SALMO DE MI SERENIDAD
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La que dio luz a tantos
ojos ciegos,
cuando su noche oscura
iluminaba.
La que dio savia nueva a
los tullidos
y acarició la arena de la
playa.
La que volvió a nosotros
de la muerte,
para cambiar la angustia
en esperanza,
y a Tomás enraizó
su fe dudosa,
cuando "tocó" la palma
taladrada...
La que siento en mis
hombros cada día:
¡ el dulce peso de tu
mano "humana“ !
IIº
Cada día, Señor, ya es un regalo:
un regalo a mi vida y a mi alma.
Lo que viví fue
hermoso... Hazme
sentir
que será mucho más
lo que me aguarda.
Hay que dejar...
¿Dejar? Quiero
olvidarme
de que existe siquiera
esa palabra.
¿Dejar la vida? ¡No!
¡Encontrar la Vida!:
¡cambiar la noche
oscura por el alba!
Por el río, hacia el mar,
voy en mi barca.
No tengo remos,
ni timón, ni vela:
tan solo la corriente
es la que manda.
Nadie detiene el río,
nadie puede
parar su ritmo,
ni dormir sus aguas.
Es imposible
pretender hacerlo;
como aire entre las
manos, ¡se me escapa!
Lejana ya la fuente, cerca el mar:
cada vez más ayer, menos mañana.
Y tranquilo, sabiendo que Tú guías,
por el río -hacia el mar- voy en tu barca.
La mar brava de
ayer, casi
dormida;
la sangre roja y
joven... casi
blanca.
La furia de mis
ansias y ambiciones,
si alguna vez rugió,
¡ya está domada!
¿Estoy en paz... contigo?
No lo sé.
Conmigo, sí. Con fe y con
esperanza
de que el amor inmenso
que te tengo
encontrará el Amor con
que me amas.
Qué importa nada si, al final, la muerte
es la vida de nuevo recobrada.
Si, al cerrarse, mis ojos ven tu luz
llenándome de soles la mirada.
Y si el fin es principio,
¡qué alegría
saber que aquello empieza si esto acaba!
Vº
Cada día, Señor, Tú me renaces.
Cada hora, Señor, me la regalas...
¿Cuánta aceite,
Señor, queda en
mi alcuza?
¿Cuánto sol rojo,
cuánta luna
blanca …?
¿Cuánta arena en
la orilla de mi
playa?
¿Cuánto brillo en
mis ojos?
¿Cuánta luz?
Pregunto y... no me
importa la respuesta …
Es por hablar contigo.
Las palabras
se quedan en el aire...
Tú las oyes.
Es por hablar contigo:
¡alma con alma!
Te presiento más
cerca, más amigo;
me estremece una
dulce confianza.
Me siento
desterrado del
destierro,
mas dentro
de tu amor,
¡y eso me basta!
Cada minuto
más, ya es un
regalo...
Tú eres mi luz,
mi fin y mi
esperanza.
Y por eso,
feliz, hacia el
encuentro,
por el río
-hacia el marvoy en tu
barca …
Texto: J. M. Guervós, o. p.
Música: Marana Tha (L. Deiss)
Montaje: P. L. Pascua, o. p.
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Hacia el encuentro