El
Mayor
Amor
Agosto de 1648.
El Maestro,
Calasanz, tenía ya
más de 90 años.
Sostenido entre
dos de sus hijos,
llegó hasta la
iglesia...
Quería despedirse
de sus pequeños
allí, en el lugar
más íntimo para
él... en el centro
de los trabajos
de Maestro.
Viejito, el gran padre,
no puede ya tenerse
para su última misa.
Su figura venerable,
se dobla como una
curva de bondad.
La estola sacerdotal
se balancea a su paso
torpe. Cae de rodillas
y recibe en sus labios
resecos el Cuerpo
de Jesús...
¡Última Comunión
del maestro!...
Goya.
Los muchachos doblan
sus cabezas como
flores tristes... y es que
todos los chiquillos se
dan cuenta de que es
la última vez que lo
tienen en medio de
ellos. Van a oír ya sus
últimas palabras...
”Hijitos míos...
la Virgen... queredla
mucho... como a
mamá. Por mí, sólo
os pido ahora una
Avemaría”.
- Todos habían rezado
muchas Avemarías
con él, muchas
Avemarías para todos,
pero para él, nunca.
Ahora sí, les pedía
una, una sola
Avemaría.
- Se levantó poquito a
poco. Apoyado en los
Padres avanzó hacia
los chiquillos. Les
miraba. Los miró por
última vez... Fatigado
llegó a su cuarto...
- Era ya de noche. Una noche sin estrellas,
una noche de ojos negros, de nubes
arrastradas por el viento errante...
Y era un cuarto pequeño y pobre:
una silla, una mesa, una cama...
Allí estaba él, el Maestro, acompañado tan
sólo por la débil luz y por el consuelo de uno
de sus seguidores.
Respiraba ya los últimos suspiros de una
vida larga, entregada a los pequeños.
“Ya se acaba todo... Me voy...”
“Padre,
nos deja cuando
más necesitados
estamos de
su presencia.
Nuestros niños...”
“Sí, los niños...
son las flores
de Dios...”
“Ayer todos rezaban
por usted, todos querían
entrar a darle los
buenos días, a recibir su
bendición”.
“Yo los he amado
con todas mis
fuerzas... Creo que lo
he hecho todo por
ellos, creo que...”
“Sí, Padre, usted ha
dado la vida por ellos”.
“Decid a nuestros
maestros que no
abandonen nunca
nuestro ministerio
de enseñar a los
pobres y a los
pequeños… a pesar
de todas las
adversidades y
persecuciones…
Este es mi
testamento,
la herencia que os
entrego...”
“Descanse, Padre.
Se está fatigando
con el esfuerzo que
hace para hablar”.
El más digno, el
más necesario,
el más meritorio...”
“¿Qué dice, Padre?
¿qué quiere decir?
... el más noble, el
más útil... el más
de agradecer...”
Segrelles.
“Está delirando, Padre.
Vamos, no se esfuerce
en hablar. Yo estoy aquí
para atenderle en todo
lo que necesite”.
“Sí, sí...
verdaderamente
nuestro ministerio
de la enseñanza...
Es el más necesario,
el más útil,
el más noble...
¡Hijo mío! ¡Hijo mío!
Goya.
Sonó la campana
para reunir a todos
los religiosos junto
al enfermo.
“Padre, todos sus
hijos estamos aquí,
a su lado.”
“Sí, mis hijos...
¡Qué alegría!...
Leedme...
por última vez...
las palabras...
del Maestro”.
Anónimo.1690
-En verdad os digo que,
si no os volvéis como niños,
no entraréis en el
Reino de los Cielos.
-El que se humilla como este
pequeño, ése será el mayor
en el Reino de los Cielos.
-El que acoge a un niño en
mi nombre, me acoge a Mí.
-Cuando murió
el Padre José
de Calasanz,
amanecía...
amanecía el
25 de agosto
de 1648.
-Cincuenta años
antes, en los barrios
del Transtévere
romano, recibió la
luz potente que le
derribó del caballo
de sus pretensiones
de grandeza,
el flechazo que
le convirtió en
el maestro
de los pobres y
de los pequeños.
Segrelles.
- Aquel día,chocaron
en el alma de José de
Calasanz dos realidades:
los niños sin letras y sin
piedad, y las palabras del
Maestro:
“Dejad que los niños
se acerquen a Mí...
El que recibiere a uno
de estos pequeñuelos,
a Mí me recibe”.
Y no sólo los recibió
a todos, sino que les
entregó también su vida.
Segrelles.
Goya.
Dedicado a todos los
Maestros que han
juzgado sus vidas dignas
de entregarlas a
los pequeñuelos.
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Calasanz.Mayor Amor