incoherentes-.
Dicen y no hacen y nunca se autocritican
o reconocen sus fallos –vanidosos-.
El mensaje de Jesús sigue vigente.
No son las palabras lo que cuentan,
sino los hechos.
Sólo se anuncia con verdad lo que se vive
con coherencia y alegría.
4Atan
cargas pesadas e insoportables, y las ponen a las espaldas de los hombres,
pero ellos no mueven ni un dedo para llevarlas.
Jesús critica la doble moral de quienes se autocomplacen en su propia moral
externa y vacía, mientras esclavizan, agobian y culpabilizan, con normas y
leyes, a las personas.
Jesús acoge a quienes viven [email protected], libera de todo yugo y ofrece alivio
y descanso. Y nos invita a que [email protected] hagamos lo mismo.
5Todo
lo hacen para que los vea la gente: ensanchan sus filacterias y alargan los
flecos del manto; 6 les gusta el primer puesto en los convites y los primeros
asientos en las sinagogas;7 que los saluden por la calle y los llamen maestros.
La actitud poco evangélica de ocupar los “primeros” puestos, compartir mesa, sillón
y honores con los “grandes” de este mundo es una tentación en la que la mayoría, en
mayor o menor grado, caemos. No es fácil armonizar estos comportamientos con el
mensaje de Jesús.
Jesús denuncia la hipocresía, la vana ostentación, los aires de grandeza y de
superioridad y el afán de privilegios y títulos de honor. Actuar así es no seguir el
ejemplo ni el estilo de Jesús.
8Vosotros,
en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno es vuestro
maestro y todos vosotros sois hermanos. 9 Ni llaméis a nadie padre vuestro en
la tierra, porque uno sólo es vuestro Padre: el del cielo. 10 Ni os dejéis llamar
preceptores, porque uno sólo es vuestro preceptor: el Mesías.
En esta segunda parte y en contraposición con la anterior, Jesús señala cómo
debe ser el/la verdader@ discípul@.
En la comunidad cristiana no hay “padres” e [email protected], en ella [email protected] somos [email protected]
No hay más intermediarios que Jesús, el único Maestro a reconocer y a seguir.
Él es el centro, el único Jefe de la comunidad.
Teniendo en cuenta las palabras, las recomendaciones y la vida de Jesús , las
instituciones organizadas en esquemas jerárquicos, donde existen escalafones
o niveles entre las personas, donde hay quien se considera y se deja llamar padre y
maestro, donde hay personas discriminadas, no tienen nada que ver con la comunidad
de Jesús; ni entienden en qué consiste el Reino de Dios.
El mayor de vosotros será el que sirva a los demás. 12 Porque el que se
ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado.
11
Jesús no sólo enseñó, sino que hizo vida sus palabras.
Pudo explicar la parábola del buen samaritano, porque él era en verdad buen
samaritano. Pudo explicarnos las bienaventuranzas,
porque él las vivía y las disfrutaba el primero.
Jesús es nuestro ejemplo viéndole con [email protected] niñ@s, con [email protected] [email protected],
con sus amigas y amigos, con [email protected] pobres. Viéndole lavar los pies.
La persona más importante es quien sirve a [email protected] demás.
¿Quién es grande e importante? La persona que escucha la Palabra y la hace vida.
Ése es el único privilegio.
Creo en Dios, Padre bueno,
creador de un mundo no terminado
en el que todos podemos participar
porque es nuestra casa.
Creo en Dios, Padre fiel y misericordioso,
que nos ha hecho hijos suyos
y quiere que seamos libres y fraternales,
iguales en nuestra diversidad,
y no pobres y ricos,
amos y esclavos,
superiores e inferiores.
Creo en Jesucristo,
que vio la situación de este mundo
y tomó partido ante ella,
comprometiéndose hasta dar la vida
por el reino de Dios.
Creo en Jesucristo,
que resucitó para el triunfo de la vida,
para que nos liberemos de los prejuicios,
de la avaricia y de la presunción,
del miedo y del odio;
para que transformemos el mundo
en signo y primicia de su Reino.
Creo en el Espíritu,
memoria viva y presente de Jesús,
que nos despierta, acuna y renueva.
Él nos hace ver, en nuestro caminar,
con cuánta precaución nos tenemos que
organizar,hasta qué punto nuestra inteligencia
está atrofiada,nuestra imaginación empobrecida
y nuestros esfuerzos equivocados.
Creo en el Espíritu,
dador de vida y alegría,
de inteligencia y sabiduría,
de paz y solidaridad.
Creo en la fraternidad de todos los pueblos,
y en nuestra responsabilidad para hacer de esta
tierra un valle de miseria, hambre y violencia,
o el paraíso por el que tantos han dado su vida.
Creo en los hombres y mujeres de buena
voluntad, en la fuerza histórica de los pobres,
en la Declaración Universal de los Derechos
Humanos, y en la buena noticia del Evangelio.
Creo en el don de una vida llena de sentido
para todas las personas a las que Él tanto ama,
y en el futuro nuestro y de este mundo en Dios.
AMÉN
Ulibarri Fl.
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Tiempo Ordinario 31 -A-